El orgasmo como explosión corporal no siempre genitálica o compartida…

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Terapia para el orgasmo

Como hoy es el día del orgasmo es preciso saber realizar dos cosas: una es cómo fabricarnos un orgasmo personal, cotidiano y placentero y la segunda, asumir una actitud ante el orgasmo: es bueno que sepamos crear uno propio y uno para nuestra pareja sexual, pero tampoco es manda y si sale qué chido, y si no, sigan frotando.

Los problemas relacionados con el orgasmo son corregibles cada uno de ellos, porque lo que sale mal al no venirnos, es la misma ansiedad que le aplicamos a la consecución de un orgasmo. Existen otros problemas físicos, que podrían ser menores en ciertos casos, porque el cuerpo se ajusta a todo cuando se trata de sabrosear.

Pero la terapia sexual puede ayudar a las personas a encontrar su camino hacia los orgasmos. Aprovecho para informarles que no soy terapeuta sexual, no doy terapia ni acompañamiento, pero en algún momento podría ayudarles a conseguir algune en su ciudad o pueblo o villorrio.

¿Qué debe hacer la gente antes de iniciar una terapia con un especialista y terapista sexual? Primero, creer en ello y estar en el ánimo que ese profesional va a ayudar al descreme de nuestra alma.

Es necesario considerar que no hay que estar en pareja para llevar una terapia sexual. Aunque no exista alguien fijo, siempre cae algún incaut@, y eso implica más cuidado en la selección de las personas a quienes nos llevamos a terreno.

Sin embargo, tampoco es riguroso que lleves a tu pareja o compañer@ sexual si no lo deseas, aunque es recomendable en la mayoría de las ocasiones. Como se habla y se analiza sobre la vida sexual en solo y con alguien, entonces se puede aprender mucho sobre las necesidades de la genitalia ajena.

Aunque suene mega aburrido la idea de llevar terapia para algunas personas, el esfuerzo primario y personal debe ser de quien tome la terapia, en especial si su vida sexual presenta disfunciones. Por ejemplo, las mujeres que sufren vaginismo, que prácticamente se trata de que no aflojan su vagina al coito, deben atender este padecimiento para ser entidades coitales, y el tratamiento puede ser largo. Cualquier anomalía en su ejecución sexual, en sus órganos sexuales y en la operatividad de su cuerpo debe ser detectada y tratada.

La terapia sexual también puede ayudar a que se paren los penes de los señores. Además de la valoración médica física, sí es necesario darse la vuelta por la sesera de un señor que no presenta erecciones: el estrés, la vida sedentaria, el chupe y el cigarro, muchas drogas y una mala nutrición arruinan las erecciones, pero existen problemas profundos que pueden tratarse en la terapia, en especial con los inhibidores para la dureza.

A los terapeutas sexuales no les importa la preferencia y orientación sexual de sus pacientes, ni sus parafilias, ni sus manías, por lo que no son jueces de la cola de nadie. Son personas capacitadas para tratar a cada uno de los freaks monstruosos que somos, con nuestras mañas bizarras en la sexualidad. No se va a asustar cuando le confieses lo que realmente te excita y seguro sentirás un alivio y descargo tremendo: la terapia ayuda a sanar, a descargar culpas, a corregir conductas nocivas y tóxica, y a aprender a dar y recibir unos cogidones de miedo.

Cada sesión de una terapia sexual, sea cual sea el problema, implica que la persona que recibirá el tratamiento, se comprometa y sea responsable. Por lo que no se líen en terapia sexual con la primera garra que les ondee en la cara. En especial, debemos enfatizar que un terapeuta sexual no es lo mismo que un psicólogo o psiquiatra, quienes poseen otros abordajes, distintos para los problemas sexuales.

Parece que es necesario realizar un montón de cosas para vivir una buena actividad sexual y generar orgasmos, pero sólo se trata de soltarse, flojererar y cooperar y conocer nuestro cuerpo.

Nos vemos en las redes sociales en mi página @Ivaginaria en Twitter, Facebook y Tumblr, así como en http://www.ivaginaria.wordpress.com

Todes quienes quieran escribir y conocer el género de la columna, los invito a la cátedra Elena Poniatowska de la UANL. Pronto…

 

Orgasmeante: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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Tijeritas y otras lesbianadas…

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Kamasutra lesbos

Al Kamasutra lo han emputecido de todas las maneras posibles. Los textos sagrados del erotismo hindú han prestado su nombre a todas las encomiendas sexuales, porque hay Kamasutras para cualquier cosa. Esto quiere decir que a la babosada que se nos ocurra, podemos ponerle el Kamasutra de los besos, del amor, de las posiciones, de cómo bajarse a mamar y así de cualquier tema relacionado a la satisfacción erótica y sexual.

Estaba viendo el Kamasutra lesbos ilustrado, uno de esos manuales que interpretan el texto hindú a su manera y que además le ponen monitos para que sea más práctico.

Primero debemos estar claros en una cosa: ningún libro con el nombre de Kamasutra, ni siquiera los productos eróticos Kamasutra, ni cualquier cosas que se llamé así, le va a enseñar a nadie a coger, a hacer una buena felación o cunnilingus, o tendrá una satisfacción garantizada en el erotismo y su vida sexual.

Escrito por Vatsiaiana, un autor indio cuya fecha de nacimiento y muerte son imprecisas (dicen que vivió entre los siglos primero y sexto de la era cristiana), escribió el Kamasutra como una forma de indicarle a los mortales cómo proceder respecto a sus sensaciones y sentimientos, así como controlar sus pasiones y temperamentos. En sí era como un libro de autoconocimiento y de templanza para el espíritu. Vatsiaiana era un hombre que estaba educado en la contemplación y meditación, entonces cada uno de los 36 capítulos de este libro del erotismo, seguramente fue pensado durante las largas horas de abstinencia sexual que se aventaba el autor, porque era un firme creyente del control de sí mismo.

Sin embargo, siglos después de que el más famoso de los textos antiguos sobre el sexo fuese creado, existen interpretaciones del Kamasutra, que no son propiamente el Kamasutra, sino el préstamo de un nombre célebre sobre el sexo, para escribir otros libros sobre fornicio.

Este Kamasutra lesbos, debiese llamarse Manual para forniciar de la lesbiana moderna, porque en realidad lo que muestra en su contenido, son posiciones para mamar, para dedear, para aplicar falos o arneses, hacer la tijerita y eso sí, tips útiles para comprender el cuerpo de la mujer.

No podemos llamarlo un Kamasutra, porque la intención de este libro hindú expone propósitos muy específicos sobre el sexo, el erotismo y la sexualidad. Incluso hay secciones dedicadas a la búsqueda de una esposa buena y sobre las cortesanas,

Pero lo suyito de este libro, es la información sobre cómo manejar un cuerpo femenino y descubrirlo, y sacarle provecho a las zonas erógenas femeninas. Por ejemplo, en un párrafo dedicado al cunnilingus, dice que cuando se aplique la mamada en la zona vulvar, se debe aprovechar el momento para abrir la boca frente a esta zona y hacer como “si se traga a la vagina”. De hecho, querido público, ya tenemos una genitalia femenina siendo comida, pero abrir la boca en sensación de acaparamiento puede ser excitante, según dice el libro.

Ilustra también sobre la unión de las genitalias femeninas, ya sea en una tijerita o en una monta de una mujer encima de otra, para frotarse y estimularse haciendo junta de bocas de abajo, girando, pompeando, montando o acariciando nada más. En varias posiciones y giros.

Pero quizás la parte más tonta de este libro, es que le llaman vagina hasta la zona de la vulva, es decir, a ésta última ni la nombran y es justo la puerta de entrada de las chupadas, dedos, dildos y cualquier accesorio que use una lesbiana para complacer a otra. Además otra de las más grandes equivocaciones en el mundo gay y lesbiano, es dividir a su universo en personas activas y pasivas. En el Kamasutra lesbos enfatizan mucho en la pasiva y la activa, lo cual limita muchísimo el ejercicio de la sexualidad, porque lo acota a pocas opciones. Una es la que pone y a otra a la que le ponen. Uno la mete y el otro se deja penetrar. ¿Que ya nadie confía en hacer vueltas charras nada más para variar? Hay que dejar que los cuerpos hagan y se hagan, y mientras tanto, explorar cada una de las sabrosuras que nos ofrece un acto sexual.

Tijereteando: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Cocteles y otros venenos…

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Hace unos días me preguntaron para una encuesta, que cuál era mi coctel preferido. Me pasé buen rato pensando, porque he tenido muchos cocteles adorados. ¿Por qué será esto? Porque somos parte de un país bien borracho, no ha de ser por otra cosa.

El alcohol en exceso se lleva pésimo con el sexo; luego un@ bebe y al día siguiente se entera de que estuvo bien rasposa la jarra por dos signos indiscutibles: no traes ropa puesta y quizás te duela un orificio que no recordabas que tenías.

Pero digamos que nos vamos a casa a encerrarnos la nochecita. Ninguno de los dos va a manejar (o los que vayan…). Y supongamos que todo lo que siga en la jornada será pura enjundia sexosa.

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Entonces quien quiera empezar un sexo bullicioso, medio locochón en cuestiones de atascadencias diversas, yo recomendaría un coctel con vodka. El vodka lo hizo el diablo para vengarse de unas trastadas que le hicieron unos rusos, y desde entonces muchos ruskis viven agarrados a la tella.

Pero nosotr@s que somos bien morigerados, beberemos sólo un coctel o dos para ambientar la antesala del sexo. Lo idóneo es que sea realizado con una medida de Absolut Vanilla, refresco Sprite y muchos hielos. Mezclar. Espolvorea azúcar encima de los hielos. Sino hay AbsolutV, cualquier vodka, ash, pero el chiste es que también sepa a vainilla. Es una especie exótica y el chesco es burbujeante. ¡Ñam! La combinación es muy dulce, ergo alcohólica, entonces cachondeadora y luego intoxicante.

Todos estos ingredientes nos dan como resultado un sexo lento, exploratorio, y tardado para el coito. Es pura sabrosura de las estepas siberianas hasta nuestras camas. Sino de perdido se pueden imaginar que lo hacen con un ruso, o rusa, o les inspire una ídem.

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Supongamos que no andan de ánimo vodkero, pero sí tequilero. Nos estamos entendiendo. Nunca mejor que una medida de tequila Centenario Plateado con refresco Kas rosado. Le ponen muchos hielos a un vaso y sirven. Mezclar. Encima de los hielitos agregan chile piquín en polvo. Además de ser muy alcohólico, es burbujoso.

Las burbujas en una bebida embriagante provocan alegría. Igual que cuando un@ bebe champán: es cómo sellar el amor: uno sabe cómo empieza esa felicidad, pero no sabe cómo va a terminar. El tequila es nuestro, entonces, acorde a nuestro bullanguero organismo.

Si no se me prenden del coctel, el sexo tequilero será jocoso, perversón, con mucha plática mientras el coito y seguramente un fornicio bailador que los tire de la cama.

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Es como hacer el jarabe tapatío pero sin los trajes incómodos. Pero que nadie diga,  que para el sexo coctelero despreciamos a nuestros hermanos caribeños que nos han regalado el oro de los destilados tropicales. Entonces mojitos.

Éste es pura sabrosura porque antes de beberlo dan ganas de bailar, y como todos sabemos, el baile es una forma de sexo vertical. En un vasito ponen unas hojitas de menta (yerbabuena, eucalipto…hagamos una mexicanada), una rodaja de limón muy delgada pero jugosa y una cucharada de azúcar. Muelan con tenedor, la punta del palote de las tortillas (no me digan que no palotean sus testalitos, ash…), o con algo que pueda triturar y mezclar las hojas, el limón y la azuquita. Hecha la maldad, viene el ron (del que más les guste…), un bonche de hielos y agua mineral o tónica. Mezclar. En lo que sirven y mezclan, ya están bebiendo encuerados y a fornicar como si estuvieran en la playita, sin la incomodidad de la invasiva arena que se apodera de nuestra pudenda.

 

Dos de cualquiera de éstos brebajes y les apuesto que la piel acaba siendo suyita desde el tercer trago, o les devuelvo sus besos.

Garantizado. Jarabe para la tos y whisky: ivaginaria@reforma.com

Mirada y control…(que no te cachen viéndole las nalgas a alguien)

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Ojo alegre y otras paranoias

Esos días cuando la mirada absoluta de tu amor era sólo para tus carnes, en los primarios meses del romance cuando todo era besos, lamerse y olerse, ya han pasado. Han transitado quizás a espacios menos pasionales y arrebatados, a una rutina de pasatiempos domésticos: ahora es más importante hacer el mandado que coger.

Sin embargo, ya que vivimos en un entorno sumamente machista, en que los señores se sienten calificados para pegarnos los ojos a las nalgas y a los senos, debemos empezar a negociar y a dictar sentencias, antes de que nos rebase la paranoia, la malacopa o peor, que se hagan realidad tus ansiedades nada más por estarlas machacando.

Además del replique de conductas machistas y territoriales. No es una gracia ni un piropo ser observada / deseada / mirada / analizada…

Todos esos dichos mamilas de:

La mirada es natural

Es que están bien chulas y cómo no admirarlas

Ay si te veo con lujuria, pero no es con mala intención

No quería quedármele vieno, pero era imposible.

Hacen ver a los batos o a las personas que las emiten, como entidades inevolutas que no saben controlar un impulso machista sólo porque obedecen ciegamente a la volatilidad de su “hormona”, al prejuicio, a la convención y al convencimiento de que la mujer, como un objeto, debe ser loada por su belleza.

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Amamos en un país en donde la lumbre es amasia de la gasolina. Mujeres muy celosas y territoriales, con hombres que gustan mucho de mear fuera de la olla. Pero también asuntemos en que la vista es muy natural, y mientras a ellos les han recalcado que está “bien”otearles el tafanario a las damas, a nosotras nos han enseñado a controlar la mirada.

Ya una que otra se ha soltado de la manada y vocifera hacia el nalgatorio de un señor para reconocer que está bueno. O las más voraces, se van directo al paquete, y aunque no miren mucho, ya saben para dónde anda volteando Darth vader.

La mirada sí es muy natural, pero no es lo mismo cuando mira una a uno, que uno a una. Las intenciones siempre serán manifiestas, en especial en este país de ojitos de papel volando.

Pero asumamos algo: una cosa es un bato que sea mirón y lujurioso, y otra muy distinta, el que otea inocentemente a un peregrino par de nalgas. Está tan introyectado el voyeurismo en nuestra genética, que miramos naturalmente, porque nos gusta ver esos cuerpos y organismos. Y es una actitud machista.

Dependiendo de la mirada será la ofensa, por eso ellos deben de contenerse aunque no quieran, a riesgo de parecer maniacos sexuales con compulsiones mastubartorias. Que aunque sí lo sean, mejor no paleteen.

Las mujeres poseemos un detector de miradas y hasta un clasificador de ellas, sea producto de la paranoia o bien, porque ya sabemos leer bien a nuestro ente masculino.

Tenemos la mirada: “nada más le vio las nalgas / pechos casualmente”, “le metió la mano debajo de la falda con los ojos”, “le metió el dedo literalmente y luego se relamió los labios”, “en este mismo instante se la está tirando” y creo que un epítome del descaro sería la mirada de “le da su raspado de anís sin recato”.

El problema es que en esta tradición machina muy poco podemos hacer, a menos que el hombre sea razonable y de esos santos varones que se ponen límites en la mirada, al menos, cuando está alrededor la policía de los ojos.

Nunca defenderé a un bato mirón, porque ejerce una conducta violenta y sexista de “de bajo impacto”, muy incómoda e invasiva. No está nada chido que una vaya pasando, le vean el culo y luego digan “ssshhhh”, como en un despertar de una víbora mazacuata. Nada que ver con sus lujurias de perro frente a carnicería.

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¿Qué pasa con una señora mirona que nada más le anda mirando la bragueta a los parroquianos? Algo levantará, porque muchos hombres pepenan lo que sea que oriente los ojos a su lapicillo. Sin embargo también es una actitud invasiva, no recurrente en las mujeres, pero sí una herramienta de cacería para llevar a terreno a algún incauto que se siente acariciado o acosado por una mirada.

Alguna vez salía con alguien que se incomodaba porque yo le decía: mira está guapa esa, o qué buen culo tiene aquella…

Luego me percaté que estaba actuando como un trailero que se rasca los huevos frente a todes, y dejé de hacerlo. Las conductas machistas, aunque parezcan una actitud “liberal”, también reflejan rastros de machismo.

Nadie es dueño de la mirada de los otr@s, pero sí debe ser claro en lo que espera de esos ojos. Las miradas han sido fuente de conversaciones ancestrales y de los ojos podemos conocer las intenciones. La mirada alegre es responsabilidad de cada quien.

No me veas así: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Ese lugar común de cortarte el pelo cuando truenas…

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El ritual del pelo

Estaba a punto de investigar simbologías acerca del pelo, el asunto del corte y la tradición, cómo rige el peinado nuestras emociones y personalidades, pero creo que con todo y eso seguirá siendo inexplicable la razón por la que muchas mujeres se cortan el pelo al terminar una relación.

No sé si sea una especie de mutilación, o un ritual de limpieza, o una forma de evidenciar el peso que estamos quitándonos de encima, o una forma de torturarnos más, o el recordatorio de nuestra desgracia.

Pero las personas que se cortan el cabello cuando han finalizado una relación sin duda están reaccionando ante una etapa de su duelo al removerse el pelo, cortándolo, cambiándolo de forma o de color.

Es una mutilación, sin duda un ritual, en donde estamos por fin mandando al infierno a la persona que fuimos y que estuvo con el otro u otra que ya pasó a mejor vida. Es como anular la relación anterior y tratar de dar paso a una reconciliación con un@ mismo. A menos que seas una loca que se empezó a trasquilar el pelo tan pronto supiste que tu novio se anda follando a tu mejor amiga, el corte ritual de pelo después de los truenes puede resultar una experiencia liberadora.

Lo que me parece muy conmovedor, porque a tod@s nos ha pasado alguna vez, es que nuestras formas de defender nuestro corazoncito siempre resultan ser creativas y catárticas.

No sabemos bien a bien porque nos bañamos minuciosamente y con mucha aplicación cuando nos acabamos de forniciar a alguien que no debíamos o que nos va a causar la aburrida culpa.

Es un acto instintivo también cambiar de pronto muchos aspectos de nuestras vidas cuando hemos tronado, y ahora evitamos esos restaurantes, antros, sitios públicos, calles, recorridos o sitios que ibas con tu ex, por salud mental.

Debemos darnos la oportunidad de exorcizar la vida.

Cuando alguien tiene una necesidad de realizar un acto tan relevante como es un corte de pelo, en especial en una sociedad que valora tanto y neciamente al pelo, hay que respetarlo.

Los casos que me han contado en los correos de Ivaginaria:

Una mujer noviera compulsiva que siempre andaba de cortes de pelo diferentes.

Otra que se arrancaba el pelo cuando estaba estresada o tenía tensión en su relación, lo cual es un problema psiquiátrico que se trata desde hace mucho tiempo.

Asimismo un tipo que intenta un tratamiento de crecimiento de cabello nuevo, cada vez que empieza una relación así como se de otro tipo que, pese a que es calvo, se deja el pelo largo porque a su mujer le gustan los hombres con pelo en la cabeza. Todos los caminos del amor y del desamor llevan al pelo y a la forma en que lo manejamos, cuidamos, desaparecemos o trasquilamos.

Un corte de pelo después de un truene puede ser considerado un paso importante hacia lo nuevo, rumbo a las posibilidades amorosas, hacia parejas sexuales diferentes y romances de prueba y error, o hacia muchas perspectivas inimaginables.

Es una forma de renacer y de transformar a nuestra persona, quemando las naves y buscando la manera de saltar el duro paso del truene, que siempre nos deja tan desvencijados.

Que la cabellera siempre se pierda por una buena pelea.