Brassiere y calzones para la Venus

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Foto tomada de Reporte Indigo.

Hará unos 30 mil años, las personas presuntamente humanas que habitaban en el planeta, eran adoradores de la corporeidad femenina abundosa. Nalgotas, pechos lecheriudos, piernas jamonescas y un vientre voluminoso. Las mujeres del periodo paleolítico eran señoras de mucha carne y adoradas por la generosidad de su útero: buenas para parir que salieron. La estética femenina, si eso existía de alguna forma, era determinada por los aspectos biológicos, que mira una persona cuando desea reproducirse por otra. La mirada, sí señores, es absolutamente natural, porque busca las cualidades femeninas que la determinen apta para la reproductividad, pero al ejercer esos signos biológicos vestigiales, el hombre que mira, casi viola. Para ello se gestó la civilización, para que no haya patanes.

En la recreación de una villa del paleolítico que conocí en Alemania, casi frontera con Austria, las casas, los enseres, los vestidos y herramientas, estaban dominados por la presencia de una mano femenina. Las mujeres de ese último periodo de la edad de piedra, eran unas matriarcas muy implicadas en el desarrollo de sus asentamientos: ellas se encargaban de alimentar, producir alimentos y almacenarlos: las señoras paleolíticas inventaron la alacena.

Imaginen que los alemanes reconstruyeron sobre los milenarios pilotes que emergían del agua, una villa, tal como estaba hace más de 20 mil años. Los vestigios de la cultura de aquellos hombres y mujeres, son de delicada elaboración y se sostenían y alimentaban con pragmatismo, porque sabían que se debían mover, si el terreno no les era conveniente.

Las mujeres eran principales dentro de la cultura del paleolítico, que ya tenía cultura porque vivían bajo una organización social, y también abogaban comunitariamente por una buena calidad de vida. Ergo, era un matriarcado de mujeres muy generosas y fuertes. Muchas veces hemos hablado de las venus del paleolítico en la columna, porque son un referente de la voluminosidad del cuerpo femenino relacionado con la fecundidad y reproductividad. Lo cual no es algo que yo apoye porque cualquier tipo de cuerpo femenino puede gestar una criatura si sus circunstancias fisiológicas, salud mental y corporal le favorece.

La Venus de Willendorf, una de las más emblemáticas y famosas, además, es un cuerpo representativo de una mujer de la era paleolítica, y me encanta que además de que está bien dada, le ponen una vulva de labios esponjosos como si fuera a dar beso. Esta además, es la nueva censura de la idiota administración de Facebook, quien hace de sus algoritmos caca pipí moco. ¿Qué clase de persona denuncia la fotografía de una representación en piedra de una mujer cotidiana en la era paleolítica que se realizó hace 22 mil años?, ¿qué clase de ineptos producen censura de esa índole al grado de que permite la imbecilización masiva de más personas?

Lo único que nos puede preservar alejados de cometer más insentaceses con nuestro planeta y nuestra historia, es la conciencia histórica. Y el arte producido en las primeras eras de l@s seres humanos, representa una de las más valiosas señas de nuestra identidad. Esa estatuilla de no más de 11 centímetros, es la foto de una señora que vivió hace miles de años: no una diosa, sino la mujer de cada día que en aquellos entonces, andaba recolectando frutos, criando a las criaturas, haciendo caza menor y ante todo, apoderándose de la tierra y sus dones, para darle de comer a la prole. Sembraban para comer, para producir afrodisiacos y curaciones y fue entonces, que inició el romance con maceta y parcela. Las mujeres somos la tierra y representamos a la tierra porque somos el horno creador. Así nos tocó.

La evolución de un cuerpo abundoso como el que se representa en las estatuillas de mujeres de la prehistoria, ha sido diversa, en especial por los dictados de la moda de los cuerpos para las pasarelas o el modelaje de ropa. Quizás las Venus también provienen de alguna convención cultural, la que era más paridora, la que daba más leche materna, la que paría más chamacos, aunque no creo que haya sido de una manera discriminatoria hacia otras: las comunidades paleolíticas eran más diversas e incluyentes.

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Redonda: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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