A tu salud…sexual

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Introito: esta columna es la de hoy en Ivaginaria en los periódicos Métro y me da mucha risa pensar que todos los eventos de sexualidad, día de la salud sexual, nuestra semana de la sexualidad en curso y un evento sobre interrupción del embarazo en el que iba a asistir como moderadora, se han cancelado. Entonces es un Día de la Salud Sexual bastante peculiar.

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Querido público, hemos llegado al día que a tod@s los sexólogues en el mundo nos encanta por es cuando invitan a la banda a dar conferencias, a que hagan talleres, a que dicten cursos…Y el resto del año a montar a pelo, porque la conciencia de la salud y de la educación en la sexualidad es de cada uno de nuestros días, porque uno no se quita los órganos sexuales pélvicos externos e internos y se olvida…Es preciso darle mantenimiento a los tesoros de la nación porque desde que nos formamos como seres humanos, nuestra definición sexual orgánica nos rige.

No hay fórmulas para vivir la sexualidad para que sea perfecta, alegre, satisfactoria o feliz. A cada momento el aspecto de nuestro ser sexual cambia no sólo en lo que nos gusta en el fornicio, sino hasta en la misma concepción del cuerpo, cómo afecta la salud de otras partes del  organismo el estrés, los cambios climáticos, la alimentación y hasta las ganas. Son muchas las dimensiones de la sexualidad y hay que gozarlas todas, incluso, aunque no haya actividad sexual con otr@s personas: nuestra configuración corporal es sagrada y debemos cuidarla, primero para nosotr@s mismos.

Pero si quieren que mamá se los dé en formato sexología cosmopolitan, he aquí 11 directrices para gozar de una plena, cachonda, sabrosa, nutricia y mamalona vida, salud y educación sexual.

Primero: el cuerpo es lo único que tenemos para que el sexo se materialice y en él ejecutamos la sabrosura correspondiente, por ello es mandatorio que desde que una persona inicia su vida sexual coital o con cierto intercambio de fluidos (mamar también cuenta cuando se trata de infecciones de transmisión sexual, así como masturbar o meter la mano o dedos sin protección), sea hombre o mujer, mantenga revisión ginecológica o médica. Nadie en el mundo, temo decir que ni siquiera criaturas menores, están exentas de una infección de transmisión sexual  VIH sida.

Segundo: usen métodos de barrera siempre, sin falta. Lleven condones y no se vayan con la boca a cualquier ano o genitalia. Los demás métodos antifecundativos son opción personal, deben ser recetados y vigilados en su uso.

Tercero: respeten el cuerpo de los demás. No tocar, manosear, sobar, empujar, violar, abusar, violentar a nadie en el territorio corporal. Consenso, permiso y aceptación del no, son bases del respeto y de la civilidad en el sexo o el contacto entre seres humanos.

Cuarto: el sexo no es obligatorio.

Quinto: todas las ideas y conceptos de virginidades en el sector de la sexualidad son un mito aburrido, viejo, gastado y mamila.

Sexto: el amor no es al sexo, ni el sexo es al amor. Ni se necesitan el uno al otro para funcionar. Parecen una pareja casada desde hace mil años.

Séptimo: el coito está sobrevalorado. Alguien me dice: “claro que el coito esta sobrevalorado, lo que está subvaluado es que no te la metan”. Aunque este chiste continúe desde principios de siglo, insisto: sobrevalorado.

Octavo: la asexualidad, ya sea en lo cotidiano o en fases de la existencia, es algo que le sucede a muchas personas y no es el fin de la vida sexual, sólo es otro abordaje, que no es tan visible por la obligatoriedad que a veces el fornicio implica. Socialmente es importante coger, como si ello demostrase algo.

Noveno: Fornicarás, tendrás relaciones sexuales con una conciencia de que es para gozar y que, si te quieres reproducir, eso será una decisión personal, privada y libre. Respetarás las decisiones de cada persona respecto a sus derechos sexuales y reproductivos.

Décimo: todas las sexualidades del mundo, como personas hay, son únicas. Nos sorprenderíamos de saber las muchas coincidencias que existen en las pulsiones sexuales de personas que creemos ajenas a nuestro ser sexual, pero también la enorme distancia entre las formas en que cada quien las ejerce. Es urgente apreciar, visibilizar y defender a las tribus de la diversidad sexual.

Onceavo: masturbarse es un arte y una ciencia, que debe ir en un progreso continuo y perfeccionamiento manual. Así como es bueno que intentemos subirnos a todos los juegos del fornicio, jamás desatendamos al primer amor: yo (tú allá en tu casa).

Bonus: piensa sucio: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

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El afán de la tanga

angaLa tanga es una pieza fundamental en los artículos del erotismo en la lencería erótica. Espero al menos, que la lencería sea erótica, porque no nada más se trata de ponérsela para enseñarla a algun@s con quien convivamos en lo sexoso, sino que es una manera de hacer sentir cómodo y bello a nuestro cuerpo. Es una experiencia sensorial única la de usar piezas clave para el fornicio, pero la tanga es un fetiche recurrente. No recuerdo en ninguna época de mi vida en la que nadie la haya olvidado en la cansata básica de las sexosidades y me resulta divertido que al final de cuentas, son las prendas más fáciles de lavar y… de que se nos quede atorada entre las nalgas.

La tanga es como la comida japonesa: o la amas o la odias, y si vas a usarla tendrás que saber que la tanga lo perdona todo, menos que te compres una que sea de una talla más chica que la que usas habitualmente. Si a una se le ocurre ponerse rica y apretadita y portar una tanga de una talla menor, la prenda pasará a formar parte de las hendiduras de ese organismo, es decir, que el hilo que conecta la parte trasera con la parte de la vulva, y que pasa por el perineo, será apretado e incómodo.

La situación de “sacarse el perro” como se le llama en voz popular, es incómoda y vergonozosa con el uso de la tanga chiquita, pero es también un problema de salud que puede afectar a los órganos sexuales pélvicos externos y propiciar infecciones de hongos, irritaciones, bacterias y otros padecimientos que afecten la zona, dependiendo del material con el que esté fabricada la tanga. Los materiales benévolos y amigables con la vulva no me preocupan, pero cuando vayan a usar una de fantasía, moderen el tiempo que la van a llevar.

Una tanga de perlas o de pedrería, querida público, no es para usar todo el día ni por horas, a menos que su oficio lo demande. Y eso es un problema de salud pública también, porque una vulva que es rozada mucho tiempo con adornos de fantasía en una pieza de hilo dental, puede crear rozaduras.

Por los evidentes ejemplos de la pornografía y la brevedad de la prenda, se exige a las mujeres a que se rasuren por completo la zona de la vulva para que se vea bien la tanga.

¿Saben qué morras? Aunque ustedes trajeran la selva amazónica (bueno, cuando había selva amazónica) en el pubis, los batos amarán la tanga, porque no es la coña, sino la fantasía. Eso es lo más bizarro. Hay mujeres que me han contado que se han puesto la tanga con tremenda cabellera, que sus compañer@s sexuales ni caritas le han hecho. Cada quien haga como pueda. La verdad es que ahoy, la ausencia de pelo está sobrevalorada en la genitalia y la abundancia de pelo en la cara está fuera de proporción. Sólo consumo hombres sin barba ahora y eso mengua mis opciones.

La tanga en sí no tiene más que la gracia de la brevedad. Se le hace a un lado y el coito va como si nada, como quien hace para arriba el alambre de la cerca y se mete al rancho. Y creo que es una gracia y un enorme favor de alguien que se pone una, para que nosotros la encontremos cuando manoseamos.

Además, aunque la banda no tenga unas nalgas expansivas y fenomenales, el punto de vista de la tanga, por su pequeñez, dará una dimensión de grandeza. Eso sí, si se tiene una cola enorme, aquello parecerá un helipuerto, pero si algo sabemos es que este país es amante del culo grande, y qué bueno.

La tanga es un accesorio estratégico que ayuda a sobrellevar la calentura del planeta y a ponerse ropa sin sentir que se va a calcinar el tanafario. No sólo es parte del juego sexual con una misma, con otr@s y con la sensualidad, sino que es una prenda para la sobrevivencia del clima. Eso sí, la misma sorpresa causa encontrar una tanga bajo la falda, o que ninguna otra cosa.

 

Bajo la falda: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

Las revueltas de las mujeres

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Foto: Cristopher Rogel Blanquet

Las mujeres siempre han destruido al mundo y lo han vuelto a construir en pos de algo. En pos de algo justo en todas las ocasiones.

Temo decir, querid@ público que odia a las manifestaciones de mujeres, que esto es justicia también y hemos de reconocer un momento en el que no hay posibilidad de ir hacia atrás. Lo que se ha echado a andar no puede ser deshecho.

Es natural la resistencia al cambio por parte de quienes no entienden el sentido de toda esta furia, este enojo que emana en las marchas en todo el país, que es igual al de mujeres, – en otros tiempos, ni tan lejanos -,  que han estado iracundas por el hambre de sus comunidades, o por el abuso sistemático de una autoridad, o por la opresión de su gobierno. Esas situaciones límite, han llevado a mujeres a enojarse y cuando la bota ya está muy cerca de romper el cuello, algo pasa. He aquí y ahora.

Hemos de analizar este prninciamiento definitorio que hubo. Nos hallamos ante un punto de no retorno. Sé que mis lector@s son personas inteligentes, me consta y lo suscribo: vamos a reflexionar lo que sucedió en nuestro país en las marchas de la diamantina, desde las revueltas de las mujeres a través de la historia; hurguemos en las formas y encontremos las semejanzas, para ser congruentes y ser conscientes de la historia del presente, para ver de qué va.

Lope Félix de Vega y Carpio, mejor conocido como Lope de Vega, escribió “Fuenteovejuna”, que es una obra teatral del siglo de oro que en tres actos cuenta el empoderamiento de un pueblo, en especial de las mujeres, con la heroína Laurencia a la cabeza; ella fue violada por el comendador Fernán Gómez de Guzmán y le reprocha a su padre y a los villanos como ella, que porqué no vengaban su ataque y deshonra. “Dadnos las armas”, dice Laurencia en su cara a los batos descremados, en el monólogo de la heroína, para luego espetarles como 10 sinónimos de maricón y otros tantos de cobarde. La verdad es que es uno de esos momentos de la literatura en que se empodera la mujera, pero es demasiado siglo de oro para mí.

Para acabar con el abuso de poder, acoso sexual y mamilencia reconocida del comendador, Fernán Gómez de Guzmán, quien era un tirano violador, se unen tod@s. Un día la banda del pueblo de Fuenteovejuna junta un buen montículo de peñascos y lo risquea en su casa. Cuando intentan culpar a alguien por el asesinato del comendador, nadie peina, ni bajo tortura. De “Lo hizo Fuenteovejuna”, nadie se movió. Un grupo de mujeres orilladas y hartas por la violencia y el abuso tomó por su cuenta la justicia…

“Fuenteovejuna” está basada en un hecho sucedido en España en 1476.

Más cerca a este siglo y en otro hecho verífico, el 25 de enero de 2011 iniciaba una revolución en Egipto, después de que su “presidente” Hosni Mubarak abandonase su cargo. Quedó una junta militar que puso a un viejo rancio, Hussein Tantawi, quien prácticamente hizo que l@s egipci@s pasaran de una jaula a otra.

Las mujeres egipcias fueron las protagonistas principales de la llamada “Primavera árabe”, en protestas que llenaban las calles, llevando a sus madres, hijas, compañeras de escuela o trabajo, entre hermanas, porque además de que querían la devolución del derecho ganado de la democracia, demandaban igualdad y equidad. Erradican la imagen de la mujer árabe sumisa y sin opinión. Ellas lucharon por tener su matria.

Fueron miles de mujeres oponiéndose a la tiranía, a la violencia, a la desaparición y asesinato de sus hij@s, a las violaciones sistemáticas y abuso sexual de los militares…

En las mismas condiciones, con las mujeres al frente de los movimientos revolucionarios las yemenitas, tunecinas, marroquíes y libias se enfrentaron a sus propios sistemas opresores. Con todo y lo que significa ser mujer en esa parte del mundo.

En el siglo pasado en España, las revueltas de las faeneras y las de las pedradas, en Málaga y A Coruña, respectivamente por los veinte, fueron manifestaciones con violencia por parte de las alcaldías y comerciantes de sus pueblos, quienes mataron a varias mujeres por protestar para conseguir que se bajase el precio del pan…De ahí en fuera en muchas sitios de España se multiplicaban las manifestaciones y las mujeres muertas. Exigían accesibilidad a la comida y al carbón.

El 24 de octubre de 1975 las mujeres de Islandia paralizaron su país. No fueron a trabajar y se sordearon de toda actividad que colaborase con el funcionamiento laboral, educativo, familiar, y se tomaron el día libre. Protestó el 90 por ciento de las islandesas, por equidad e igualdad en los salarios, en la política, en los puestos de decisiones públicas. Cinco años después tuvieron a su primera mujer presidenta. Cabe mencionar que ésta es la única revuelta femenina mencionada sin muert@s.

Otras revueltas llenas de muertas y de manifestaciones, fueron las que se suscitaron con las sufragettes, las luchadoras por el voto femenino en Estados Unidos e Inglaterra, a principios del siglo pasado. Hubo toda clase de mártiras, pero lo sobresaliente es que fue un movimiento largo y consistente, mundial y por desgracia, sólo consiguieron sus demandas completas tras la primera guerra mundial, cuando la mano de obra de bato comenzó a escasear. Entonces ellas fueron a trabajar  para mantener en operación a las fábricas y así, con más jale y pagado mal, lograron el derecho al voto.

Todas las revoluciones del mundo, encabezadas por mujeres, operan igualito a cómo se manifestaron las compañeras el viernes 16 de agosto pasado, quienes marchamos exigiendo justicia ante la violación impune de cuatro policías de Azcapotzalco en perjuicio de una menor. El yugo ahorca y revienta. Esto no se puede deshacer en la memoria.

Veamos de qué se trata esencialmente este enojo: no a la violencia de género y feminicidios.

Dicen: Les salió bara: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

 

“Les vamos a cortar el pito”

renacimiento

¿En qué circunstancia creen que unas morras, ya enojadas, podrían salir a la calle enmascaradas a escribir en las paredes “les vamos a cortar el pito”?

Yo diría, querido público, que en unas de hartazgo, llenadera, asco, cansancio y hastalamadrez ante la evidente injusticia sobre la violación de la joven de Azcapotzalco, en un abuso sexual grupal ejecutado por 4 policías de esa delegación, y la continua y ascendente violencia de género en la nación.

Es inmoral y muy poco sorora la actitud de Claudia Sheibaum, titular del gobierno de la CDMX al calificar como provocaciones las manifestaciones de los grupos feministas. Es inmoral un delito perpetrado por figuras de autoridad, policías que trabajan para la CDMX cuidando y vigilando. Es inadmisible que no haya culpables ni señalados ni detenidos ni privacidad para la víctima, que ha sido acosada y amedrentada, en su casa y a sus familiares. Es absolutamente inmoral que el presidente tampoco se haya referido a este hecho que nos lesiona y ofende a todas. La liga de la aceptación de la impunidad la están tensando demasiado los responsables del gobierno.

La necesidad de una alerta de violencia de género en la CDMX es urgente, y más aún si las autoridades capitalinas van a ignorar la gravísima situación de su ciudad. Acción, no veo. Yo habito en dos ciudades del norte que están del mega asco en violencia hacia las mujeres: Monterrey, en donde hace justo unos días un viejo orate se robó a un bebé de tres meses en venganza contra su exnovia que lo dejó. Huyó con la criatura no sin antes haber asesinado a martillazos a su cuñado, dejando viuda a la madre del bebito…quien tiene 13 años de edad. Y también en Saltillo, en donde apenas hace unas semanas un tipo intentó estrangular a su esposa. La mujer de milagro sobrevivió.

¿Cómo puede una no estar furiosa ante un escenario infernal, en un país horrible para ser mujer? Sea niña, añosa, adolescente, adulta joven, mujer trans, embarazada o cualquiera que sea el estatus de una. Es necesario andar con las nalgas a la pared todo el tiempo, manoteando y peleando, – cuando una tiene los arrestos -, con viejos espantosos en la calle y hasta en el trabajo y hogar. Lo peor de todo: es preciso enseñar a las más pequeñas a cuidarse y a andar a las vivas. Mínimo, para que no acaben muertas.

Hace poco recomendaban en las redes sociales que las madres debemos de ver con qué ropa y accesorios salen nuestras hijas de la casa: ¿saben para qué? Para que, si desaparecen o las violan y matan, una pueda reconocer el cuerpo. Esto me parece un asco de vida en esta nación. No es posible vivir en un sitio en donde estemos preparad@s para en algún momento, recibir a una hija muerta o violada, admitiendo un destino de violencia y feminicidios.

Jesús Orta, el titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, razonó responsablemente al asumirse no violentado y que entiende el motivo por la cual fue llenado de diamantina rosada cuando estaba hablando. Las mujeres estamos hartas. Todas estamos ya hasta el coño. Es muy dolorosa esta impunidad y más aún, la indolencia y la pasividad en los resultados ante una y otra injusticia en este escenario de violencia de género desatada que vivimos en México.

Ninguna queremos más agresiones, queda en evidencia, sin embargo creo que es la primera vez que veo a tantas mujeres y algunos batos, justificar la destrucción de la sede policiaca y la furia de las morras: es inaudita la viralización de la violencia de género, que está derivando sin duda en una violencia que se despierta, se espabila, se enfurece y puede llegar a ser peor.

Este viernes que viene vamos a marchar, de nuevo, a manifestarnos, otra vez, en contra de la violencia de género y de las violaciones, a favor de la justicia y señalamiento de esos policías violadores. En este trabajo de luchar contra la violencia de género, esperamos a l@s policías de nuestro lado, porque sabemos que no tod@s los elementos de esta corporación son villanos, o asco de personas o gente a la que debemos de temer. Ayúdenos a volver a confiar. A confiar…

Glitter: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

La enfermedad de los escitas

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Los escitas tenían dos potencias: sus mujeres amazonas que les ayudaron y encabezaron muchas de sus batallas, que merecen un texto aparte, y la ayuda del opio y el cannabis para sus campañas militares…

En algún momento de sus muchas travesías guererras, los antiguos griegos se encontraron con un pueblo bravo y nómada, de a caballo, que eran los escitas.

Esta cultura bastante rijosa (s. 8 A.C.- s 2 D.C.) estaba posicionada en lo que ahora son los territorios euroasiáticos entre el sur de Rusia, el mar Negro, Ucrania y zonas aledañas. Eran personas muy bellas y poderosas, fuertes y buenísimos para montar. Y montando fue que se relacionan padecimientos de los órganos sexuales pélvicos externos e internos del varón con la llamada enfermedad de los escitas. Aunque también hace alusión al travestismo de hombre que toma ropas de mujer.

Uno de los padres antiguos de la ciencia médica, Hipócrates, en uno de los tomos de su Corpus Hippocraticum, compilados para nuestro regocijo y chisma (y saber…), refiere a la banda escita como poco dada al amor y al sexo, por su calidad de seres ecuestres. Se les arruinaba su capacidad sexual y las ganas menguaban. Amén de múltiples dificultades en su espalda y articulaciones que surgían por su posición al montar, actividad que realizaban por mucho tiempo durante sus existencias enteras. Era de esas cosas de la antigüedad que determinaban toda tu vida.

Las referencias de historiadores de la antigüedad como Herodoto, describen a los escitas como señores de ojos azules con cabellos rojizos como fuego (Herodoto era dado al detalle homoerótico…). Menciona asimismo la capacidad guerrera escita, a caballo, buenos con el arco y la flecha, como también se ve en los guerreros persas, quienes fueron influidos por los primeros. Centauros con buena y rápida puntería.

Pero el problema no era con ése arco, sino en el que recibía el continuo roce de la montura, que a muchos dejaba “impotentes”, como erróneamente se le dice a la incapacidad eréctil o a la ausencia de erecciones. Al que no se le para se le llama impotente, pero es un término inexacto. Porque a veces eso alude a infertilidad, aunque la falta de erecciones no necesariamente quiere decir que el señor no pueda producir criaturas con sus espermatozoides.

Los escitas andaban por largo tiempo a caballo y al regresar con sus morras al pueblo, el padecimiento de las largas cabalgatas provocaba que su competencia viril fuera escasa o nula. Después de varios intentos de penetración sin lograr una erección, el señor escita mejor se echaba y tomaba las ropas de mujer y se dedicaba a las labores propias del género femenino escita. Cuando no se les paraba ejecutaban con elegancia y temprana resignación, la vuelta charra, lo cual es un sinsentido. Pero Hipócrates se cebó en el relato e inventó la enfermedad de los escitas por ese presunto travestismo. Cabe resaltar que escitas hombres y mujeres usaban ropas similares…

Esa “enfermedad”, dice maloramente Hipócrates, no es tampoco una para la banda pobre de los escitas, quienes no tenían para un caballo. Ese padecimiento sólo afectaba a los ricos, que eran los jinetes de esa cultura de la antigüedad.

La narración sobre tribus de aquellos días por parte de Hipócrates suena divertida y hasta rara, pero el buen médico tenía razón en algunas cosas. En sus escritos menciona que los escitas estaban tanto tiempo encima del caballo que ni siquiera portaban calzones o los gastaban demasiado, lo que exponía su genitalia a tal oreamiento y enfriamiento, que vulneraba y podría inutilizar su zona viril.

Los espermatozoides pueden ser afectados por las temperaturas, sean calientes o frías, y también afectar con el impacto de montar, la zona de la próstata, sensible y fundamental no solo para la reproductividad sino para el placer y las erecciones.

Zeus era escita: elia.martinez.rodarte@gmail.com