adiós a la flacidez (o eso creían…)

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Viagra en veinte

Dado el enorme, y a veces cursi, apego que muchos hombres sienten por su pene, su funcionamiento y cómo ello les define o dismimuye la hombría, Viagra ha sido fundamental en estos últimos 20 años. Ahora no discutiremos el papel del falo como falso factor para determinar a un hombre, sino la enorme tragedia que significa para muchos que no se les pare y de cómo un fármaco les resolvió la vida. Viagra significó la liberación de la erección.

Aún recuerdo con horror un fármaco que se aplicaba con una jeringuilla al tallo del pene, en los cuerpos cavernosos del mismo, que permitían la vasodilatación y la circulación de la sangre para que hubiese una erección. Era a principios de los noventa. Yo hacía boletines de prensa sobre esa cosa infernal y los hombres con los que hablé, sobre su experiencia con dicha inyección, me parecieron unos muertos vivientes: su expresión era alegre porque podían enfrentarse las obligaciones propias de su sexo (sus lastres y atavismos, claro): le cumplían a la mujer o a su mayate. El caso es que cumplían con el sagrado rito del falo erecto y podían experimentar coitos decentes. En algunos casos la calidad de la erección no era óptima, pero podía sostener el condón, que era una prueba básica y obvia.

No entendía, hasta ese entonces, sobre la importancia de una erección para un hombre, porque obvio, no me relacionaba con personas que tuvieran problemas con erecciones: ni siquiera los más atascados, que eran viciosos y pudiesen presentar disfunciones erectiles. Así eran las circunstancias entonces. En 1998 escribí una pieza editorial que hablaba de la liberación de los hombres y su capacidad eréctil, incluso una reafirmación del ser machín que habían abandonado, cuando se hacían a la idea de que nunca volverían a meter su falo en un orificio caliente.

Ese mismo año, conocí a un hombre que fumaba muchísimo y tenía más de 50 y me llevaba un mar de años…Un día tras encender un cigarro con otro, me mostró la píldora azul de Viagra, que le había dado su elegante urólogo de Cambridge. Me dijo triunfante: “esto nos va a solucionar algún momento incómodo…” Siguió fumando y jamás hubo un momento incómodo, lo cual me sorprendió porque los hombres fumadores son las primeras víctimas de la disfunción erectil, incluso a edades muy tempranas.

De entonces a la fecha el desarrollo de fármacos que propician la erección se volvió en el negocio de la virilidad. Viagra en su primer año de ventas recaudó más de mil millones de dólares. La presencia de la píldora azul fue controvertida desde que se anunció, no sólo dándose a desear en varios mercados, sino propiciando una demanda feroz: se necesitara o no el fármaco, ya que pronto se convirtió en un acompañante habitual del mundo de las orgías. Con todas las contraindicaciones que esto implica, se sigue utilizando imprudentemente con drogas que no debe mezclarse.

Sin embargo la mayor aportación de Viagra y sus similares en el mercado, es la visibilidad que le dio a un enorme problema como lo es la disfunción eréctil, que incrementa su número de pacientes cada año. La mala calidad de vida en general afecta mucho a los hombres: a partir de los 45 años, muchos batallarán con sus erecciones o la idea de las mismas.

Años después de haber visto aquella primera píldora azul que nunca usamos en aquel 1998, alguien que por su horrible vicio que no nombraré, no tenía erecciones de ninguna índole, aceptó probar el fármaco. Santo remedio. Era un hombre joven y aprovechó la ayuda del vasodilatador, sin perder los talentos bien desarrollados en su capacidad para mamar. Que dicho sea de paso, es lo primero que deben ejercitar los hombres cuando sientan que la fuerza mengua: la lengua. No debe ser sólo un talento de mujeres o señores maduros.

¿Cómo debe tomarse la Viagra? No con el estómago vacío, nunca con alcohol y estando muy cachondísimo, porque habrá que esperar a que haga efecto. El vasodilatador aporta las condiciones para que la sangre se reuna en el pene, pero el impulso sexual y la ganosidad, no es asunto de la pastilla.

Nos vemos en las redes sociales y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

Que está carítsima: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

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Crónica de una menstruación anunciada

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¿Quieres empatizar para siempre con una morra? Conoce bien su regla. La menstruación es un momento de todas las mujeres sin excepción. Más allá de la maternidad, la gestación y los maternajes, la regla es uno de esos estadios femeninos por el que forzosamente va a pasar cualquiera, así como el climaterio y menopausia, periodos de reposo de la emisión ovárica: basta de enviar óvulos al espacio y ahora sí, a gozar del parque de diversiones. La menopausia es signo de la evolución del aparato reproductor femenino.

Con tantos años manipulando esta sopa de tomate emanada de mi cuerpo, sé de antemano que ya viene, con el cariño de quien observa la llegada de un tornado, que en su espiral levanta vacas y tráileres. Tres días antes del suceso sangriento, estoy como los primeros quince minutos de un video de reproducción animal de National Geographic. Esparciendo los mensajes ineludibles sobre querer apareamiento. No me unto en los árboles, ni voy dejando orines atrayentes, ni tampoco exijo una lucha de machos: a menos que alguna de esas cosas sea necesaria.

En realidad ni siquiera es una ansiedad calenturienta, sino más bien un estado de furia caníbal en el que no me siento respetuosa de nada. Es como si el óvulo pidiera un amigo, para poder permanecer en la tibia casa que le otorga mi hermoso útero, que obedece estrictas órdenes de no volver a meter una criatura en esos lares.

Yo tengo una regla de manual, que dura sus días debidos, sin cólicos ni dolores, y con un sano desprendimiento endometrial. Nunca he sido ni seré de las adoratrices de la menstruación, pero sí reconozco en este proceso a la sabiduría de la tierra: como si necesitase que devolviésemos nuestra sangre. Pero quizás el tonto prejuicio, las malas compañías masculinas y femeninas, y un excesivo pudor saltillense, me han provocado evitar la actividad sexual en los días más intensos, porque no me gusta que aquello quede como si pusieron un pedazo de hígado en el ventilador de techo. Y si eso no fuera bastante mamila, tampoco me gusta mucho el beso vampiro, quizás en la regadera, pero sólo un habitante de Neza y un coahuilense intrépido lo lograron en situaciones en las que yo jamás aceptaría. Fueron grandes cunnilingus y nunca olvidaré sus caritas de zombies y su boca sangrante.

Si nosotras pudiésemos alcanzar a comprender la dimensión de este proceso de nuestros cuerpos, hacerlo más cómodo y llevadero, así como conocerlo y controlarlo para la reproductividad, la mitad de nuestros problemas sexuales se acabarían.

La regla, querido público, sólo le acontece a la mitad de la población del mundo y la otra mitad mira horrorizado cuando le sale sangre de la vagina a una mujer. Cuando se comprenda la transformación corporal, gasto energético, estrés psicológico, físico y emocional, que produce la menstruación cada 28 días, entonces, las efemérides sobre la mujer, de la vulva, de la mujer empoderada, de la niña y de la adolescente, serán verdaderos y significativos.

Dos días antes del hecho sangriento, viene mi etapa más horrorosa: vivo con una cara permanente de bisquet, porque lloro siempre. En las películas que veo; cuando miro a mi hija ser tan lista y poderosa, y pienso: neta no sé a quién salió; al saber que pronto tendré frutos de mis plantas que podré comer; ante cualquier manifestación de la naturaleza que me parezca inmerecida para nuestra especie hedionda.

Como mi hermoso óvulo se está preparando para salir en la sangre, todo es tristeza alrededor: las hormonas se resignan a la evacuación, progesterona y estrógeno enfocan hacia otras tareas sus esfuerzos: no habrá embarazo ni se va a utilizar la sala de gestación que se activa en el ciclo sexual femenino.

Entonces aparece la ola sangrienta saludable que no se detiene ante nada, y que provoca un gasto de energía, de dinero, de tiempo y sin duda, implica una planeación estratégica sobre qué días voy a forniciar, cuándo no ponerme el pantalón blanco apretado y a dónde van a ir a dormir las tangas. Buscar la copa menstrual, lavarla, llevarla en su bolsita…La regla es un trabajo. Ahora imaginen en países en donde escasean los productos de higiene…

Sangre al universo: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

Brassiere y calzones para la Venus

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Foto tomada de Reporte Indigo.

Hará unos 30 mil años, las personas presuntamente humanas que habitaban en el planeta, eran adoradores de la corporeidad femenina abundosa. Nalgotas, pechos lecheriudos, piernas jamonescas y un vientre voluminoso. Las mujeres del periodo paleolítico eran señoras de mucha carne y adoradas por la generosidad de su útero: buenas para parir que salieron. La estética femenina, si eso existía de alguna forma, era determinada por los aspectos biológicos, que mira una persona cuando desea reproducirse por otra. La mirada, sí señores, es absolutamente natural, porque busca las cualidades femeninas que la determinen apta para la reproductividad, pero al ejercer esos signos biológicos vestigiales, el hombre que mira, casi viola. Para ello se gestó la civilización, para que no haya patanes.

En la recreación de una villa del paleolítico que conocí en Alemania, casi frontera con Austria, las casas, los enseres, los vestidos y herramientas, estaban dominados por la presencia de una mano femenina. Las mujeres de ese último periodo de la edad de piedra, eran unas matriarcas muy implicadas en el desarrollo de sus asentamientos: ellas se encargaban de alimentar, producir alimentos y almacenarlos: las señoras paleolíticas inventaron la alacena.

Imaginen que los alemanes reconstruyeron sobre los milenarios pilotes que emergían del agua, una villa, tal como estaba hace más de 20 mil años. Los vestigios de la cultura de aquellos hombres y mujeres, son de delicada elaboración y se sostenían y alimentaban con pragmatismo, porque sabían que se debían mover, si el terreno no les era conveniente.

Las mujeres eran principales dentro de la cultura del paleolítico, que ya tenía cultura porque vivían bajo una organización social, y también abogaban comunitariamente por una buena calidad de vida. Ergo, era un matriarcado de mujeres muy generosas y fuertes. Muchas veces hemos hablado de las venus del paleolítico en la columna, porque son un referente de la voluminosidad del cuerpo femenino relacionado con la fecundidad y reproductividad. Lo cual no es algo que yo apoye porque cualquier tipo de cuerpo femenino puede gestar una criatura si sus circunstancias fisiológicas, salud mental y corporal le favorece.

La Venus de Willendorf, una de las más emblemáticas y famosas, además, es un cuerpo representativo de una mujer de la era paleolítica, y me encanta que además de que está bien dada, le ponen una vulva de labios esponjosos como si fuera a dar beso. Esta además, es la nueva censura de la idiota administración de Facebook, quien hace de sus algoritmos caca pipí moco. ¿Qué clase de persona denuncia la fotografía de una representación en piedra de una mujer cotidiana en la era paleolítica que se realizó hace 22 mil años?, ¿qué clase de ineptos producen censura de esa índole al grado de que permite la imbecilización masiva de más personas?

Lo único que nos puede preservar alejados de cometer más insentaceses con nuestro planeta y nuestra historia, es la conciencia histórica. Y el arte producido en las primeras eras de l@s seres humanos, representa una de las más valiosas señas de nuestra identidad. Esa estatuilla de no más de 11 centímetros, es la foto de una señora que vivió hace miles de años: no una diosa, sino la mujer de cada día que en aquellos entonces, andaba recolectando frutos, criando a las criaturas, haciendo caza menor y ante todo, apoderándose de la tierra y sus dones, para darle de comer a la prole. Sembraban para comer, para producir afrodisiacos y curaciones y fue entonces, que inició el romance con maceta y parcela. Las mujeres somos la tierra y representamos a la tierra porque somos el horno creador. Así nos tocó.

La evolución de un cuerpo abundoso como el que se representa en las estatuillas de mujeres de la prehistoria, ha sido diversa, en especial por los dictados de la moda de los cuerpos para las pasarelas o el modelaje de ropa. Quizás las Venus también provienen de alguna convención cultural, la que era más paridora, la que daba más leche materna, la que paría más chamacos, aunque no creo que haya sido de una manera discriminatoria hacia otras: las comunidades paleolíticas eran más diversas e incluyentes.

Nos vemos en las redes sociales en @Ivaginaria en Twitter, Tumblr, Instagram y en http://www.ivaginaria.wordpress.com

Redonda: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Tercer mes de #IvaginariaAlAire. Marzo es sólo de mujeres

Nos fue excelente en febrero, sin duda un mes de aprendizaje y de acomodo al protocolo de radio, para el cual siempre un@ debe de agarrar un ritmo y una voz.

En el orden que aparecen en las fotos estoy con Angelo Sturiale, del programa de música y erotismo, luego con Manuel Múzquiz cuando hablamos de sexo animal en el capítulo mamíferos, y estoy en la siguiente con Cordelia Rizzo, de cuando hablamos de derechos humanos y derechos sexuales y en la última foto, Ángel Sendic Tovalín quien nos habló de higiene y corporeidad.

Esta semana comenzamos marzo.

#IvaginariaAlAire se transmite en Radio UANL Canal 53 en 89.7 FM en Monterrey y en la aplicación de internet.

Estamos al aire todos los viernes a las 1100 de la mañana.

El 2 de marzo:

Mujeres policías con Sandra Cardona.

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El 9 de marzo:

La mujer detrás de las historias de las mujeres en el poder: entrevista con Sanjuana Martínez.

El 16 de marzo:

Mujeres trans: con Zoe Zahory Duarte.

El 23 de marzo:

Mujeres malas del cine con Andrés Bermea.

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El 30 de marzo:

Sor Juana: nuestra mujer del renacimiento, entrevista con Alma Elisa Reyes.

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“La forma del agua”: poema de romance y zoofilia y su versión original “plagiada”, también…

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La forma del agua: ¿zoofilia?

El amor entre una mujer y criaturas mitológicas, animales, monstruos y similares, es uno de los lugares comúnes del “romance” y la ficción, quizás de los más controversiales. Zeus en forma de toro o de cisne levantaba morras contra su voluntad y les hacía chamac@s. La Bestia anduvo e hizo la avería a Bella. Shrek intentó sabrosearse a la princesa cuando todavía no era ogra. “La mujer y el monstruo” (“Creature from the black lagoon, 1954”) un clásico del cine de horror fue una de las cintas que se supone inspiraron a Guillermo del Toro para recrear esa relación humana-animal en “La forma del agua”, una historia de amor muy sui generis, pero no originalísima y sí arquetípica.

“La forma del agua” de Guillermo del Toro, su opus magna nominada al Oscar recrea este antiguo romance de las mujeres y los monstruos. Es una versión romántica del género de “Chabelo y Pepito contra los monstruos”, que ha recibido todos los laureles y muy merecidos. Sally, una mujer que se dedica a la limpieza y Doug, el humaoide anfibio, entablan una relación emocional y afectiva, transgrediendo las barreras de la semántica y sin duda entablan un nexo zoofílico. El acuático se encuentra preso en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. Aunque exista una evidente parafilia, con sesgos de sensualidad e intimidad, los personajes de esta versión de Del Toro, encarnan un ballet con una carga erótica cuasitimburtoniana. Oscura. Estoy cierta que cada fotograma de esa película es una nota precisa. Es preciosista.

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Guillermo del Toro ganará ese Óscar. Si la sombra de la acusación de plagio que pesa sobre la historia de “La forma del agua” no oscurece la nominación. Cuando presentó “La invención de Cronos” en los locos noventa, conocimos a un director congruente y ya con una muy pulida ars poética en sus películas. Creo que es un artista honesto. Pero ante la morbosidad generada por la demanda de los descendientes del dramaturgo Paul Zindel, quienes se adjudican la versión original que obvio no es atruibuida por Del Toro en su cinta, la tuve qué ver.

En el año que más os gusta, 1969, se estrenó “Let me hear you whisper” (“Déjame escucharte murmurar”) de Zindel, un cinedrama muy peculiar en el cual una empleada de limpieza en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría se encariña con un delfín al cual tenían preso para someterlo a experimentos linguísticos. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. 

Temo decir que si hubiese un zoofiliómetro, aunque se dan un tiro, “Let me hear you whisper” gana de calle con ese bizarra filia de la señora de la limpieza con el delfín, aunque no se dan cariño como en “La forma del agua”. Hay una escena en donde la mujer es sorprendida abrazando al delfín , cobijados innecesariamente por una cortina de laboratorio: estaba tratando de sacar al acuático mamífero, quien le expresó su voluntad de huir a casa, al mar. Contrariamente a “La forma del agua”, en la cual el abordaje es como un bordado de Mary Shelley (la autora de Frankenstein), “Let me hear you whisper” es un poco más elemental y minimalista, con su hermosa estética sesentaynuevera, bella cual ninguna.

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escena de Let me hear you whisper…el delfín no tiene desperdicio, es sumamente gracioso. Es muy senshible…(hasta en marioneta…)

El problema de estas dos historias, querido público, es que según la demanda de los herederos del dramaturgo Zindel hay 69 similitudes entrambas obras. Y no hay que ser un súperdotado para ver dicha verdad. Desde el principio de la película. Del Toro niega cualquier plagio, se defiende con la congruencia de la conciencia tranquila (esperemos no ignorancia o indolencia). Estas dos historias de amor interespecies, con suaves aromas zoofílicos poco corrosivos, son hermosas y nos demuestran cómo el género más humanista de las letras, el de la ciencia ficción,  nos abre la entraña humana y nos obliga a mirar dentro de ella.

Me pregunto si entre las similitudes de la denuncia de plagio se menciona que tanto hombre anfibio de “La forma del agua” y el delfín de “Let me hear you whisper”, la presunta historia original, poseen respetables falos. Eso dicen…

Amé al delfín animatrónic 69: elia.martinez.rodarte@gmail.com