El sexo con cerebro es buen sexo

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Sin el cerebro simplemente no habría sexo, pero hago también referencia a la sensibilidad que debemos aplicar al acto sexual, para sacarle la sabrosura entera. El sexo es inteligencia y creatividad.

Durante el estímulo sexual humano es cuando el cerebro actúa como el director del concierto. Al empezar el faje y las caricias, los besos y la frotación de cuerpos, el cableado nervioso de nuestras genitalias y otras zonas erógenas, transmiten la sensación al tacto y luego el cerebro nos dice qué estamos sintiendo, al traducir gracias a la información que le llegó por el nervio vago, el hipogástrico y el pudendo. Estos nervios fundamentales activan a la amígdala y el hipotálamo y desatan las emociones.

Por ello en la etapa de la adolescencia, cuando apenas andamos calando el funcionamiento turbo de nuestros neurotransmisores, la adrenalina o noradrenalina propician más estados de enamoramiento. Considerando que hasta el aire produce erecciones y excitaciones en las criaturas a tierna edad, el presunto amor puede confundirse con la normal excitación sexual que experimentamos los seres humanos, en mayor o menor medida.

Entonces, ¿cómo operan los asexuales? Las personas que son indiferentes o le ponen poca atención al conecte sexual, trabajan de otra forma con sus emociones, con su vinculación afectiva y cómo impacta en ello en su actividad sexual. No hay carencia, sólo otro modo.

Existen personas asexuales que fornician cada año, por ejemplo, o algunas que sólo con su compañer@ sentimental o con nadie y sólo se masturban. O tal vez no poseen onda sexual y eso, también es parte de una persona peculiar con una sexualidad que puede elegir ejerciendo sus derechos sexuales.

Al excitarnos y estar cachondos próximos al coito o a la actividad sexual como más nos guste, la parte orbitofrontal de nuestro portentoso cerebro estará recesiva, aunque también sienta emociones. Necesitamos la mayor cantidad de sensaciones implicadas, entonces ese sitio que se relaciona con la toma de decisiones será una zona en reposo.

shel.gifMuchas buenas personas en el mundo aseguran que el amor propicia la reproductividad, ergo, las ganas de tener actividad sexual para ello. Temo decir que los neuroquímicos de la felicidad son la droga más valiosa que carga nuestro cuerpo, entonces aunque no estemos clavad@s, el ímpetu sexual se generará por el trabajo de la glándula pituitaria, que reparte neurotransmisores como díler on acid: endorfinas beta (puro “siento rico y no me duele nada”); oxcitocina (es como la gasolina de la vagina; la pone lo mismo a parir que a aferrarse a un pene); vasopresina, dopamina y serotonina van a juego. El acto sexual es alquimia corporal y, precisamente esos neuroquímicos que produce nuestro organismo, pueden variar en su ejecución y hacernos sentir diferente con cada compañer@ sexual.

Quizás antaño el sentimiento estaba más arraigado a la idea romántica, de que el amor provocaba que se sintiese más sabroso el sexo. El refuerzo de las sensaciones y la dopamina haciendo su milagro, nos llevan a creer que sentimos más estando “enamorados”, pero, un buen fornicio de esos que sacan los ojos, no necesariamente se relaciona con eso que llaman amor.

A principios de este siglo un par de científicos, Sheree Conrad y Michael Milburn, desarrollaron la teoría de la inteligencia sexual, como una de las capacidades cognitivas y conciencia del ser humano respecto a su sexualidad, actividad sexual, ser sexual y lo concerniente a su erotismo, género, vinculación afectiva y reproductividad. Una persona con una inteligencia sexual óptima desarrolla un ser sexual sano porque sabe lo que le gusta, necesita, está consciente y empátic@ del otr@. Lo que me parece obsoleto de esta teoría es que su orientación se relaciona con la idea de la pareja o de la monogamia, lo cual ni siquiera implica una estabilidad sexual.

En el momento que somos capaces de sabrosearnos al máximo con el uso de nuestros recursos y poderes, conscientes de que damos placer a otr@s, eligiendo nuestras opciones sexuales con nuestras parejas eróticas, habremos desarrollado ese potencial sexual, que creo que no logramos hasta su máxima potencia en nuestro tiempo vital.

El acto sexual como regeneratorio del cuerpo, además de producir drogas corporales muy adictivas, propicia la neurogénesis, que es la regeneración de neuronas. El fornicio, aunque no produzca chamacos, siempre produce vida.

Cerebelo:elia.martinez.rodarte@gmail.com

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