Desenterrando a los ex y reincidiendo…

 A cuáles exes sí reciclar o no…puede que quede algo que vale la pena en esa entidad que dejaste en el camino

Ponle play XD

Pero si no quieres escuchar mi dulce y voraz voz…

care

Lee…

Reciclando

Reciclar no sólo se trata de reutilizar los recursos que pueden servirnos en un segundo aire de los mismos. Por ejemplo, cuando usamos los frascos vacíos para guardar comida.

Pero a medida que pasa el tiempo e incluso las relaciones que se establecen como fijas, se vuelven monótonas y rutinarias. Y ¿qué hacen muchas buenas personas? Pues conectarse a las redes sociales, encontrarse con sus exparejas y continuar el romance juvenil o adolescentoide.

No he encontrado una etapa de mi vida en la cual no haya visto amasiatos, noviazgos, amachines, fajes de una noche con l@s ex, etcétera. Pero ahora gracias a internet y a muchas formas de comunicación instantánea, el camazo clandestino florece.

Por ejemplo, conozco realmente a muy pocas personas que no estén fornicando fuera del matrimonio o de su noviazgo. Y ni me vengan luego con lloritos de que si “yo también”. Todo mundo sabe cuándo le ponen la cornamenta. Que se hagan gueyes es otra cosa.

Pero si se trata de reciclar al o la ex que más te calentaba las tepalcuanas, creo que hay que considerar lo siguiente:

No recicles al novi@ o affaire juvenil o del pasado que a estas tardías alturas sigue viviendo con su mamá o papá. Además del patetismo de aún habitar la casa familiar, es un sinsentido de que fornicies con alguien que no tiene un sitio propio para echarse un falo o un faje.

Tampoco recicles un brinco o un romance fugaz con tu ex pobre o de pocos recursos. Perdón, pero con estas crisis económicas un@ no anda como para andar haciendo favores monetarios porque terminarás prestándole lana o peor, que termine dándote cosita y te l@ lleves a vivir a tu casa.

No está chido reciclar el romance con alguien que te maltrató física, psicológica, emocional o económicamente. Sería demasiado que te amacharas con la misma piedra, es ridículo.

El punto anterior es vital, pero el que mencionaré a continuación es crítico: no recicles al amorcito que no sabe follar sólo porque no tienes más o porque no le quieres echar cabeza para buscar un@ mejor. Es bastante tonto echarte al ex amante que desconoce cómo funcionar bien en el fornicio. Es insípido, no es emocionante y al final de cuentas sabes que ni siquiera valió la pena la encuerada…Ni la de antaño. Y debo decirlo: much@s aprenden cosas nuevas o fornician y agarran experiencia, pero “el toque” no se aprende. Es como bailar.

Tampoco recicles a l@s excompañeros de generación en la fiesta de reencuentro. Por favor sé civilizad@ y pídele su número y te l@ echas a la semana. Y en este caso quizás el reciclaje no convendría con tu novi@ secundariano sino con quienes fungían como tus bateadores emergentes en ese tiempo.

No te líes con casad@s porque te salan. Los reciclajes con casad@s siempre son situaciones de hueva y son los primeros chismes que se saben porque no sólo hay una esposa que es como la Gestapo, sino un montón de amig@s metiches que morirían por darle la mala noticia primero a la persona engañada Y claro, tú serás el o la arrastrada que lesiona un hogar aunque nomás le estés rayando la pintura a la susodich@.

Siempre que hablamos de reciclaje de amasi@s, exes o novi@s secundarianos, salta “el amor de nuestras vidas”. Yo algunas veces creí que iba a tener un amor de mi vida, pero sí algo he aprendido en la talacha del romance es que en nuestra biografía tenemos hartos amores de nuestra vida y cada uno de ellos ocupa un lugar distinto e incluso movible, en nuestras existencias. Nadie es definitivo, ni siquiera en su etiqueta.

Recicla los buenos falos. No te quedes con las ganas de franelearte con esa persona que te bajó las bragas telepáticamente y a quien se la mamaste en la primera cita porque te sentías impulsad@ a hacerlo por un una fuerza cósmica que te llevó hacia esa genitalia (cosa que también se llama calentura).

Si cada un@ reciclara al menos a dos personas en su existencia, no tendría ausencias prolongadas de fornicios y la cultura del poliamor saldría ganando. Reciclar amores, exes y fornicios, no se trata de gancharse. No te claves.

 

Agenda: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

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Madre soltera

(Nota visceral y subjetiva, nada racional)

He descubierto algo inédito, más bien inaudito en mi vida al menos hasta este momento. Hace poco tuve que ir a una reunión acompañada de una persona de la cual por supuesto no diré su nombre, pero sí debo decir que es una mujer porque para el caso que ocupa en este momento es necesario.

Esa persona y yo convivimos con otras y nos la pasamos maravilloso. Lo inverosímil del asunto es que pese a que yo iba con la mujer en un plan de acompañarnos, durante toda la concentración prácticamente no cruzamos palabra y ahora que lo recuerdo, casi casi actuamos como desconocidas. Involuntariamente suponía yo.

Me enteré hace poco de la razón por la cual no convivimos socialmente ni nos cruzamos mucho: ¡ella no se rola con madres solteras!

Es decir, no se relacionó conmigo durante la fiesta porque ella no quería que la vieran con una persona que ha tenido una hija fuera del matrimonio.

Afortunadamente sólo maneja el dato duro de que no me casé y que tuve una hija, porque si supiera algunos episodios célebres, entre los falsos, los verdaderos y los que he creado yo, posiblemente ni siquiera hubiera existido la posibilidad de que llegaramos juntas a ningún lado.

Tengo mucha capacidad para la ira, mas en esta ocasión la sorpresa, en verdad mucha, ocupó mi primera reacción cuando fui informada del asunto. No pongo en duda las fuentes porque es como negarme a mí misma lo evidente por indulgencia o por estupidez.

Sin embargo no dejo de pensar en aquella escena de una película que se llama Soldados de Dios, en la cual el diablo le dice a un tipo: “¿recuerdas cuando de niño rezabas para que yo no apareciera? Pues siempre estuve ahí”.

Así estaba agazapada esta mala leche, debajo de mis narices que jamás olieron esa mierda. Creo que tod@s vivimos en la apoltronada comodidad de lo que nuestros sentidos alcanzan a pepenar, dejando la paranoia para cuando uno transita en una calle oscura o para cuando hay que pagar las multas de tránsito.

¿Pero cómo desconfiar de alguien que conoces de tanto tiempo?, ¿cómo no supe antes si había signos que a veces se aparecían como obvios?, ¿cómo iba yo a suponer que ser madre soltera fuera todavía algo tan penado en la mente de algunas personas?, ¿estamos en el medioevo?

He procurado no juzgar la moral y las costumbres viciosas de ninguna persona, a menos que vayan en perjuicio de niñ@s o la naturaleza, pero me asombra cada vez más hasta dónde llega este inmenso pozo sin fondo de la mochez y la mojigatería.

No se le ve fin y creo que moriré siendo una madre soltera que nunca tuvo conciencia de ello, quizás porque en realidad ni es tan importante ser madre, ni soltera, ni madre soltera: son sólo circunstancias.

Creo que más bien tengo un poco de tristeza porque la humanidad no cambia un ápice respecto a las cuestiones que enmierdan nuestros juicios. A la vez siento que es un asunto tan nimio y tan de cuita de secundaria que ni siquiera debería ser tomado en cuenta, pero me lesiona y me molesta, sobre todo porque proviene de alguien a quien yo le guardaba cierta estimación.

Me tiene hasta los ovarios la hipocresía femenina. I just can´t.

Sin mencionar a los implicados

Un día estábamos en una premiación de un querido amigo, quien tuvo a bien llevarse una jugosa lana por uno de sus libros. Esa noche dimos tumbos de un lado a otro, de un restaurante a una cantina y así hasta que en el último antro encontramos a una escritora y a su amiga, con quien a todas luces mantenía un affaire lésbico que se veía bastante sabroso.En la bola íbamos mi entonces pareja (a ver si no le pegan- de nuevo- porque yo lo nombro sin nombrarlo), un amigo mutuo, el galardonado, las novias y yo mera. Decidimos hacer casita en el piso de la novia de la escritora, para tener un apacible lugar en donde tomarnos unas caguamas y reposar la multipremiada noche.Estábamos todos en bola: las caguas iban y venían, brindábamos alegres, las novias se enamoraban más, nuestro escritor premiado gozaba de la noche…En eso nos encontrábamos cuando llega el novio de la novia de la escritora. Todos caguamas en mano. El tipo fue a la sala en donde estábamos de los más chido y nos dijo: todos ustedes se me van a chingar a su madre. Con tronidito de dedos y todo.El escritor loado por el premio sólo apretó su caguama con ambas manos y farfulló dos o tres incoherencias, y yo, quien en otrora me sentía la madre Teresa de Calcuta que igual enjugaba narices rotas (ay ay ay malvado Segundo Planes) que mediaba en grescas, le dije que mejor le llegáramos a otro lado porque mi instinto arácnido me decía que nos estaban mandando a la chingada.Entonces salimos todos tristes. La novia se quedó estupefacta, la escritora se fue sin su bizcochito, nosotros con la cerveza en la mano enfilamos hacia la calle. Pero nuestro escritor, a quien esa noche levantamos en hombros, estaba súper encabronado. El es de esos enojados que no habla, no dice, no oye ni asunta…Sólo se ve cómo se le sube la espuma a los ojos, se le corta la leche y se pasma. Y ya no entiende. Se regresó a casa del uey que hacía dos minutos nos había turnado a la verch y le patéo la puerta del departamento. No pasó nada. Más patadas. Tampoco.  Cuando logramos alejarlo de la puerta, reiniciamos el camino. Nuestro escritor de la lanota del premio debía ir a otro lado a celebrar en paz. El novio de la novia de la escritora bajó del departamento, y actuando como si le hubiesen brotado huevos de acero gritó “qué pedo güey…”, desde una distancia razonable.Yo ya no quise ver y por mí que se la arranquen, pensé sabiamente, cuando mi amigo el escritor laureado, quien ya iba casi una cuadra lejos del lugar de los hechos, se regresa corriendo rumbo a romperle la madre al novio de la novia de la escritora.  Corrió velozmente y como en un episodio de Gokú* el tiempo se detuvo detrás de él mientras quedaba congelado en primer plano en una amenazante patada voladora y otros movimientos de corte violento y oriental. Le partió su madre.Terminamos en mi casa brindando con un vino chafísimo, un lambrusco, ni corcho traía, era tapa de rosca.