De madre a mamacita…

monumentomadre

Este es el monumento a la madrecita, convocado por el periódico mexicano responsable de promover el día de la madre, para contrarrestar la campaña de derecho al voto de las mujeres y  al control de la natalidad, el del espaciamiento de los hijos y principalmente también, el derecho al voto. Los antifecundativos eran considerados como una invitación a la putería.

Nunca imaginé un sobrepeso tan desmedido. Estar embarazada y la idea de ser mamá, me dispararon los estrógenos y el control de tallas. El único embarazo que llevé a término saludablemente, por una decisión personal para mí, fue el de mi hija, ahora una adolescente empoderada a quien desee en mi vida desde que me enteré que ahí estaba.

Mi criatura es producto de una idea nunca arraigada de la maternidad. Soy una matriarca. Tampoco es algo importantísimo. Sólo es algo que hay qué hacer, porque me aburre hasta el coño ese drama de darse automedallas sobre cosas que, la naturaleza realiza con una elegancia inmarcesible. Nadie premia al sol por brillar. El día de la madre está sobrevalorado, lleno de gastos y de prejuicios, amén de obligaciones mamilas que no ameritan ese desperdicio de efeméride.

¿Alguien les preguntó a las santas madres si es factible faltar al jale para ver a sus críos en disfraces carítsimos que llevarán en el festival, dedicado a la mami que trabaja para pagar ese oropel?, ¿ha servido esta celebración de la maternidad para hacer conciencia de las maternidades que ejercen niñas y adolescentes?, ¿sabían que el día de la madre en México nació para frenar un movimiento feminista que promovía la salud sexual y reproductiva? Si las feministas de este país, entre las que me incluyo, tuvieran una poca de congruencia histórica, habrían eliminado el día de la madre desde hace mucho.

En 1916 el feminismo estaba floreciendo en Yucatán con el liderazgo de mujeres de vanguardia como Elvia Carrillo Puerto y Rita Cetina, amén de la celebración del Primer Congreso Feminista que pugnaba por la discusión de temas como: el derecho a la salud sexual y reproductiva, la planeación de la natalidad, el voto, el divorcio, la mejora de las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas y a la educación. Era la vía hacia la independencia femenina; por ejemplo en 1917 se realizó una reforma al Código Civil del estado que concedía a las solteras los mismos derechos que los hombres, para que ellas abandonasen el hogar a los 21 años para hacer su vida, trabajar y estudiar, si así lo deseaban. Estos planteamientos fueron avalados por el gobernador Salvador Alvarado y posteriormente por Felipe Carrillo Puerto: pugnaron por la desinfantilización de las mujeres, siempre apegadas a la casa o a las labores domésticas, en lo que encontraban marido que la levantara.

vasco

José Vasconcelos…

La visión socialista e integradora de la activista feminista Carrillo Puerto, hizo mucho ruido, en especial porque no era “normal” que una mujer tuviera derechos, se mandara sola, y mucho menos anduviera decidiendo esa barbaridad de no querer embarazarse o peor, tomar control de su cuerpo y de la cantidad de criaturas que quería parir, derecho que ganó en 1917 con la ley de las relaciones familiares, en la cual la mujer tenía injerencia en esa decisión. Lo interesante es que Yucatán fue el primer estado que logró el voto de la mujer a nivel local, pero así como se obtuvieron derechos y obligaciones importantes, hubo mujeres que se opusieron a ejercerlos, ya que consideraban que existían diferencias sustanciales en las labores que un hombre y una mujer pueden hacer. Es decir, temían no dar la talla.

En esos feminismos desmecatados andaban las yucatecas, cuando empezó a darse a conocer el control natal promovido por los movimientos feministas. En esos años de principios de la primera y segunda decena del siglo pasado, la enfermera Margaret Sanger promovía la conciencia de la antifecundación, así como la necesidad del espaciamiento de los hij@s, y cómo eso era un derecho de las mujeres. Es necesario apuntar que Sanger (que tampoco era así cómo qué linda persona: era absolutamente racista y pensaba que el control y cuidado de la reproductividad también ayudaría: “a mejorar la raza…”), una enfermera y activista por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, era condenada por difundir estos conocimientos y prácticas, considerados obscenos, inmorales y una especie de trabajo sexual legitimizado: eran un permiso para forniciar sin recato ni concierto.

Viendo que esas aguas de inmoralidad amenazaban inundar el país, fue que el entonces secretario de educación, el abyecto José Vasconcelos, ideó el festejo del día de la madre mexicana en 1922, no sólo para premiar a la madre más prolífica, sino para enaltecer la figura de la madrecita abnegada y sacrificada. Un periódico viejo y rancio, comandado por otro viejo más rancio aún, apoyó y promovió esta iniciativa, violando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Esta promoción de: “tenga todos los hij@s que quiera”, ejecutada por décadas, se le reventó en la mera jeta al país en los setentas, cuando hubo de crear la campaña “La familia pequeña vive mejor”. Todo gracias a unos batos mamilas que intentaron gobernar nuestros cuerpos e imponer una idea engolada de la maternidad.

Ser madre es un estado de culpa permanente. Por lo que hacemos, por lo que no, y por lo que se espera que hagamos, de parte de unos batos que también han asumido esa idea de la maternidad y maternajes, torcida y edulcorada.

 

No más festival escolar: elia.martinez.rodarte@gmail.com

PS: Dejemos de chingar la madre…tierra.

Anuncios