Y si quiero un trío, ¿qué?

sucSomos una banda mexa con contrastes de escándalo. Por una parte hay mexican@s que se dan enter@s para otros: sus bienes, su tiempo, su casa, su compasión y empatía. Y por otra parte, mejor que nos pongan el lubricante porque existen entes que nos quieren forniciar parados y con cachete embarrado a la pared.

A estas alturas ya todos conocen el audio, el chisme, el escándalo y las reacciones en las redes sociales y lo concerniente al trío que el actor Luis Gerardo Méndez pretendía hacer con su pareja y un hombre que quizás contactaron por alguna aplicación o como haya sido. El señor histrión quería un tres, unos mezcalitos, hotelazo rico y hasta pagarle el taxi al (ahora sabemos falso) chichifo. Lo normal de fin de semana de muchísima gente en este país.

El contenido de la llamada del conecte entre Luis Gerardo y el presunto mayate, fue publicada por una revista y multi publicitada en las redes sociales. Quizás el tipo quería extorsionar al actor de antemano, porque al principio insistía y pretendía asegurarse que fuese el actor con quien estaba hablando. Aunque jamás asumió que lo era, el bato conectado sonaba raro. Quien quiere guerra y anda caliente, no se anda remoloneando y menos si va a tirarse a un famoso. Necesitaría estar que revienta de bueno, que es una vara (nunca mejor dicho) muy alta en el espectro gay.

Luego le vendió la grabación a la publicación, quizás, o se las roló, no sé realmente cómo funcione hoy en día el mundo de la extorsión.

El derecho a la privacidad de nuestra vida sexual es un derecho fundamental como cualquiera de los otros con los cuales nacemos y adquirimos. Ni siquiera alguien debe de explicar sobre su preferencia y orientación sexual, ni por la expresión de su sexualidad y mucho menos de su identidad de género.

mmm

Poseemos el derecho de ejercer nuestra sexualidad y vida sexual como mejor nos parezca de forma consensuada, responsable, no violenta, protegida por los métodos que mejor les convengan, entre la pareja o compañeros sexuales involucrad@s.

No hemos avanzado nada para convertirnos en una banda empática, solidaria, maciza y chida, si no sabemos comprender las razones de otr@ para tirarse a quien sea. Es la pata chueca de nuestra alma nacional: solidarios y generosos por un lado y depredadores y rastreros por otro. No es un sano balance en un país que necesita curarse.

Esto me enoja más aún, porque a un amigo que contactó a un tipo por la aplicación gay Grindr, le pegaron y asaltaron, ya en la alta borrachera. No se ha vuelto a ver al golpeador, pero no siempre es seguro andar levantando de estas aplicaciones, que si bien han funcionado para muches, existe inseguridad y violencia en esos entornos. ¿Qué esperábamos? Así, también, somos l@s mexicanos…

Y sólo estamos hablando de sexo que se consigue en aplicaciones en las cuales el fornicio es casual, gratuito y de compas. Ni siquiera hemos tocado el sexo servicio, en el cual son otros protocolos e incluso en ciertos sitios, no sólo se paga por el contacto sexual, sino por la seguridad y privacidad que implica la cuota que uno invierte.

Con el sexo gratis y facilito de los ligues en aplicaciones o en páginas de encuentro sexual, sin invertir más que en la cena y el hotel, nos arriesgamos a que nos toquen entidades que ni siquiera estábamos seguras pudieran existir. El eterno gato por liebre que luego sale por andar levantando en las apps. Incluso hasta a Luis Gerardo le pasó con su invitado al trío, un hombre que iba a tener sexo con hombres, pero que tiene novia. A los falsos bisexuales, que en realidad son gays, les encanta disfrazarse de bugas, es decir, de heterosexuales. Ésa es una forma muy rara de discriminación que he visto entre gays: el que hace creer a otres que le gustan las mujeres, pero siempre es el primero que se baja por las gaseosas.

Vayan con tiento: el ligue y el acostón casual es una selva súper divertida, en la cual también debe prevalecer el honor y la ética. Nos vemos en @Ivaginaria en Twitter y en Facebook.

Asca mil: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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