El porno ya no me hace…

El problema es pensarlo demasiado: ¿por qué ahora me aburre tanto el porno?, ¿es educativa la pornografía o sólo es un cúmulo de lugares comúnes bastante cursis?…Creo que la pornografía ha entrado en esa fase en la cual lo metaficticio es la norma, y  así debemos asumirlo. Debe ser y sonar falso.

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Es preciso aceptar que la pornografía no completa todas nuestras expectativas y a medida que se consume más, se quiere más o se perversea más el asunto, y pierde su significado y valor.

Muchos quizás se adapten a los tiempos mutantes de la pornografía, pero creo que al menos ésta debiese cumplir con uno de los puntos obligatorios de cualquier representación: un poco de credibilidad. Ya no se preocupan por actuar, sino que la mayoría de las veces siento que hay una poca de exageración, lo cual es como replicar un lugar común. Existe una serie de normas para los magos japoneses, que representan una rama del teatro kabuki, en la cual los artistas de la magia intepretan sus trucos siguiendo un código de movimientos muy preciso que les garantiza el éxito de sus actos de prestidigitación.

Así es el porno desde hace algunos años: una serie de repeticiones de los mismos trucos, pero sin el abordaje emocionante. Lo porno es más porno, porque ya ni siquiera hay cabida para el erotismo porque hay muchos escenarios forzados como: el coito es obligatorio; el puño cerrado es un instrumento fálico que cabe normalmente por el ano vagina boca; en los tríos sexuales tod@s se la pasan chido; la escena lésbica: puede ser terrible si se caen gordas; obvias caritas de fuchi, de dolor o miedo de morras y batos del porno que no quieren estar ahí.

Lo que la cara puede mostrar en un segundo nos revela que hasta en el sexo amateur, en el cual tratan de imitar realísticamente al porno profesional, existe algo fársico. Debe serlo, porque es una ficción, pero creo que le falta galleta a la pornografía y la verdad es que desde hace rato no me resulta calenturienta ni recreativa.

He probado consumir el material pornográfico de directoras de cine. La más famosa es Erika Lust, pero creo que replica la misma treta de la pornografía normal, e incluso ni creo que se le debiese llamar porno violeta, dedicada a las mujeres. Sólo es un pornosoft sobrevalorado que su único valor es que parece pornografía vintage: recuerda mucho a ese hermoso porno setentero con una “trama” y con cierto remoloneo, tras el cual los implicados quedaban listos y lubricados para juntar sus muy peludos genitales.

Existen otras damas como Petra Joy, quizás con un formato más fino, quien recrea historias en las cuales hay humor y porno, lo cual le da un generoso sentido erótico porque la risa no se contempla dentro del la banda sonora de la pornografía: sólo los gritos de los venidones retumban. Ningún material pornográfico actual muestra esa realidad cotidiana: no todos los actos sexuales terminan en orgasmo con alarido y eyaculación con desmayo. Además que en la pornografía, por lo general, busca posicionar un acto sexual como único, irrepetible y quizás hasta algo atlético. Gracias a la pornografía también, la gente recrea su propia expresión sonora para venirse. Me divierte esa banda que se viene en inglés: demasiado porno para ell@s…

Otra directora que me gusta es la francesa Ovidie, también columnista, quien filma historias más sensoriales y eróticas. Es una filósofa del porno. Ella ha ido más allá, al estrenar un documental llamado Pornocracy, en el cual enuncia las verdades siniestras del porno en el mundo: desde el lavado de dinero a través de las productoras de filmes pornográficos, hasta el abuso hacia las personas que filman amateur y que en cierta manera son explotad@s por los distribuidores.

No olvidemos que algunas compañías de pornografía pueden ser no sólo productoras de entretenimiento para adultos, sino negocios que fomentan la trata de personas, el trabajo sexual o la esclavitud. Esto no es de todas las compañías. Pero existe.

¿Cómo será un porno bien hecho que en verdad prenda los sentidos y no sea repetitivo? Quizás no sea el porno en sí lo que necesitamos.

Ashley: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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