Linchen a la infiel

rubera

¿Por qué en los casos de infidelidad sólo se lincha a la mujer infiel? En internet circula una foto de una mujer que se ha acostado con varios hombres de la colonia Riberas del río (también conocida por la banda guadalupeque como Riberas del rap, Riberas del vicio, etcétera…) en el municipio de Guadalupe, que es como un fraccionamiento grandote de la ciudad de Monterrey. Las afanosas esposas de ese sector, cuyos maridos presuntamente se han acostado con la señora en cuestión, imprimieron una lona gigante que informa que la dama es una robamaridos, que se ha ayuntado a algunos castos varones (cuya calentura no es condenada: “son hombres”).

Las lonas fueron ubicadas en diversos sitios de ese sector suburbano, en donde además de exhibir a la mujer, advirtieron que si ella persistía en la seducción de estos pobre tontos, la siguiente publicación sería la de la muchacha desnuda. Lo cual quiere decir que las esposas ofendidas, pudiesen tener material en donde ella se encuentra sin ropa, que seguramente consiguieron de los accesibles teléfonos celulares de esos señores descuidados.

El dilema de la presunta “roba maridos” nos presenta varios asegunes:

Reafirma el arquetipo de “la puta”, amasia, amante, la otra y en otrora, la querida. Muchas mujeres aún viven con el estereotipo de los roles impuestos de género y de lo que debe ser una mujer decente. Entonces algunas en su plan de esposa, novia, compañera, suegra, hermana, prima, hija e incluso madre, desdeñarán con una autoridad moral de suficiencia a aquella que mancille un hogar bendecido por la vapuleada institución matrimonial. La mujer siempre será la señalada, porque es lo que dictan todos los rancios años de machismo, misoginia y total y absoluta ausencia de sororidad.

Los batos, los maridos ponedores con esta muchacha son los culpables, son los infieles, los transgresores y quienes arruinaron la idea de un hogar santo, porque quien hizo el compromiso de lealtad y fidelidad a la idea de vivir en un matrimonio monógamo, fueron ellos. La morra “roba maridos”, nomás agarró un pene peregrino que se le puso a modo porque, la verdad, todos jalan. La neta querido público, sé que es sexista y horrible, pero verífico.

Este tipo de acciones en contra de las mujeres infieles, en este caso contra la señora de Riberas del río, constituyen un acto sexista, misógino y de odio colectivo. ¿Quién se hará responsable de la imagen pública destruida de esta mujer?, ¿cuándo veremos las fotografías de los maridos seducidos por éste “pécora”?, ¿quién fue el inepto o ineptos a quienes les cacharon los mensajes, fotos o peor, en plena ejecución sexual?, ¿cuándo sabremos las identidades de las esposas ofendidas que actúan cobardemente en el anonimato?, ¿hubo un daño patrimonial en esta relación ilícita que haya mancillado a una familia?, ¿cuánto batallaron esos batos en ser perdonados por sus confiadas esposas, que seguramente creen que ya no va a suceder otra infidelidad?, ¿sería la primera vez que ellos incurren en un acto infiel? Y la pregunta más importante, si no queremos tener una epidemia de infecciones de transmisión sexual en Riberas del rap: ¿usaron condón?

Existe una verdad sobre la infidelidad, que todo mundo odia que la escriba, y por eso punza en el orto: la infidelidad no es para tod@s. La gente cuando es infiel se vuelve torpe, descuidada, a veces parece que quieren ser cachados, porque los invade (y estupidiza) la ducha hormonal que la relación ilícita genera. Y menos conviene en este tiempo en que los teléfonos encueran nuestra vida privada. Cuiden a sus tontos maridos. La verdad está en el celular.

 

Wassap paleta: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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