El poder está en nuestras piernas

Las mujeres sabemos que nuestras piernas, más allá del culo, de los senos o de la genitalia, es lo que nos empodera. Son un símbolo de entrada y de salida del universo. Las piernas de las mujeres tenistas, querido público, son de otro planeta. Perfectas como la foto de un caballo perfecto. Nada de exageraciones musculocas ni de mamilencias grecolatinas: piernas súper poderosas que en cualquier posición lucirían como estudio de anatomía medieval.

Y en las piernas andaba yo, al recordar la película “Battle of the sexes” (“La batalla de los sexos”) que es la crónica de un épico partido de tenis que se realizó en 1973, entre Billy Jean King una mujer y Bobby Riggs, un señor. Ambos iban a dis

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putarse, además de un premio de 100 mil dólares, la supremacía en el tenis. Una de esas mamilas y antiguas competencias de: ¿quiénes son mejores en todo? ¿los hombres o las mujeres?

La posición de competencia de la binaridad o la lucha entre hombres y mujeres es un conflicto de poder desde que las personas existen. Quiénes son más infieles, chismosos, tontos, perezosos, mejores en la crianza han sido algunas de las justas que se han planteado entre los dos sexogéneros de la binaridad sexual heterosexual y cisgenérica.

Aquel partido de tenis de los locos setentas cuando jugaron King y Riggs fue definitorio para la historia de las mujeres en el mundo, no sólo porque la mujer tenista número uno del mundo vencía al tenista hombre multipremiado por su carrera deportiva, sino porque sucedió en una década famosa y proactiva hacia el feminismo. Que dicho sea de paso, feminismo, fue la palabra de 2017, según el diccionario Merriam Webster, me acabo de enterar.

En la película de la batalla de los sexos, Emma Thompson interpreta a la tenista Billy Jean King y aunque no posee las piernazas originales de King (la verdad es que eso a mí me importa mucho), le imprimió una gran fuerza al personaje que representó la tenista para ese deporte y para las mujeres del mundo.

Ese momento histórico de la batalla de los sexos en los setentas fue patrocinado por una serie de eventos machistas y bastante burlones sobre lo que eran las mujeres, que las querían devolver a la cocina y al mundo del servicio doméstico sin paga y mantenerlas en el mundo de sólo son bonitas y no abran la boca.

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Y a ello agréguenle que Billy Jean King apenas logró librar el escándalo, ya que en los triunfos del tenis andaba, cuando conoció a una morra que le gustó mucho, y ahí fue cuando supo que su amor por la tortita de atún, podría llevarla al horror. Hacía unos pocos años antes, el sexólogo Alfred Kinsey había sido defenestrado de la ciencia por mostrar un amplio estudio sobre las lesbianas en Estados Unidos, una población marginada y escondida. Luego se salió del clóset Billy Jean y vivió muy feliz con su esposa, tras un saludable y muy civilizado divorcio de su esposo Larry. De esas cosas que un@ no comprende cómo puede existir ese nivel de respeto.

Bobby Riggs, el tenista número uno de los años 40 en el mundo, fue un fiero oponente y de muchos arrestos, ya que con 55 años de edad le dio batalla a Billy Jean de 29, quien era una poderosa maquinilla con un brazo parte huevos, que definitivamente no pudo combatir Riggs, quien ya se veía bastante desvencijado al terminar la gesta en la que perdió.

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Ese partido, aunque no fue de caballeros, si fue honorable, pese al tonto Riggs quien se la pasó de hociconié en hociconié antes del juego, hasta que le sembraron los dichos en la cancha. Cabe mencionar que el mayor mérito de la película con Emma Thompson, fue lograr que viese matchs de tenis aunque fuese en pedacitos, porque la verdad no es de mis deportes preferidos. Pero su valor como documento de la historia del feminismo en Estados Unidos, es una de las mayores medallas que se puede adjudicar la actriz y sus realizadores Jonathan Dayton y Valerie Faris.

Nos vemos en las redes sociales y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

 

Piernas:elia.martinez.rodarte@gmail.com

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niñ@s sexualizados en combo pedófilo

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Hipersexualización infantil

La infancia es un periodo cortísimo. A nivel fisiológico permanecemos niñ@s apenas una década de nuestras vidas, y quién sabe qué pase en las azoteas mentales de esas criaturas, en especial aquell@s que no pueden seguir estudiando, que deben de trabajar desde críos o que su terneza de niñ@ es erradicada por el abuso o el sufrimiento.

La hipersexualización de l@s niños es cualquier actividad o situación en la que se atribuyan a criaturas actitudes sexuales y vestimentas adultas de acento provocativo. Hace algunos años fue escandaloso el caso de la revista Vogue en Francia, cuando publicaron las fotos de la niña de 10 años Thylane Blondeau, vestida como adulta, con poses de carga erotizadas y la verdad, parecía una criatura de burdel. Es una horrible y llana realidad. Quizás un homenaje discreto a Brooke Shields en la película “Pretty Baby”, quien encarna a una prostituta niña. La mamá de dicha actriz fue famosa por explotar la belleza de su hija, quien antes de los 12 años ya había tenido un desnudo en una película.

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Muchos factores asquerosos y atascados llevan a madres y padres a emputecer a sus hij@s en situaciones que violan los derechos humanos de las criaturas. No es normal ni ético que se obligue a los hij@s a trabajar, a realizar actividades o deportes que no les gustan o apasionan -como los típicos papás horribles que quieren que su hijo juegue futbol o la mamá que viste a su hija muy sexy-, o a ser de una manera que atente en contra de su naturaleza y propia esencia. Los niñ@s no dejan de serlo fisiológicamente, sólo su joven mente y corazón se alteran y eso, querido público, es para siempre. Yo no recuerdo qué me sucedió hace 4 minutos, pero sí todo lo que viví cuando tenía 4 años. La infancia es el estado propio menos comprendido y apreciado.

Leía sobre las nuevas estrellitas del mundo de los concursos de belleza infantiles en el mundo, y creo que esa industria, para regocijo de los pedófilos y pederastas de todos los agujeros de este planeta, va en aumento y saludable crecimiento.

Ahora las niñas menores de ocho años van con bótox e implantes a los concursos de belleza.

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Paisley Dickey

Maddy Jackson, que antes de los cinco años ya había aparecido con pechos y nalgas falsas en un evento de esos, maquillada como la cantante Dolly Parton, fue obligada a no concursar en los certámenes porque se alegaba abuso sexual y por supuesto, físico, por parte de su madre que la llevó a su primer concurso de belleza a los 13 meses de edad. En pañales, la niña apareció en un escenario con un pomposo vestido y con maquillaje. Una corte de California exigió a la mamá de Maddy no llevarla a concursar.

 

 

Paisley Dickey es una niña de 10 años que desde bebé iba a vestida sexy a los concursos. Uno de sus disfraces fue el del personaje de Julia Roberts como trabajadora sexual en Los Ángeles. Entonces tenía 3 años.

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Paisley Dickey

Estas niñas de las que hablamos son unas “ancianas” de 10 años en estos momentos, en los que nuevas bebés están llenando los escenarios de los concursos. Hace tiempo fue muy famosa la pequeña gordezuela Honey Boo Boo, una actricita y concursante de esos infames certámenes de belleza, quien tuvo su propio reality show junto con su horrible familia. El programa fue cancelado porque la madre presuntamente estaba liada con un tipo acusado de abuso sexual contra menores. La serie de principio a fin, fue un espectáculo degradante, obsceno, vulgar, patético y lastimoso. Honey Boo Boo afortunadamente ya creció y no es una nena adorable, y ya no es una famosa explotada y sus derechos humanos ya no son violados.

Los concursos de belleza de criaturas, porque también hay de niños varones, son una forma de explotación hacia la niñez y una inmoralidad: violan los derechos de los niños, que al menos en México, son prioridad de la nación y avalados por la Constitución.

Cualquier forma de exhibición de un niño o una niña en una actitud de hipersexualización, además, es una ventana más para las personas pedófilas, pederastas y por desgracia, para la trata.

 

Niñez: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

manda pack y otras atrocidades del celular…

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Paranoia celular

Este es un tema importante y cotidiano y sólo lo trato por el bien de la higiene mental de todes nosotres: la relación de pareja y el uso de teléfonos celulares. Aunque esto parece título de caso clínico, es algo con lo que nos enfrentamos a diario.

Si me dieran un pesillo por cada correo que recibo que dice: “es que revisé el celular de mi pareja y encontré…”, ahora estaría acostándome en mi cama de oro. Es escandaloso en verdad el número de personas con esta manía, la cual es común y cotidiana, porque la mayoría de la gente usa un teléfono celular, y no importa lo arruinada que esté la patria, la banda va a querer uno que tenga todos las apps para estar en el mundo virtual, por desgracia más que en el real. No soy de las personas que aman el teléfono celular, siempre lo relaciono con un montón de estupideces que he hecho sobria y en jarras, ay no.

Pero no sólo se trata de las presuntas infidelidades de la gente o el control: el teléfono celular es un accesorio que se debe de mantener fuera del territorio de la cama, porque no está chido que nadie chque sus mensajes o las redes sociales cuando va a forniciar, o mantiene el aparato cerca. El único aparato que debe estar a la mano, es el genital. Las conversaciones se interrumpen, los conciertos se alteran, las funciones de cine dan hueva, cuando un celular suena o se activa es como ese momento en que llora el bebé a medianoche. Imaginen estar en pleno venidón y el telefonito prende y prende en wassap o en cualquiera de las manifestaciones del chunche.
Una de las ventajas de mantener el celular fuera de los territorios del fornicio, es la de evitar que a alguno de los implicados se le ocurra la mala idea de tomar fotos encuerado o en el acto, y luego caigan misteriosamente en la red social. En mi taller con adolescentes, escucho los horrores de la guerra de los sexos de esas criaturelas y no pueden creer lo que mandan en el pack: muchachas menores a quienes les insertan objetos en la vagina, morros masturbándose o recibiendo felaciones: la mensajería instantánea permite que uno esté en duro y dale en el guaguis y transmitir en vivo el acontecimiento.
Quizás sea la gran mamada transmitir la mamada, pero aún creo que la vida sexual debe acotarse al ámbito de lo muy privado y personal. En particular porque en México no existe una comprensión de la vida sexual del otro, porque es pública si un@ se descuida, porque es diferente o porque es o no es. Y arruina las reputaciones de todes cuando se exhibe cualquier detalle sobre la sexualidad de quien sea. Sí es muy cachondo enviarse fotos, tomarse video en el coito, incluso, mi favorito, tomar una foto de la cara del orgasmo. Pero nada nos garantiza que las fotografías que nos tomemos en un momento de cachondería, no serán usadas en nuestra contra. Tomémosla siempre sin cara y sin marcas visibles que nos identifiquen y echen su chocho a rodar al mundo entonces…
El celular ha cambiado la postura de las personas, no sólo sobre la forma de comunicarnos y relacionarnos, hasta la postura de nuestro cuerpo. A donde quiera que miremos se encuentra una persona revisando la pantalla de su teléfono, interrumpiendo su vida en el planeta un poco, dejando de prestar atención a veces hasta el descuido. Y sólo diré una cosa: desde que apareció el celular en el universo, la visibilidad y aumento en las papadas es más notorio, la banda está bien jorobada y se les están descuajaringando los dedos pulgares. No me opongo a la tecnología ni a la comunicación, sólo a que me interrumpan el coito con una llamada, un mensaje de wassap y que de paso quieran retratarme el orto porque la cámara de ese aparto tiene más megapixeles.
Llevar el celular a la relación, enmedio de matrimonios, noviazgos y amasiatos, ambos con smartphone, crea un ambiente de tensión si no se saben manejar a las parejas y a los teléfonos. El silencio es la herramienta de comunicación que genera más concordia y armonía, entonces así pongan el teléfono cuando deban atender a sus companeros. Las alertas de mensajes de las redes sociales, los mensajes de wassap, las llamadas a deshoras y cualquier gritito que aviente nuestro smatphone significa un mensaje de alguien que no sabemos, algo que está fuera de nuestro control, y en el caso de las mentes más paranoicas, genera sospechas, inseguridades, complejos, traumas y una serie de deméritos de las relaciones.
Es necesario considerar que nos estamos adaptando al paso a la formas de comunicación y éstas se transforman mientras ésto hablamos. Pero los cambios requieren que nos adaptemos, si deseamos vivir en paz ante la idea multisocial que brinda el celular. Esto quiere decir que nos debemos de hacer a la idea que la forma de relacionarnos con las personas ha cambiado por completo, estamos disponibles a cualquier hora, somos incluso visibles o invisibles gracias a que el teléfono puede ubicarnos georáficamente, e incluso decirle a nuestros contactos a qué hora revisamos mensajes o en qué instante dejamos de usar el aparato.
Es el fin de la intimidad, a menos que le apliquemos el candado permanente a las aplicaciones, como si tuviéramos que cuidarnos el tafanario. Y encima de todo ello, cuidar que no se nos friegue el aparato, que no se pierda el cargador, que haya datos disponibles o red inalámbrica…
Estos beneficios de los teléfonos, aparentemente, le dan herramientas de control a las parejas y es el empiece de los asegunes. El nuevo cascabel romántico, se ha convertido en una de esas cuestiones que además nos dan más trabajo y nos ponen a prueba. Quien tenga el celular libre de pecado que lance el primer pedradrón. Quisiera conocer al espos@, novi@, amig@ con derechos que diga: revisa mi teléfono, no hay nada qué ocultar. No creo que exista. Así como son más sofisticados los smartphones, cada vez más listos que nosotres mismos incluso, las claves para bloquear teléfonos se han convertido en los nuevos códigos enigma, con un grado de encriptación más complicado: la paranoia no anda en burro, y mejor lo candadeamos. ¿Quién de ustedes no activa su celular con una contrasena?
Esta paranoia sobre el celular, es sólo en nivel básico. No estamos hablando de aquellas personas en cuyos teléfonos guardan su vida y pecados. Es una actividad de alto riesgo e incluso insegura, cargar datos demasiado personales e íntimos en estos aparatos, porque como objetos volátiles que son, se extravían. Son muy comunes los casos de teléfonos robados cuyas fotos luego circulan, o contenidos que se comparten que son ventilados sólo para perjudicar o extorsionar e incluso en casos más horribles, han sido clave para detectar a pedófilos…
Este sólo es un breve apunte, para que reflexionemos, porque cada persona deberá ajustar su forma de vida y comunicación hacia una convivencia tranquila. el celular sólo podría ser bienvenido al fornicio para descargar aplicaciones sobre sexualidad, posiciones, para guiar a las felaciones o cunnilingus en tutoriales, o para usar el app de vibrador.
Fuera de la utilidad de favorecer el sexo, la presencia del celular entre dos personas, sea que vayan a forniciar o simplemente a conversar, es un distractor, y en casi en cualquier caso, una forma muy terrible de descortesía. Sólo piensen en aquell@s que revisan su celular o que están al pendiente de él incluso a la hora de la comida o cuando van al sanitario: ya es demasiado.
Nos vemos en las redes sociales en Facebook en donde hablaremos del mes de la masturbación en el chat, y en @Ivaginaria en Twitter y en www.ivaginaria.wordpress.com

Pornostalgia…

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La puñeta del ayer…

¿Cuánto ha cambiado la forma de masturbarse en comparación a hace 10, 20 ó 30 años? Y la manera en cómo ejecuta la gente su actividad sexual?

Uno de mis mejores amigos siempre me pone a reflexionar sobre las formas en las que nos hemos liado una y otra vez en toda clase de maromas pornográficas…No él y yo, sino toda la gente en el mundo que consume sexo virtual, pornografía, conversaciones calientes, y toda clase de mercantilismo sexoservidoresco…

Para empezar…¿a dónde quedaron las hot lines? La última vez que recuerdo que alguien me contó que se la puñeteó hasta desmayar en un teléfono hablando con una rubia sádica vestida con algo púrpura, fue cuando el dólar estaba a menos de 13 pesos.

Es decir, muchas centurias de horas de internet han pasado, para olvidar casi por completo al sexo telefónico, que ahora ha sido sustituido por el wassap, los chats, cualquier medio de mensajería para marranear casi en vivo, porque si nos ponemos en plan porno, seguramente transmitiremos algunas de nuestras guarradas postmilenials en vivo, con todo y aroma del calzón al aire…

Nunca mejor dicho.

La pornografía de las revistas como Hustler y Playboy, íconos fundacionales del softporno pos-moderno, resultan ser ahora montones de papel que a nadie le importan con señoras que no cachondean a nadie, ni siquiera cuando se abren como su fueran a parir a un canguro del tafanario.

Todo cae irremediablemente pero, aquellos días primitivos en los cuales las personan intentaban quemar sus revistas porno para que los mequecillos de sus primos o sobrinos o hijos no viesen a las encueradas, han sido enterrados y se ven igual que un pictograma egipcio de un faraón jalándosela.

No crean que este es uno de eso discursos mamilas de comparar los tiempos y épocas con el fin de determinar cuál fue mejor. Práctica aburrida de gente que nada más piensa en cuánto le va a crecer si dice esa mamilencia. Cada quien vive lo suyo, y si a nosotr@s adolescentes nos tocó explorar en el terreno aburrido de la pornografía mal hecha, así cogeremos probablemente. Eso sí, hay muchas generaciones, tribus y culturas que han asimilado lo mejor del porno, de lo cachondo y provocador.

Conozco a muchas personas que para jalársela, de adolescentuelos, nada más les bastaban menos de diez páginas del Libro Vaquero. Ahora la gran visibilidad del porno, en los adminículos portátiles y en cualquiera que ande en línea, trae a la pantalla a cada que se le ocurra, la calentura querer ver una genitalia pulsante: entonces eso será.

Nos preguntábamos: ¿habrá cambiado la forma de coger de las personas? ¿Su pornografía no les da suficiente técnica o motivación para hacer un pompeo de quebrar cadera? Hemos adormecido nuestros sentidos, como si nos empeñásemos en transformarlos en otros zombies: las hotlines apelaban al oído, a la imaginación y a la imaginaria sobada de culo que el que escuchaba, le iba a proporcionar a la sinuosa mujer al otro lado de la línea. Que más bien era una monumental dama que tejía mientras sodomizaba a un señor con su conversación al teléfono. Las revistas de señoras encueradas se han convertido en uno de esas publicaciones que alguna tribu humana convertirá en objeto de culto, lo cual celebro. Los nostálgicos, como en una conferencia de motoristas que me tocó escuchar hace poco, dirán: es que antes eran más cachondas, gua gua bla bla, y todas esas insensateces que dicen los hombres cuando no se les para. El porno se encuentran a la vuelta del click de cualquier computadora en el mundo…

No existe nada mejor o peor en el porno,  ni para los tiempos de cualquier puñeta, porque sin pornografias, morbo, cachondería, sexosidad, estrés, hacerse una masturbación nutritiva nunca pasará de moda. Es parte de la sexualidad humana y del reconocimiento del cuerpo.

Quiero agradecer con todo mi corazón a tod@s los (¡cientos y cientos!) adolescentes que me recibieron en sus secundarias en los municipios de Juárez, Guadalupe, Apodaca y Santa Catarina esta semana. Mi ciclo de talleres de derechos sexuales y reproductivos termina hoy. Estar cerca de ustedes me convirtió en un mejor ser humano.

 

No se la arranquen: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Sin bragash

El viejo truco (Vol. 69)

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Uno de los más gastados y viejos trucos de las señoras heterosexuales, transgénero, travestis y quien se atreva a llevar una falda, es ponerse el vestidito matón y debajo van a pelo: sin calzones.

La libertad del aire en pleno chocho nada más para provocar al pobre incaut@.

La beneficiaria de este frescor bajo la falda en tiempos calientes como se viven en el verano mexicano, más aún en el desierto norteño, orea la melena de abajo, porque arde.

Es tan importante no usar calzones a veces porque es un mensaje directo para la persona de nuestros intereses, de que debe de desenfundar de inmediato y proceder.

Creo que llegar sin calzones representa una de esas obviedades de un mensaje, en el ejercicio de la actividad sexual, cosa que no te enseña la tonta pornografía, que más bien está poblada de señoras operadas con calzones bien sexosos según ellas…Si una se concentra en hacerle saber al amasi@ que no trae calzones es que sí quiere coger.

La piel desnuda es la mejor lencería, y la verdad querida pública, si no poseen unos calzones y brassieres matones, y más bien están balaceados los que están en uso, mejor a pelo morras. La ropa no siempre cumple la función de seducir.

Igualmente los caballeros. Evítennos ese momento horrible de ver sus ropas interiores en girones, guácala. Preferible bajar un pantalón y que nos salte un pene a la cara bien duro, que bajar el pantalón y ver un calzón roto o con el resorte lleno de holanes. Horror.

La ausencia de calzones debe ser un acto inesperado: una llega y se franelea, y espera a que el depositario de la sorpresa llegue por sí mismo con su manita santa hacia la frontera que divide la nalga derecha de la izquerda.

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Y por la reacción hacia semejante hallazgo vale la pena todo ese momento raro que una pasa caminando con el coño al aire.

La que se quiera poner guapa y atrevida, no puede salir sin preparación hacia su pareja o amasio sin ciertas advertencias, si es que quiere prescindir de las brag-ash.

La depilación total de la zona de la vulva no va con la ausencia de calzones, porque la tela de los mismos evita el roce de la piel, en especial cuando está recién despelucada.

Puede irritarse un poco, y en vez de llegar con toda la genitalia suave y esponjosa, se verá enrojecida y quizás inoperante.

Las personas que quieren prescindir de las bragas, deben hacerlo cuando lleven falda o vestido, y ya van por su cuenta respecto al largo y cuánto van a dejar que se aparezca la genitalia. Cruzar y descruzar las piernas, así como subir y bajar de un coche, o escaleras, son cuestiones a considerar.

No es recomendable prescindir de los calzones cuando se usarán pantalones porque pueden irritar la zona vulvar, en especial los de mezclilla, que a veces se entierran en medio del coño. Lo irritan e incomodan.

Levantarse la falda y sólo sentarse para un coito, es una de esas prácticas sexuales que se pierde en los anales del tiempo, si consideramos que la ropa interior no era como una posesión de todas las clases sociales. Las calzoneras y protecciones para la pudenda se fueron desarrollando en la medida que las piernas, nalgas y coños de las mujeres iban acotumbrándose a otras ropas.

Andar sin calzones en los días de la regla, es impensable, a menos que quieran dejar un rastro apestoso para que alguien las encuentre.

La práctica del descalzonamiento es también un acto sexual en sí, si avisamos de antemano que andaremos oreado la genitalia bajo nuestras faldas. Nadie se resiste a ese anuncio. Es un juego de fantasía que tod@s disfrutamos.

Y lo mejor de este arreglo bajo las faldas es el acceso fácil al placer que nosotros esperamos obtener tras andar a pelo.

Ya sin calzones y si eres demasiado coital o te encanta la digitación o lengueteo de tu coña, el aireamiento te será placentero y una práctica de las preferidad para erotizarse y jugar al dedeo.

Nos vemos en las redes sociales en @Ivaginaria en Twitter y en Facebook. Y en www.ivaginaria.wordpress.com

 

¿Funcionará el pito de Mancera?: elia.martinez.rodarte@gmail.com