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Los secretos de las felatrices

Las felatrices tradicionales, en varias culturas, se pintaban los labios de rojo para demostrarle a los potenciales clientes que ellas eran, nunca mejor dicho, la mamada.

En lo personal no sé a cómo esté el fellatio ahora en precio de mercado, y sé que muchas trabajadoras sexuales, de cualquier sexo género, pueden especializarse en esta técnica que requiere sólo entusiasmo y gusto por el pene. Como siempre he dicho, quien mama es porque le encanta.

Las felatrices en la antigua cultura egipcia sólo se dedicaban a eso: a proporcionar placer a sus clientes con la boca con técnicas en las que se especializaban destacando en la succión y el vacío, que hacían con la lengua, labios y la boca toda, para que el falo sintiera a lo largo y grueso de su anatomía la caricia. Se pintaban la boca de rojo además, lo que ha de haber dejado aquellos miembros en color de carne viva.

Las romanas del imperio también eran unas buenísimas felatrices y gracias a la minuciosa categorización de las trabajadoras sexuales en Roma, podemos intuir que el acto de chupar estaba incluida en sus tareas si querían recibir una cuota extra.

El problema de los romanos con la mamada, es que, a diferencia de los egipcios quienes gozaban cualquier manoseo y extravagancia en el sexo, éstos consideraban a la felación un signo de sobajamiento. La persona que aplicara su boca en el pene romano, forzosamente adquiría una posición de sometimiento. Sus prejuicios sobre poner bocas en sus genitales, era tal, que era un acto impuro de castigo si se conocía que se ejecutaban estas prácticas. Pero a la hora de hacerla o recibirla, nadie le hacía gestos.

En otras culturas más antiguas, como en la fenicia, las mujeres hacían felaciones y mantenían prácticas sexuales con cualquiera, si ellas estaban en los templos. Esto incluía todo el paquete, mamada, coito o fajes, porque ellas estaban dedicadas al sacrificio religioso, en base a la entrega de su cuerpo para alabar a sus diosas de la fertilidad.

Del templo a la calle no había mucha distancia, entonces las mujeres que se ofrendaban a extranjeros, a los sacerdotes y a aquellos que quisieran. Recordemos que el trabajo sexual sólo existe porque hay personas que demandan ese servicio de otr@s.

Las felatrices nos enseñaron a lo largo del tiempo a administrar el poder de rodillas, prendida al pene de un señor con la boca, pero de lo que nunca hablaron es de la forma en que administraban las eyaculaciones, lo cual me hace imaginar el horror de todas aquellas mujeres que sólo tragaron, porque eran el receptáculo. Quizás las más listas, escupían. Es lo mejor, aunque no lo óptimo.

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El registro de muchas prácticas sexuales prehispánicas, por ejemplo, quedaba claro en las pocas imágenes que se han mostrado sobre las prácticas sexuales de nuestros antecesores, pero no es nada extravagante encontrarnos con falos por todos lados, ya que éstos representaban la fertilidad, el poder y un órgano que regulaba el orden cósmico. Como sucedía con los egipcios, con su Osiris creado a partir de una soplada que le dieron en el pene, y lo mismo con Tlazotéotl, uno de los dioses más lujuriosos y traviesos, de origen huasteco. En las culturas antiguas se hizo el gusto por la felación debido a su poder: quien cierra con su boca al pene está controlando no sólo la mamada, sino la eyaculación. Esa idea del sometimiento romano, sólo eran ganas de hacerse el apretado.

Las más famosas felaciones, quizás ni eran tan buenas, sólo eran célebres, como las que decían aplicaban la emperatriz y zarina rusa Catalina La Grande, quien no le hacía caritas a cualquier miembro. Tragaba impunemente por todos sus orificios naturales, y hay muchas leyendas hórridas de lo que le hacía a sus sirvientes y hasta a sus caballos. Otra felatriz famosa fue Cleopatra, que ha sido mitificada en casi todas sus habilidades y bellezas, pero algo habrá hecho bien porque le apodaban de muchas formas que hacían alusión de que era buena para la trompeta.

Ahora los secretos sobre la mamada radican en hacérsela en estos tiempos, a personas que no vayan a transmitirnos infecciones de transmisión sexual y usar condón. De ahí en fueran, préndanse.

 

 

Cabeceando: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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El poder está en nuestras piernas

Las mujeres sabemos que nuestras piernas, más allá del culo, de los senos o de la genitalia, es lo que nos empodera. Son un símbolo de entrada y de salida del universo. Las piernas de las mujeres tenistas, querido público, son de otro planeta. Perfectas como la foto de un caballo perfecto. Nada de exageraciones musculocas ni de mamilencias grecolatinas: piernas súper poderosas que en cualquier posición lucirían como estudio de anatomía medieval.

Y en las piernas andaba yo, al recordar la película “Battle of the sexes” (“La batalla de los sexos”) que es la crónica de un épico partido de tenis que se realizó en 1973, entre Billy Jean King una mujer y Bobby Riggs, un señor. Ambos iban a dis

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putarse, además de un premio de 100 mil dólares, la supremacía en el tenis. Una de esas mamilas y antiguas competencias de: ¿quiénes son mejores en todo? ¿los hombres o las mujeres?

La posición de competencia de la binaridad o la lucha entre hombres y mujeres es un conflicto de poder desde que las personas existen. Quiénes son más infieles, chismosos, tontos, perezosos, mejores en la crianza han sido algunas de las justas que se han planteado entre los dos sexogéneros de la binaridad sexual heterosexual y cisgenérica.

Aquel partido de tenis de los locos setentas cuando jugaron King y Riggs fue definitorio para la historia de las mujeres en el mundo, no sólo porque la mujer tenista número uno del mundo vencía al tenista hombre multipremiado por su carrera deportiva, sino porque sucedió en una década famosa y proactiva hacia el feminismo. Que dicho sea de paso, feminismo, fue la palabra de 2017, según el diccionario Merriam Webster, me acabo de enterar.

En la película de la batalla de los sexos, Emma Thompson interpreta a la tenista Billy Jean King y aunque no posee las piernazas originales de King (la verdad es que eso a mí me importa mucho), le imprimió una gran fuerza al personaje que representó la tenista para ese deporte y para las mujeres del mundo.

Ese momento histórico de la batalla de los sexos en los setentas fue patrocinado por una serie de eventos machistas y bastante burlones sobre lo que eran las mujeres, que las querían devolver a la cocina y al mundo del servicio doméstico sin paga y mantenerlas en el mundo de sólo son bonitas y no abran la boca.

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Y a ello agréguenle que Billy Jean King apenas logró librar el escándalo, ya que en los triunfos del tenis andaba, cuando conoció a una morra que le gustó mucho, y ahí fue cuando supo que su amor por la tortita de atún, podría llevarla al horror. Hacía unos pocos años antes, el sexólogo Alfred Kinsey había sido defenestrado de la ciencia por mostrar un amplio estudio sobre las lesbianas en Estados Unidos, una población marginada y escondida. Luego se salió del clóset Billy Jean y vivió muy feliz con su esposa, tras un saludable y muy civilizado divorcio de su esposo Larry. De esas cosas que un@ no comprende cómo puede existir ese nivel de respeto.

Bobby Riggs, el tenista número uno de los años 40 en el mundo, fue un fiero oponente y de muchos arrestos, ya que con 55 años de edad le dio batalla a Billy Jean de 29, quien era una poderosa maquinilla con un brazo parte huevos, que definitivamente no pudo combatir Riggs, quien ya se veía bastante desvencijado al terminar la gesta en la que perdió.

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Ese partido, aunque no fue de caballeros, si fue honorable, pese al tonto Riggs quien se la pasó de hociconié en hociconié antes del juego, hasta que le sembraron los dichos en la cancha. Cabe mencionar que el mayor mérito de la película con Emma Thompson, fue lograr que viese matchs de tenis aunque fuese en pedacitos, porque la verdad no es de mis deportes preferidos. Pero su valor como documento de la historia del feminismo en Estados Unidos, es una de las mayores medallas que se puede adjudicar la actriz y sus realizadores Jonathan Dayton y Valerie Faris.

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Piernas:elia.martinez.rodarte@gmail.com

Las piernas bien abiertas

abreLa conclusión de esta columna es: cierren las piernas, señores. No son esos cojones tan amplios para llevarlos campaneando. Nadie lo cree.

Cada día mientras nos transportamos, encontraremos a un bato que a fuerzas debe viajar cualquier trayecto, abierto de piernas en su asiento, mientras va sentado, abarcando espacios de otras personas, mujeres, menores, niños, bultos. Rara vez lo hará en perjuicio de otro hombre, porque hasta eso, nada más la cara tienen: los varones que invaden otro espacio se comportan como lo hacen algunos mamíferos en sus hábitats naturales.

No van a irle a rascar los cojones a otro tipo que va sentado en el asiento de junto, porque saben con quién pasarse de veras en el metro, el camión, o en cualquier sistema en el que deba un@ arrenalgarse junto con nuestros presuntos semejantes.

Ahora que Estados Unidos se ha vuelto una tierra de odio creciente y prejuicios galopantes, el llamado manspreading se ha convertido en la forma en cómo muchos inician la violencia racista o sexista. Manspreading es cuando un señor va con las piernas abiertas en su asiento del transporte público, invadiendo los espacios de las personas que están junto a él.

Las anécdotas en México sobre estos tipos invadiendo terrenos ajenos, se convierten en virales, porque los vemos abiertos de patas en videos, fotos, memes, burlas de cualquier índole porque no nada más se despatarran, sino que viajan en la impunidad, como quien hace su graciosada. Es una construcción mental difícil de desterrar de la mente masculina, que ordena al individuo a expandirse en el asiento por su pesado equipo entre las piernas.

No creo que haya disminuido este fenómeno pese a los continuos señalamiento del mismo e incluso su nominación como cualidad de  un acosador o abusador.

Por más que ellos intenten defender ese espacio, y quieran atribuir a unos huevos grandes la necesidad de orear el escroto, debemos de estar conscientes de lo básico de ser civil y de vivir en una civilización.

El colmo del manspreading en los videos en internet, fue la friega que un hombre afroamericano le pone a una mujer, rompiéndole el  labio de un puñetazo, porque ella reclamaba su espacio. Manotearon, se gritaron y al final el invasor de asientos hubo de ser sacado del vagón. El agresor no sólo golpeó a la mujer, sino que amenazó con violarla, como había hecho con muchas otras, según dijo. Esto en el metro de Nueva York, un transporte muy similar al de la CDMX, en donde se recorren largas distancias y conexiones.

El mansepreading o la aperturación de piernas de los señores no sólo es una transgresión y un acto de violencia, sino que además es la puntita del acoso sexual y de los tradicionales y hórridos tocamientos en los transportes públicos.

Al nosotr@s tolerar el manspreading, o abrirse de piernas en el transporte, estamos también abriendo la puerta a criterios más laxos en el intercambio y frotamiento de cuerpos.

Es de la cotidianeidad ver a señores con el pene frotando a alguna entidad humana que se deje. De la aproximación de las piernas se pasa al manoseo y a atascarse en donde se pueda, porque la convivencia en un transporte es un acto de sobrevivencia continua. Y ahora, cuidando las pertenencias de un@ porque la banda anda bien ratera últimamente.

Estamos en otro capítulo de andar con el tafanario hacia la pared en el transporte público, que es uno de los ambientes más pesados de lo cotidiano, por la impunidad con la cual muchos batos se conducen tocando nalgas, recargándose en morras o señoras, arrimando el bulto a donde se pueda. Ojalá pudiese haber un rincón de este país en donde podamos estar en  paz y sin estar en guardia de que no te agarren las nalgas o un seno. Esa es la realidad del transporte en lo cotidiano.

No estamos en un pacífico país en el cual podamos zafarnos sin broncas de un abusador, un acosador e incluso de ese señor que le encanta ocupar con las piernas abiertas, el espacio de un asiento y medio. Hay que señalarlos.

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Agarrón: elia.martinez.rodarte@gmail.co

 

 

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La muerte de la coneja…

Lo único que quedaba de Playboy era Hugh Hefner y ya ha muerto. Hace poco dizque eliminó los desnudos de su publicación. Ya no era Playboy, sino una falsa adaptación a los nuevos tiempos de una publicación rebasada por la exposición de vulvas más abiertas y senos más expuestos, y de forma masiva. También había algún valor literario, los textos serios, emblemáticos de la revista, en Estados Unidos sobre todo.

El feminismo le debe el origen de muchas de sus causas a Hef, quien estaba destinado a ser el personaje controversial que empoderó, convirtiendo en objetos claro, el cuerpo y la identidad femenina. Muchas le sacaron provecho, hubo otras historias trágicas también, como el suicidio de Anna Nicole Smith, una de las conejitas más famosas, el del padre de una playmate rumana, quien no pudo soportar el estigma de una hija desnudista, y últimamente, la estrambótica vida poliamorosa y la boda cancelada del magnate, habían sido episodios de su últimos escándalos.

Por supuesto que Hef convirtió a las mujeres en objetos de culto y morbo, además de apadrinar muchas pajas. Hugh Hefner es el padre de la masturbación mundial desde 1953, cuando publicó por primera vez su revista, aquella con esa enorme doble página con fondo color sangre y enmedio la Marilyn Monroe como una flor abierta. Empezó como debe empezar cualquier obra de arte: con un inicio contundente como una cachetada.

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Es muy afrentoso llamar a una revista Playboy como obra de arte, pero sin duda, planteó una nueva interpretación del desnudo del cuerpo femenino. Estas playmates eran producto del recuerdo de las pinups de los años cuarenta que vio el adolescente Hefner, quien sólo podía leer publicaciones y ver mujeres eróticas en pocas ropas en casas de sus amigos. En un estricto hogar de muy poca afectividad, Hefner no encontró el estímulo creativo para la pasión de su vida, pero aprendió por el ejemplo, lo que le iba a llevar a realizarse en su aspecto artístico. Su padre y madre, personas educadas de clase media trabajadora, laboraban la semana entera con una disciplina esclavizante, que luego Hefner aplicó en su trabajo editorial.

Obsesivo compulsivo hasta un pragmatismo enfermizo, se prestó para un reality millonario que narraba la vida de sus presuntas novias. Hefner, pese a ser llamado un revolucionario sexual, un conquistador, un adalid del erotismo, el padre de todas las puñetas, y como más les guste llamarlo, no era un ente sexual. Es más, hasta me atrevería a decir que ni era bueno en el meneo, ni le llamaba la atención y sin duda abandonó cualquier idea del erotismo al usar permanentemente esa bata del Tata, que tan famoso lo hizo.

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¿Usó como nalgas viles y tetas de adorno a las mujeres el magnate Hefner?: obvio. Aprovechó el babeamiento masivo masculino para hacerse millonario y para darles carne a los felinos hambrientos, creando celebridades y mostrando la piel de las mujeres más increíbles del planeta, no sólo por su belleza, sino por su aspecto controversial.

Sin embargo, quiero pensar que como Rubens, Goya, Frieseke, Delacroix, Picasso, Dalí (quien hizo una sesión para Playboy), Tiziano, Monet, Mapplethorpe y otros muchos artistas, Hefner al no serlo, buscó a fotógrafos que le dieran a su revista, un planteamiento innovador de la figura femenina desnuda. Por ello, la revista Hustler intentó llenar el hueco de ausencia vulvar obscena de Playboy, poniendo el coño como elemento principal, lo que llevó a Larry Flint a su protagónica batalla contra la censura.

Una parte del siglo pasado termina con Hugh Hefner y su legado sirvió para revalorar la estética del cuerpo femenino, en un sentido crítico y de empoderamiento: ahora ya todas sabemos cuándo, porqué y por cuánto, si queremos, enseñar las nalgas, una alternativa que el feminismo otorga, porque cada quien su tafanario…

Lo que sigue ahora no tiene nada que ver con un señor añoso en bata intentando bailar a gogo con güeras Barbie: la era Playboy se ha terminado con Hefner.

Nos vemos en las redes sociales en Facebook, Twitter y en http://www.ivaginaria.wordpress.com Los invito la semana que vienen a ver mi ponencia sobre las mujeres vampiras en el Claustro de Sor Juana.

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Play-boy-bye: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Incesto: es lo “normal”

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El incesto es de todos los días

Una relación incestuosa es una que no es casta. En su etimología lo dice y lo condena desde su significado, y en lo cotidiano, es la relación sexual entre consanguíneos, de forma ascendente, descendente y entre herman@s.

Es una “prohibición” convencional humana ancestral que es debatible en todo el planeta, pese a que el incesto es una de las formas de agresión sexual más comunes. Y el factor de género, revictimiza aún más a las personas, en especial ante los muchos embarazos de criaturas con responsabilidad de preñamiento de sus mismos familiares.

Entonces una relación incestuosa es un cúmulo de transgresiones y de agresiones de un familiar hacia otr@, dependiendo del poder que éste o ésta ejerza sobre su víctima. Pero en realidad el incesto es tabú porque no es benéfico para la reproductividad de las personas, debido a los trastornos genéticos que implica el producto de la relación sexual entre parientes muy cercanos. En la convivencia social familiar el incesto es la forma en la que se distorsionan y degradan los roles de cada pariente. Las agresiones derivadas de un incesto, victimizan a niños y a niñas, y en general a las mujeres, en ámbitos privados. La mitad de las agresiones y violencia de género sucede al interior de las viviendas de las víctimas.

En occidente la visión de la interacción sexual coital o de caricias entre parientes, también la regula la religión, cosa que los prelados católicos hasta ahora ven con azote, porque las cortes europeas están edificadas en base a relaciones incestuosas que entablaban para realizar alianzas estratégicas entre reinos. La iglesia siempre les dio su bendición e incluso es célebre el incesto en el caso de algunos papas, empezando con el patriarca de los Medici.

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En mi consideración, la prohibición del incesto es sólo la barda que nos divide de los monos bonobos.

En Europa y en Estados Unidos circula ahora un libro escrito por una autora anónima, periodista y escritora, que relata la relación incestuosa que vivió con su padre, narrando la forma en que sobrevivió a la agresión sexual durante años, hasta que tuvo 21.

“Diario de un incesto” de Malpaso Ediciones en la traducción al español (el original es en inglés), es un volumen presuntamente de una persona real, que narra en poco más de un centenar de páginas, la agresión, el abuso, pero también la conveniencia e incluso placer que esta persona vivió durante 18 años de su vida en una relación sexual tabú e ilícita. La madre fue cómplice silenciosa, el hermano trató de que eso no fuera verdad y miró hacia otro lado y las personas de confianza de la autora lo manejaron como un problema que la víctima debía tratar de superar a como diera lugar, normalizando la violencia sexual de un padre hacia una hija. No es normal en ninguna circunstancia el abuso sexual, incluso aunque pareciese consensuado o acordado. Las personas que sufren de abuso sexual, tocamientos, coitos o relaciones sexuales por parte de sus familiares, conceden o aceptan por temor y porque ejercen poder sobre ell@s.

En “Diario de un incesto” la autora cuenta en primera persona los abusos y la concesión de la relación sexual sin ninguna restricción, lo cual lo convierte en una narración cruda y un testimonio terrible de la realidad de muchas mujeres en el mundo, que quedan marcadas de por vida.

negroEste libro que ya se perfila como el escándalo editorial del otoño, hace visible un problema que incluso, no es de un estrato social ni condición económica. Muchos creen que el hacinamiento y la pobreza son detonadores de la violencia sexual en el hogar, pero es una trangresión humana sin importar las circunstancias.

Curiosamente en países civilizados y vanguardistas, el incesto no es un delito siempre y cuando los parientes no se casen como Japón, España, Francia, Turquía, Rusia, China, Israel y algunos estados de Estados Unidos. Hace 10 años Suiza vivió una fuerte controversia al intentar legalizar el incesto, como una forma de respetar la vida sexual y la elección de pareja de sus ciudadanos. El escándalo se armó, en especial por la protección a los menores.

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Misma sangre: elia.martinez.rodarte@gmail.com