Tercer mes de #IvaginariaAlAire. Marzo es sólo de mujeres

Nos fue excelente en febrero, sin duda un mes de aprendizaje y de acomodo al protocolo de radio, para el cual siempre un@ debe de agarrar un ritmo y una voz.

En el orden que aparecen en las fotos estoy con Angelo Sturiale, del programa de música y erotismo, luego con Manuel Múzquiz cuando hablamos de sexo animal en el capítulo mamíferos, y estoy en la siguiente con Cordelia Rizzo, de cuando hablamos de derechos humanos y derechos sexuales y en la última foto, Ángel Sendic Tovalín quien nos habló de higiene y corporeidad.

Esta semana comenzamos marzo.

#IvaginariaAlAire se transmite en Radio UANL Canal 53 en 89.7 FM en Monterrey y en la aplicación de internet.

Estamos al aire todos los viernes a las 1100 de la mañana.

El 2 de marzo:

Mujeres policías con Sandra Cardona.

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El 9 de marzo:

La mujer detrás de las historias de las mujeres en el poder: entrevista con Sanjuana Martínez.

El 16 de marzo:

Mujeres trans: con Zoe Zahory Duarte.

El 23 de marzo:

Mujeres malas del cine con Andrés Bermea.

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El 30 de marzo:

Sor Juana: nuestra mujer del renacimiento, entrevista con Alma Elisa Reyes.

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“La forma del agua”: poema de romance y zoofilia y su versión original “plagiada”, también…

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La forma del agua: ¿zoofilia?

El amor entre una mujer y criaturas mitológicas, animales, monstruos y similares, es uno de los lugares comúnes del “romance” y la ficción, quizás de los más controversiales. Zeus en forma de toro o de cisne levantaba morras contra su voluntad y les hacía chamac@s. La Bestia anduvo e hizo la avería a Bella. Shrek intentó sabrosearse a la princesa cuando todavía no era ogra. “La mujer y el monstruo” (“Creature from the black lagoon, 1954”) un clásico del cine de horror fue una de las cintas que se supone inspiraron a Guillermo del Toro para recrear esa relación humana-animal en “La forma del agua”, una historia de amor muy sui generis, pero no originalísima y sí arquetípica.

“La forma del agua” de Guillermo del Toro, su opus magna nominada al Oscar recrea este antiguo romance de las mujeres y los monstruos. Es una versión romántica del género de “Chabelo y Pepito contra los monstruos”, que ha recibido todos los laureles y muy merecidos. Sally, una mujer que se dedica a la limpieza y Doug, el humaoide anfibio, entablan una relación emocional y afectiva, transgrediendo las barreras de la semántica y sin duda entablan un nexo zoofílico. El acuático se encuentra preso en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. Aunque exista una evidente parafilia, con sesgos de sensualidad e intimidad, los personajes de esta versión de Del Toro, encarnan un ballet con una carga erótica cuasitimburtoniana. Oscura. Estoy cierta que cada fotograma de esa película es una nota precisa. Es preciosista.

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Guillermo del Toro ganará ese Óscar. Si la sombra de la acusación de plagio que pesa sobre la historia de “La forma del agua” no oscurece la nominación. Cuando presentó “La invención de Cronos” en los locos noventa, conocimos a un director congruente y ya con una muy pulida ars poética en sus películas. Creo que es un artista honesto. Pero ante la morbosidad generada por la demanda de los descendientes del dramaturgo Paul Zindel, quienes se adjudican la versión original que obvio no es atruibuida por Del Toro en su cinta, la tuve qué ver.

En el año que más os gusta, 1969, se estrenó “Let me hear you whisper” (“Déjame escucharte murmurar”) de Zindel, un cinedrama muy peculiar en el cual una empleada de limpieza en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría se encariña con un delfín al cual tenían preso para someterlo a experimentos linguísticos. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. 

Temo decir que si hubiese un zoofiliómetro, aunque se dan un tiro, “Let me hear you whisper” gana de calle con ese bizarra filia de la señora de la limpieza con el delfín, aunque no se dan cariño como en “La forma del agua”. Hay una escena en donde la mujer es sorprendida abrazando al delfín , cobijados innecesariamente por una cortina de laboratorio: estaba tratando de sacar al acuático mamífero, quien le expresó su voluntad de huir a casa, al mar. Contrariamente a “La forma del agua”, en la cual el abordaje es como un bordado de Mary Shelley (la autora de Frankenstein), “Let me hear you whisper” es un poco más elemental y minimalista, con su hermosa estética sesentaynuevera, bella cual ninguna.

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escena de Let me hear you whisper…el delfín no tiene desperdicio, es sumamente gracioso. Es muy senshible…(hasta en marioneta…)

El problema de estas dos historias, querido público, es que según la demanda de los herederos del dramaturgo Zindel hay 69 similitudes entrambas obras. Y no hay que ser un súperdotado para ver dicha verdad. Desde el principio de la película. Del Toro niega cualquier plagio, se defiende con la congruencia de la conciencia tranquila (esperemos no ignorancia o indolencia). Estas dos historias de amor interespecies, con suaves aromas zoofílicos poco corrosivos, son hermosas y nos demuestran cómo el género más humanista de las letras, el de la ciencia ficción,  nos abre la entraña humana y nos obliga a mirar dentro de ella.

Me pregunto si entre las similitudes de la denuncia de plagio se menciona que tanto hombre anfibio de “La forma del agua” y el delfín de “Let me hear you whisper”, la presunta historia original, poseen respetables falos. Eso dicen…

Amé al delfín animatrónic 69: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

#IvaginariaAlAire en Radio UANL

Este viernes 2 de febrero mi programa de radio entra en su segundo mes de operaciones ya que empezamos el 2 de diciembre. Producir y realizar esta emisión, más las cápsulas sobre sexualidad y educación sexual en Canal 53, fue uno de esos proyectos que se hablan y que dos semanas después ya estás haciendo. Como le gusta a mamá…

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Así como en enero, puros queridos amig@s entrañables participaron en las emisiones sobre diversidad sexual, adicciones, acoso sexual y vih sida, en febrero, igual.

El viernes 2 de febrero hablaremos sobre derechos humanos ¿qué son derechos humanos?, ¿qué pasa con ellos en nuestro país?, ¿cómo nos encontramos respecto a otros países? Comprender y ejercer nuestros derechos humanos nos lleva a comprender y ejercer nuestros derechos sexuales, empoderando nuestra sexualidad y corporeidad. Más ahora en estos momentos. Cordelia Rizzo nos acompañará en este programa y nos dará luz sobre el tema.

Y continuando con el cuerpo y su bienestar, el viernes 9 de febrero reflexionaremos sobre la higiene y la corporeidad, uno de los pasos más importantes en el reconocimiento y empoderamiento sobre nuestro cuerpo. Desde la niñez debemos aprender a valorar, respetar, amar y cuidar a nuestro cuerpo hermoso y perfecto.

Ángel Sendic Tovalín Castillo, estará en el programa para hablarnos de cuidado corporal, higiene, herbolaria, jabones y otras espumas.

El viernes 16 de febrero estará en #IvaginariaAlAire el biólogo Manuel Múzquiz, quien nos hablará de la reproductividad de los mamíferos, en una serie de temas que abordaremos sobre sexo salvaje en varias emisiones. El primer capítulo será sobre nuestros hermanos mamíferos.

Y el 23 de febrero, la música y el erotismo. No sé cómo vamos a meter esos universos en un sólo frasquito, pero confío en que Angelo Sturiale, nuestro invitado de esa mañana de viernes, nos dé la pauta.

Ojala nos acompañen cada viernes en #IvaginariaAlAire a las 1100 de la mañana en la frecuencia 89.7 FM MTY Radio UANL y en la aplicación de Radio UANL en internet en vivo.

Un pequeño collage de nuestros invitados, me falta Bertha Hernández de Luciérnagas 😦 no nos alcanzamos a tomar una foto, pero ella fue la primera invitada de 2018 en una emisión que realizamos sobre el acoso en las universidades y seguimiento de los casos de #AcosoEnLaU

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Los secretos de las felatrices

Las felatrices tradicionales, en varias culturas, se pintaban los labios de rojo para demostrarle a los potenciales clientes que ellas eran, nunca mejor dicho, la mamada.

En lo personal no sé a cómo esté el fellatio ahora en precio de mercado, y sé que muchas trabajadoras sexuales, de cualquier sexo género, pueden especializarse en esta técnica que requiere sólo entusiasmo y gusto por el pene. Como siempre he dicho, quien mama es porque le encanta.

Las felatrices en la antigua cultura egipcia sólo se dedicaban a eso: a proporcionar placer a sus clientes con la boca con técnicas en las que se especializaban destacando en la succión y el vacío, que hacían con la lengua, labios y la boca toda, para que el falo sintiera a lo largo y grueso de su anatomía la caricia. Se pintaban la boca de rojo además, lo que ha de haber dejado aquellos miembros en color de carne viva.

Las romanas del imperio también eran unas buenísimas felatrices y gracias a la minuciosa categorización de las trabajadoras sexuales en Roma, podemos intuir que el acto de chupar estaba incluida en sus tareas si querían recibir una cuota extra.

El problema de los romanos con la mamada, es que, a diferencia de los egipcios quienes gozaban cualquier manoseo y extravagancia en el sexo, éstos consideraban a la felación un signo de sobajamiento. La persona que aplicara su boca en el pene romano, forzosamente adquiría una posición de sometimiento. Sus prejuicios sobre poner bocas en sus genitales, era tal, que era un acto impuro de castigo si se conocía que se ejecutaban estas prácticas. Pero a la hora de hacerla o recibirla, nadie le hacía gestos.

En otras culturas más antiguas, como en la fenicia, las mujeres hacían felaciones y mantenían prácticas sexuales con cualquiera, si ellas estaban en los templos. Esto incluía todo el paquete, mamada, coito o fajes, porque ellas estaban dedicadas al sacrificio religioso, en base a la entrega de su cuerpo para alabar a sus diosas de la fertilidad.

Del templo a la calle no había mucha distancia, entonces las mujeres que se ofrendaban a extranjeros, a los sacerdotes y a aquellos que quisieran. Recordemos que el trabajo sexual sólo existe porque hay personas que demandan ese servicio de otr@s.

Las felatrices nos enseñaron a lo largo del tiempo a administrar el poder de rodillas, prendida al pene de un señor con la boca, pero de lo que nunca hablaron es de la forma en que administraban las eyaculaciones, lo cual me hace imaginar el horror de todas aquellas mujeres que sólo tragaron, porque eran el receptáculo. Quizás las más listas, escupían. Es lo mejor, aunque no lo óptimo.

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El registro de muchas prácticas sexuales prehispánicas, por ejemplo, quedaba claro en las pocas imágenes que se han mostrado sobre las prácticas sexuales de nuestros antecesores, pero no es nada extravagante encontrarnos con falos por todos lados, ya que éstos representaban la fertilidad, el poder y un órgano que regulaba el orden cósmico. Como sucedía con los egipcios, con su Osiris creado a partir de una soplada que le dieron en el pene, y lo mismo con Tlazotéotl, uno de los dioses más lujuriosos y traviesos, de origen huasteco. En las culturas antiguas se hizo el gusto por la felación debido a su poder: quien cierra con su boca al pene está controlando no sólo la mamada, sino la eyaculación. Esa idea del sometimiento romano, sólo eran ganas de hacerse el apretado.

Las más famosas felaciones, quizás ni eran tan buenas, sólo eran célebres, como las que decían aplicaban la emperatriz y zarina rusa Catalina La Grande, quien no le hacía caritas a cualquier miembro. Tragaba impunemente por todos sus orificios naturales, y hay muchas leyendas hórridas de lo que le hacía a sus sirvientes y hasta a sus caballos. Otra felatriz famosa fue Cleopatra, que ha sido mitificada en casi todas sus habilidades y bellezas, pero algo habrá hecho bien porque le apodaban de muchas formas que hacían alusión de que era buena para la trompeta.

Ahora los secretos sobre la mamada radican en hacérsela en estos tiempos, a personas que no vayan a transmitirnos infecciones de transmisión sexual y usar condón. De ahí en fueran, préndanse.

 

 

Cabeceando: elia.martinez.rodarte@gmail.com

El poder está en nuestras piernas

Las mujeres sabemos que nuestras piernas, más allá del culo, de los senos o de la genitalia, es lo que nos empodera. Son un símbolo de entrada y de salida del universo. Las piernas de las mujeres tenistas, querido público, son de otro planeta. Perfectas como la foto de un caballo perfecto. Nada de exageraciones musculocas ni de mamilencias grecolatinas: piernas súper poderosas que en cualquier posición lucirían como estudio de anatomía medieval.

Y en las piernas andaba yo, al recordar la película “Battle of the sexes” (“La batalla de los sexos”) que es la crónica de un épico partido de tenis que se realizó en 1973, entre Billy Jean King una mujer y Bobby Riggs, un señor. Ambos iban a dis

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putarse, además de un premio de 100 mil dólares, la supremacía en el tenis. Una de esas mamilas y antiguas competencias de: ¿quiénes son mejores en todo? ¿los hombres o las mujeres?

La posición de competencia de la binaridad o la lucha entre hombres y mujeres es un conflicto de poder desde que las personas existen. Quiénes son más infieles, chismosos, tontos, perezosos, mejores en la crianza han sido algunas de las justas que se han planteado entre los dos sexogéneros de la binaridad sexual heterosexual y cisgenérica.

Aquel partido de tenis de los locos setentas cuando jugaron King y Riggs fue definitorio para la historia de las mujeres en el mundo, no sólo porque la mujer tenista número uno del mundo vencía al tenista hombre multipremiado por su carrera deportiva, sino porque sucedió en una década famosa y proactiva hacia el feminismo. Que dicho sea de paso, feminismo, fue la palabra de 2017, según el diccionario Merriam Webster, me acabo de enterar.

En la película de la batalla de los sexos, Emma Thompson interpreta a la tenista Billy Jean King y aunque no posee las piernazas originales de King (la verdad es que eso a mí me importa mucho), le imprimió una gran fuerza al personaje que representó la tenista para ese deporte y para las mujeres del mundo.

Ese momento histórico de la batalla de los sexos en los setentas fue patrocinado por una serie de eventos machistas y bastante burlones sobre lo que eran las mujeres, que las querían devolver a la cocina y al mundo del servicio doméstico sin paga y mantenerlas en el mundo de sólo son bonitas y no abran la boca.

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Y a ello agréguenle que Billy Jean King apenas logró librar el escándalo, ya que en los triunfos del tenis andaba, cuando conoció a una morra que le gustó mucho, y ahí fue cuando supo que su amor por la tortita de atún, podría llevarla al horror. Hacía unos pocos años antes, el sexólogo Alfred Kinsey había sido defenestrado de la ciencia por mostrar un amplio estudio sobre las lesbianas en Estados Unidos, una población marginada y escondida. Luego se salió del clóset Billy Jean y vivió muy feliz con su esposa, tras un saludable y muy civilizado divorcio de su esposo Larry. De esas cosas que un@ no comprende cómo puede existir ese nivel de respeto.

Bobby Riggs, el tenista número uno de los años 40 en el mundo, fue un fiero oponente y de muchos arrestos, ya que con 55 años de edad le dio batalla a Billy Jean de 29, quien era una poderosa maquinilla con un brazo parte huevos, que definitivamente no pudo combatir Riggs, quien ya se veía bastante desvencijado al terminar la gesta en la que perdió.

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Ese partido, aunque no fue de caballeros, si fue honorable, pese al tonto Riggs quien se la pasó de hociconié en hociconié antes del juego, hasta que le sembraron los dichos en la cancha. Cabe mencionar que el mayor mérito de la película con Emma Thompson, fue lograr que viese matchs de tenis aunque fuese en pedacitos, porque la verdad no es de mis deportes preferidos. Pero su valor como documento de la historia del feminismo en Estados Unidos, es una de las mayores medallas que se puede adjudicar la actriz y sus realizadores Jonathan Dayton y Valerie Faris.

Nos vemos en las redes sociales y en mi página http://www.ivaginaria.wordpress.com

 

Piernas:elia.martinez.rodarte@gmail.com