Falsarios: no existe la adicción al sexo

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En aquellos días se justificaba la cachondería de los varones de esta forma: es porque son hombres son más calientes y deseosos de un coito. Así de primario, pero también falso, porque las mujeres poseemos las mismas pulsiones sexuales que ellos, y no sabemos si mayores o menores, porque lo conducente era que no sintiéramos o no importaba.

Así pasa con los personajes que aseguran que son adictos al sexo, casi todos hombres, acusados de conductas sexuales impropias, transgresoras y violentas. No son adictos maldita la cosa. Sólo son unos chafas calenturientos que muchas veces ni se le para, pero la tentación les ronda en sus ámbitos y saben contra quien ejercer su poder. El maestro que seduce a sus alumnas, intuye cuál es la más débil o más manipulable; el doctor abusivo podría saber a qué paciente tocar inapropiadamente; los abusadores y acosadores son personas que saben a quién puede someter.

Como seres humanos operativos tod@s tenemos impulso sexual y ganas de actividad sexual, sin necesidad de una etapa de celo, y eso nos convierte en seres sexuales que controlamos nuestras ejecuciones sexuales, sea para reproducirnos o sólo para sabrosear.

Entonces, ¿por qué inventaron esa falsariedad de que los hombres son ganosos (y unos tanto) y que son adictos al sexo y no lo pueden controlar? Aunque a muchos se les va a fruncir el orto, debo decirlo: esta es una más de las construcciones machistas y heteropatriarcales que hace que se vea menos feo violar; que se escuche más compresible de que un señor manoseó a una morra porque andaba en minifalda o que se acepte la violencia de género como algo natural o normalizado. El hombre es hombre y agarra porque lo provocan, porque no se puede aguantar. Como animal que no asunta. Tal cual.

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Hasta algunos prelados católicos han tomado este pretexto diciendo que los niñ@s son quienes provocan a los sacerdotes que los violan…

Ahora que salen de todas las alcantarillas cientos de casos sobre hostigamiento, violación, acoso y violencia sexual, muchos listillos dijeron que son adictos al sexo y que, bubu, el doctor ya les va a dar una medicina.

Pero esas mismas falsas pulsiones sexuales son las que provocan que veamos a tanto hombre orate amenazando de violar a mujeres en las redes sociales, de matarlas y violarlas y visceversa, como si fuera lo más normalizado del mundo estar lidiando en internet con gente perturbada. Además piensa que gracias a un presunto poder genitálico puede justificar su ira o sus actitudes violentas.

La violación, el extremo del ejercicio del presunto impulso sexual, no es una acción casual ni que suceda de pronto, cuando se topa un tipo con la persona que quiere violar. Es una acción con propósito y un modo de operar. Que sucede en un sitio idóneo, sin presencia de otras personas y de forma que nadie se entere o pueda escapar a tiempo. Entonces, la violación no es un impulso. Es el planteamiento de una estrategia malvada para abusar de otra persona. Los agresores sexuales en casa, como familiares, vecinos y amigos, no son cachondos que se cruzaron con la víctima, sino gente que esperó el momento para realizarlo.

La adicción al sexo entonces sólo es una forma de justificar la violencia de género, con un padecimiento que suena verdaderamente patológico, y que hasta se la engruesa más al agresor: ay qué hombre, qué caliente…Cuando en realidad sólo son hombres patéticos que quizás vieron demasiada violencia en su casa o ya se cansaron de masturbarse viendo porno chafa.

Es la misma barra del: me pongo borracho y cachondo. El alcohol es el gran desinhibidor, pero es el lubricante más utilizado para las relaciones sexuales, sean consensuadas o no. Borracho siempre cuenta.

Si la adicción al sexo fuese real, es decir, una enfermedad en donde el individuo fuese adicto a las sustancias que el cuerpo genera en el acto sexual, sería distinto. Por ejemplo,  mujeres (buga y cisgénero) en testosterona (por prescripción) son como Godzila sobre Tokio, acorde a testimonios de lectores, y otras me han contado algunas otras sobre sus reacciones a las hormonas y a otras sustancias que alteran su líbido, pero junto a una serie de padecimientos complicados y no agradables o cachondos. Pero en el caso de los presuntos adictos al sexo, su única adicción, haya genitales o no, es al poder.

 

Adicta: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

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