Zague sacándosela…

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¿Cuántas veces no les he dicho que cuando manden sus nudes no salga su carota? El asunto Zague nos recuerda una vez más que el derecho a la privacidad sexual está siendo violado todo el tiempo porque no sabemos controlar la tecnología que tenemos a nuestro favor para enseñar los genitales.

La fe ciega que la gente deposita en otras personas cuando le envía fotos o videos de desnudos me sigue pareciendo una necia ingenuidad, pero a la vez, de una esperanza idiótica: creemos que quien recibe nuestras imágenes va a darles estatus de tesoro inviolado y que sólo utilizará las fotos de nuestro culito para masturbarse vigorosamente. El problema es que esa jalada se hace viral.

Tenemos ante nosotros una situación con una solución obvia y no la ejecutamos porque al final de cuentas, creemos en las personas, y confiamos. ¿Ustedes creen, batos, que sus morras no andan enseñando la foto de su pene a sus amigas? Esa es una de mis reglas inamovibles: nada de andar oreando el falo de mi marido o mis novios o mis lo que sean en ese momento, porque de ver dan ganas. Si no enseñándolos, el lagartonerío como quiera desea lo que un@ tiene, ahora imaginen. Esta es una idea misógina horrible verífica.

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El asunto Zague es muy serio porque él, que es una figura pública, sufre las consecuencias de ser ventilado por ese video, que “inocentemente” le mandó a alguien para demostrarle la venosidad de sus ganas. En un video, que presuntamente fue falso o que lo hackearon y así lo quiso manejar el exjugador, muestra una enjundia sexual por una persona que no es su esposa y señala una nutrida erección.

Con el tiempo será normal para tod@s nosotr@s ver la pinga de quien sea, porque además de que la intimidad y privacidad sexual poseen límites borrosos, creo que el exhibicionismo y el voyeurismo se han expandido en las mentes de las personas, y es un recurso de seducción, de intercambio de favores, de presión, de chantaje, de masturbaciones, de comercio sexual, de ligue y de un nuevo ser que también queremos ser. La gente busca aceptación al mandar un desnudo a través de imágenes del celular.

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L@s morr@s adolescentes están sufriendo la pesadilla de estar siendo ventilados en su privacidad e intimidad, en un entorno casi incontrolable. Es importante enfatizar que quienes mandan fotografías de menores a través del teléfono, están incurriendo en una falta grave, y en ciertos países se castiga como distribución de pornografía infantil, incluso aunque los mismos protagonistas de las fotos las envíen. No nos debe sorprender lo que una criatura de 10 años puede ver en internet o en sus teléfonos celulares, sino lo que debemos hacer para hacerles comprender la información. Esto es, hablar del respeto al cuerpo y el derecho a la intimidad y a la privacidad. A ellos podemos salvarles aún de hacer el ridículo en las redes sociales.

Lo sorprendente de Zague y su falo al aire grabados para demostrarle a una persona que no es su esposa, lo dura que la tenía, es el estigma y el enorme amor que los hombres le demuestran a un pene. Sí andan por ahí morras goloseándose con el video, pero temo, querido público, que quienes más han felicitado a Zague por sus órganos sexuales pélvicos externos, son batos.

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Ha llegado, –de nuevo- a tal grado de homoetorización nuestro futbol, que algun@s criaturas pretenden cantar “La traigo como Zague…”, como si fueran a meter gol con la reata erecta. El falocentrismo no me parece mala idea y de las dos cosas que me encantan en el universo, el pene es mi amor número uno, sobre cualquier otro órgano viviente. Pero quizás es tiempo de dejar de sobrevalorar las erecciones de otr@s, sacar de la fórmula de las ofensas y humillaciones a la esposa de Zague y a dejarnos de pactos machistas y reconocer: ni está tan grande. No sé en qué dimensión le sacan medida de sable, pero neta que ni el brete que se traen. Como dicen algunos de mis compas gays: está bonita. Punta finala. No es la gran verga ni por mucho…

Nos vemos en las redes sociales y en www.ivaginaria.wordpress.com

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Crónica de una menstruación anunciada

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¿Quieres empatizar para siempre con una morra? Conoce bien su regla. La menstruación es un momento de todas las mujeres sin excepción. Más allá de la maternidad, la gestación y los maternajes, la regla es uno de esos estadios femeninos por el que forzosamente va a pasar cualquiera, así como el climaterio y menopausia, periodos de reposo de la emisión ovárica: basta de enviar óvulos al espacio y ahora sí, a gozar del parque de diversiones. La menopausia es signo de la evolución del aparato reproductor femenino.

Con tantos años manipulando esta sopa de tomate emanada de mi cuerpo, sé de antemano que ya viene, con el cariño de quien observa la llegada de un tornado, que en su espiral levanta vacas y tráileres. Tres días antes del suceso sangriento, estoy como los primeros quince minutos de un video de reproducción animal de National Geographic. Esparciendo los mensajes ineludibles sobre querer apareamiento. No me unto en los árboles, ni voy dejando orines atrayentes, ni tampoco exijo una lucha de machos: a menos que alguna de esas cosas sea necesaria.

En realidad ni siquiera es una ansiedad calenturienta, sino más bien un estado de furia caníbal en el que no me siento respetuosa de nada. Es como si el óvulo pidiera un amigo, para poder permanecer en la tibia casa que le otorga mi hermoso útero, que obedece estrictas órdenes de no volver a meter una criatura en esos lares.

Yo tengo una regla de manual, que dura sus días debidos, sin cólicos ni dolores, y con un sano desprendimiento endometrial. Nunca he sido ni seré de las adoratrices de la menstruación, pero sí reconozco en este proceso a la sabiduría de la tierra: como si necesitase que devolviésemos nuestra sangre. Pero quizás el tonto prejuicio, las malas compañías masculinas y femeninas, y un excesivo pudor saltillense, me han provocado evitar la actividad sexual en los días más intensos, porque no me gusta que aquello quede como si pusieron un pedazo de hígado en el ventilador de techo. Y si eso no fuera bastante mamila, tampoco me gusta mucho el beso vampiro, quizás en la regadera, pero sólo un habitante de Neza y un coahuilense intrépido lo lograron en situaciones en las que yo jamás aceptaría. Fueron grandes cunnilingus y nunca olvidaré sus caritas de zombies y su boca sangrante.

Si nosotras pudiésemos alcanzar a comprender la dimensión de este proceso de nuestros cuerpos, hacerlo más cómodo y llevadero, así como conocerlo y controlarlo para la reproductividad, la mitad de nuestros problemas sexuales se acabarían.

La regla, querido público, sólo le acontece a la mitad de la población del mundo y la otra mitad mira horrorizado cuando le sale sangre de la vagina a una mujer. Cuando se comprenda la transformación corporal, gasto energético, estrés psicológico, físico y emocional, que produce la menstruación cada 28 días, entonces, las efemérides sobre la mujer, de la vulva, de la mujer empoderada, de la niña y de la adolescente, serán verdaderos y significativos.

Dos días antes del hecho sangriento, viene mi etapa más horrorosa: vivo con una cara permanente de bisquet, porque lloro siempre. En las películas que veo; cuando miro a mi hija ser tan lista y poderosa, y pienso: neta no sé a quién salió; al saber que pronto tendré frutos de mis plantas que podré comer; ante cualquier manifestación de la naturaleza que me parezca inmerecida para nuestra especie hedionda.

Como mi hermoso óvulo se está preparando para salir en la sangre, todo es tristeza alrededor: las hormonas se resignan a la evacuación, progesterona y estrógeno enfocan hacia otras tareas sus esfuerzos: no habrá embarazo ni se va a utilizar la sala de gestación que se activa en el ciclo sexual femenino.

Entonces aparece la ola sangrienta saludable que no se detiene ante nada, y que provoca un gasto de energía, de dinero, de tiempo y sin duda, implica una planeación estratégica sobre qué días voy a forniciar, cuándo no ponerme el pantalón blanco apretado y a dónde van a ir a dormir las tangas. Buscar la copa menstrual, lavarla, llevarla en su bolsita…La regla es un trabajo. Ahora imaginen en países en donde escasean los productos de higiene…

Sangre al universo: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

Brassiere y calzones para la Venus

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Foto tomada de Reporte Indigo.

Hará unos 30 mil años, las personas presuntamente humanas que habitaban en el planeta, eran adoradores de la corporeidad femenina abundosa. Nalgotas, pechos lecheriudos, piernas jamonescas y un vientre voluminoso. Las mujeres del periodo paleolítico eran señoras de mucha carne y adoradas por la generosidad de su útero: buenas para parir que salieron. La estética femenina, si eso existía de alguna forma, era determinada por los aspectos biológicos, que mira una persona cuando desea reproducirse por otra. La mirada, sí señores, es absolutamente natural, porque busca las cualidades femeninas que la determinen apta para la reproductividad, pero al ejercer esos signos biológicos vestigiales, el hombre que mira, casi viola. Para ello se gestó la civilización, para que no haya patanes.

En la recreación de una villa del paleolítico que conocí en Alemania, casi frontera con Austria, las casas, los enseres, los vestidos y herramientas, estaban dominados por la presencia de una mano femenina. Las mujeres de ese último periodo de la edad de piedra, eran unas matriarcas muy implicadas en el desarrollo de sus asentamientos: ellas se encargaban de alimentar, producir alimentos y almacenarlos: las señoras paleolíticas inventaron la alacena.

Imaginen que los alemanes reconstruyeron sobre los milenarios pilotes que emergían del agua, una villa, tal como estaba hace más de 20 mil años. Los vestigios de la cultura de aquellos hombres y mujeres, son de delicada elaboración y se sostenían y alimentaban con pragmatismo, porque sabían que se debían mover, si el terreno no les era conveniente.

Las mujeres eran principales dentro de la cultura del paleolítico, que ya tenía cultura porque vivían bajo una organización social, y también abogaban comunitariamente por una buena calidad de vida. Ergo, era un matriarcado de mujeres muy generosas y fuertes. Muchas veces hemos hablado de las venus del paleolítico en la columna, porque son un referente de la voluminosidad del cuerpo femenino relacionado con la fecundidad y reproductividad. Lo cual no es algo que yo apoye porque cualquier tipo de cuerpo femenino puede gestar una criatura si sus circunstancias fisiológicas, salud mental y corporal le favorece.

La Venus de Willendorf, una de las más emblemáticas y famosas, además, es un cuerpo representativo de una mujer de la era paleolítica, y me encanta que además de que está bien dada, le ponen una vulva de labios esponjosos como si fuera a dar beso. Esta además, es la nueva censura de la idiota administración de Facebook, quien hace de sus algoritmos caca pipí moco. ¿Qué clase de persona denuncia la fotografía de una representación en piedra de una mujer cotidiana en la era paleolítica que se realizó hace 22 mil años?, ¿qué clase de ineptos producen censura de esa índole al grado de que permite la imbecilización masiva de más personas?

Lo único que nos puede preservar alejados de cometer más insentaceses con nuestro planeta y nuestra historia, es la conciencia histórica. Y el arte producido en las primeras eras de l@s seres humanos, representa una de las más valiosas señas de nuestra identidad. Esa estatuilla de no más de 11 centímetros, es la foto de una señora que vivió hace miles de años: no una diosa, sino la mujer de cada día que en aquellos entonces, andaba recolectando frutos, criando a las criaturas, haciendo caza menor y ante todo, apoderándose de la tierra y sus dones, para darle de comer a la prole. Sembraban para comer, para producir afrodisiacos y curaciones y fue entonces, que inició el romance con maceta y parcela. Las mujeres somos la tierra y representamos a la tierra porque somos el horno creador. Así nos tocó.

La evolución de un cuerpo abundoso como el que se representa en las estatuillas de mujeres de la prehistoria, ha sido diversa, en especial por los dictados de la moda de los cuerpos para las pasarelas o el modelaje de ropa. Quizás las Venus también provienen de alguna convención cultural, la que era más paridora, la que daba más leche materna, la que paría más chamacos, aunque no creo que haya sido de una manera discriminatoria hacia otras: las comunidades paleolíticas eran más diversas e incluyentes.

Nos vemos en las redes sociales en @Ivaginaria en Twitter, Tumblr, Instagram y en http://www.ivaginaria.wordpress.com

Redonda: elia.martinez.rodarte@gmail.com

El porno ya no me hace…

El problema es pensarlo demasiado: ¿por qué ahora me aburre tanto el porno?, ¿es educativa la pornografía o sólo es un cúmulo de lugares comúnes bastante cursis?…Creo que la pornografía ha entrado en esa fase en la cual lo metaficticio es la norma, y  así debemos asumirlo. Debe ser y sonar falso.

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Es preciso aceptar que la pornografía no completa todas nuestras expectativas y a medida que se consume más, se quiere más o se perversea más el asunto, y pierde su significado y valor.

Muchos quizás se adapten a los tiempos mutantes de la pornografía, pero creo que al menos ésta debiese cumplir con uno de los puntos obligatorios de cualquier representación: un poco de credibilidad. Ya no se preocupan por actuar, sino que la mayoría de las veces siento que hay una poca de exageración, lo cual es como replicar un lugar común. Existe una serie de normas para los magos japoneses, que representan una rama del teatro kabuki, en la cual los artistas de la magia intepretan sus trucos siguiendo un código de movimientos muy preciso que les garantiza el éxito de sus actos de prestidigitación.

Así es el porno desde hace algunos años: una serie de repeticiones de los mismos trucos, pero sin el abordaje emocionante. Lo porno es más porno, porque ya ni siquiera hay cabida para el erotismo porque hay muchos escenarios forzados como: el coito es obligatorio; el puño cerrado es un instrumento fálico que cabe normalmente por el ano vagina boca; en los tríos sexuales tod@s se la pasan chido; la escena lésbica: puede ser terrible si se caen gordas; obvias caritas de fuchi, de dolor o miedo de morras y batos del porno que no quieren estar ahí.

Lo que la cara puede mostrar en un segundo nos revela que hasta en el sexo amateur, en el cual tratan de imitar realísticamente al porno profesional, existe algo fársico. Debe serlo, porque es una ficción, pero creo que le falta galleta a la pornografía y la verdad es que desde hace rato no me resulta calenturienta ni recreativa.

He probado consumir el material pornográfico de directoras de cine. La más famosa es Erika Lust, pero creo que replica la misma treta de la pornografía normal, e incluso ni creo que se le debiese llamar porno violeta, dedicada a las mujeres. Sólo es un pornosoft sobrevalorado que su único valor es que parece pornografía vintage: recuerda mucho a ese hermoso porno setentero con una “trama” y con cierto remoloneo, tras el cual los implicados quedaban listos y lubricados para juntar sus muy peludos genitales.

Existen otras damas como Petra Joy, quizás con un formato más fino, quien recrea historias en las cuales hay humor y porno, lo cual le da un generoso sentido erótico porque la risa no se contempla dentro del la banda sonora de la pornografía: sólo los gritos de los venidones retumban. Ningún material pornográfico actual muestra esa realidad cotidiana: no todos los actos sexuales terminan en orgasmo con alarido y eyaculación con desmayo. Además que en la pornografía, por lo general, busca posicionar un acto sexual como único, irrepetible y quizás hasta algo atlético. Gracias a la pornografía también, la gente recrea su propia expresión sonora para venirse. Me divierte esa banda que se viene en inglés: demasiado porno para ell@s…

Otra directora que me gusta es la francesa Ovidie, también columnista, quien filma historias más sensoriales y eróticas. Es una filósofa del porno. Ella ha ido más allá, al estrenar un documental llamado Pornocracy, en el cual enuncia las verdades siniestras del porno en el mundo: desde el lavado de dinero a través de las productoras de filmes pornográficos, hasta el abuso hacia las personas que filman amateur y que en cierta manera son explotad@s por los distribuidores.

No olvidemos que algunas compañías de pornografía pueden ser no sólo productoras de entretenimiento para adultos, sino negocios que fomentan la trata de personas, el trabajo sexual o la esclavitud. Esto no es de todas las compañías. Pero existe.

¿Cómo será un porno bien hecho que en verdad prenda los sentidos y no sea repetitivo? Quizás no sea el porno en sí lo que necesitamos.

Ashley: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

Tercer mes de #IvaginariaAlAire. Marzo es sólo de mujeres

Nos fue excelente en febrero, sin duda un mes de aprendizaje y de acomodo al protocolo de radio, para el cual siempre un@ debe de agarrar un ritmo y una voz.

En el orden que aparecen en las fotos estoy con Angelo Sturiale, del programa de música y erotismo, luego con Manuel Múzquiz cuando hablamos de sexo animal en el capítulo mamíferos, y estoy en la siguiente con Cordelia Rizzo, de cuando hablamos de derechos humanos y derechos sexuales y en la última foto, Ángel Sendic Tovalín quien nos habló de higiene y corporeidad.

Esta semana comenzamos marzo.

#IvaginariaAlAire se transmite en Radio UANL Canal 53 en 89.7 FM en Monterrey y en la aplicación de internet.

Estamos al aire todos los viernes a las 1100 de la mañana.

El 2 de marzo:

Mujeres policías con Sandra Cardona.

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El 9 de marzo:

La mujer detrás de las historias de las mujeres en el poder: entrevista con Sanjuana Martínez.

El 16 de marzo:

Mujeres trans: con Zoe Zahory Duarte.

El 23 de marzo:

Mujeres malas del cine con Andrés Bermea.

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El 30 de marzo:

Sor Juana: nuestra mujer del renacimiento, entrevista con Alma Elisa Reyes.

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