“La forma del agua”: poema de romance y zoofilia y su versión original “plagiada”, también…

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La forma del agua: ¿zoofilia?

El amor entre una mujer y criaturas mitológicas, animales, monstruos y similares, es uno de los lugares comúnes del “romance” y la ficción, quizás de los más controversiales. Zeus en forma de toro o de cisne levantaba morras contra su voluntad y les hacía chamac@s. La Bestia anduvo e hizo la avería a Bella. Shrek intentó sabrosearse a la princesa cuando todavía no era ogra. “La mujer y el monstruo” (“Creature from the black lagoon, 1954”) un clásico del cine de horror fue una de las cintas que se supone inspiraron a Guillermo del Toro para recrear esa relación humana-animal en “La forma del agua”, una historia de amor muy sui generis, pero no originalísima y sí arquetípica.

“La forma del agua” de Guillermo del Toro, su opus magna nominada al Oscar recrea este antiguo romance de las mujeres y los monstruos. Es una versión romántica del género de “Chabelo y Pepito contra los monstruos”, que ha recibido todos los laureles y muy merecidos. Sally, una mujer que se dedica a la limpieza y Doug, el humaoide anfibio, entablan una relación emocional y afectiva, transgrediendo las barreras de la semántica y sin duda entablan un nexo zoofílico. El acuático se encuentra preso en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. Aunque exista una evidente parafilia, con sesgos de sensualidad e intimidad, los personajes de esta versión de Del Toro, encarnan un ballet con una carga erótica cuasitimburtoniana. Oscura. Estoy cierta que cada fotograma de esa película es una nota precisa. Es preciosista.

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Guillermo del Toro ganará ese Óscar. Si la sombra de la acusación de plagio que pesa sobre la historia de “La forma del agua” no oscurece la nominación. Cuando presentó “La invención de Cronos” en los locos noventa, conocimos a un director congruente y ya con una muy pulida ars poética en sus películas. Creo que es un artista honesto. Pero ante la morbosidad generada por la demanda de los descendientes del dramaturgo Paul Zindel, quienes se adjudican la versión original que obvio no es atruibuida por Del Toro en su cinta, la tuve qué ver.

En el año que más os gusta, 1969, se estrenó “Let me hear you whisper” (“Déjame escucharte murmurar”) de Zindel, un cinedrama muy peculiar en el cual una empleada de limpieza en una instalación en los oscuros tiempos de la guerra fría se encariña con un delfín al cual tenían preso para someterlo a experimentos linguísticos. Ella toma la decisión más difícil: liberar a su amor antes de que lo exterminen. 

Temo decir que si hubiese un zoofiliómetro, aunque se dan un tiro, “Let me hear you whisper” gana de calle con ese bizarra filia de la señora de la limpieza con el delfín, aunque no se dan cariño como en “La forma del agua”. Hay una escena en donde la mujer es sorprendida abrazando al delfín , cobijados innecesariamente por una cortina de laboratorio: estaba tratando de sacar al acuático mamífero, quien le expresó su voluntad de huir a casa, al mar. Contrariamente a “La forma del agua”, en la cual el abordaje es como un bordado de Mary Shelley (la autora de Frankenstein), “Let me hear you whisper” es un poco más elemental y minimalista, con su hermosa estética sesentaynuevera, bella cual ninguna.

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escena de Let me hear you whisper…el delfín no tiene desperdicio, es sumamente gracioso. Es muy senshible…(hasta en marioneta…)

El problema de estas dos historias, querido público, es que según la demanda de los herederos del dramaturgo Zindel hay 69 similitudes entrambas obras. Y no hay que ser un súperdotado para ver dicha verdad. Desde el principio de la película. Del Toro niega cualquier plagio, se defiende con la congruencia de la conciencia tranquila (esperemos no ignorancia o indolencia). Estas dos historias de amor interespecies, con suaves aromas zoofílicos poco corrosivos, son hermosas y nos demuestran cómo el género más humanista de las letras, el de la ciencia ficción,  nos abre la entraña humana y nos obliga a mirar dentro de ella.

Me pregunto si entre las similitudes de la denuncia de plagio se menciona que tanto hombre anfibio de “La forma del agua” y el delfín de “Let me hear you whisper”, la presunta historia original, poseen respetables falos. Eso dicen…

Amé al delfín animatrónic 69: elia.martinez.rodarte@gmail.com

 

 

 

 

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Las piernas bien abiertas

abreLa conclusión de esta columna es: cierren las piernas, señores. No son esos cojones tan amplios para llevarlos campaneando. Nadie lo cree.

Cada día mientras nos transportamos, encontraremos a un bato que a fuerzas debe viajar cualquier trayecto, abierto de piernas en su asiento, mientras va sentado, abarcando espacios de otras personas, mujeres, menores, niños, bultos. Rara vez lo hará en perjuicio de otro hombre, porque hasta eso, nada más la cara tienen: los varones que invaden otro espacio se comportan como lo hacen algunos mamíferos en sus hábitats naturales.

No van a irle a rascar los cojones a otro tipo que va sentado en el asiento de junto, porque saben con quién pasarse de veras en el metro, el camión, o en cualquier sistema en el que deba un@ arrenalgarse junto con nuestros presuntos semejantes.

Ahora que Estados Unidos se ha vuelto una tierra de odio creciente y prejuicios galopantes, el llamado manspreading se ha convertido en la forma en cómo muchos inician la violencia racista o sexista. Manspreading es cuando un señor va con las piernas abiertas en su asiento del transporte público, invadiendo los espacios de las personas que están junto a él.

Las anécdotas en México sobre estos tipos invadiendo terrenos ajenos, se convierten en virales, porque los vemos abiertos de patas en videos, fotos, memes, burlas de cualquier índole porque no nada más se despatarran, sino que viajan en la impunidad, como quien hace su graciosada. Es una construcción mental difícil de desterrar de la mente masculina, que ordena al individuo a expandirse en el asiento por su pesado equipo entre las piernas.

No creo que haya disminuido este fenómeno pese a los continuos señalamiento del mismo e incluso su nominación como cualidad de  un acosador o abusador.

Por más que ellos intenten defender ese espacio, y quieran atribuir a unos huevos grandes la necesidad de orear el escroto, debemos de estar conscientes de lo básico de ser civil y de vivir en una civilización.

El colmo del manspreading en los videos en internet, fue la friega que un hombre afroamericano le pone a una mujer, rompiéndole el  labio de un puñetazo, porque ella reclamaba su espacio. Manotearon, se gritaron y al final el invasor de asientos hubo de ser sacado del vagón. El agresor no sólo golpeó a la mujer, sino que amenazó con violarla, como había hecho con muchas otras, según dijo. Esto en el metro de Nueva York, un transporte muy similar al de la CDMX, en donde se recorren largas distancias y conexiones.

El mansepreading o la aperturación de piernas de los señores no sólo es una transgresión y un acto de violencia, sino que además es la puntita del acoso sexual y de los tradicionales y hórridos tocamientos en los transportes públicos.

Al nosotr@s tolerar el manspreading, o abrirse de piernas en el transporte, estamos también abriendo la puerta a criterios más laxos en el intercambio y frotamiento de cuerpos.

Es de la cotidianeidad ver a señores con el pene frotando a alguna entidad humana que se deje. De la aproximación de las piernas se pasa al manoseo y a atascarse en donde se pueda, porque la convivencia en un transporte es un acto de sobrevivencia continua. Y ahora, cuidando las pertenencias de un@ porque la banda anda bien ratera últimamente.

Estamos en otro capítulo de andar con el tafanario hacia la pared en el transporte público, que es uno de los ambientes más pesados de lo cotidiano, por la impunidad con la cual muchos batos se conducen tocando nalgas, recargándose en morras o señoras, arrimando el bulto a donde se pueda. Ojalá pudiese haber un rincón de este país en donde podamos estar en  paz y sin estar en guardia de que no te agarren las nalgas o un seno. Esa es la realidad del transporte en lo cotidiano.

No estamos en un pacífico país en el cual podamos zafarnos sin broncas de un abusador, un acosador e incluso de ese señor que le encanta ocupar con las piernas abiertas, el espacio de un asiento y medio. Hay que señalarlos.

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Agarrón: elia.martinez.rodarte@gmail.co

 

 

Incesto: es lo “normal”

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El incesto es de todos los días

Una relación incestuosa es una que no es casta. En su etimología lo dice y lo condena desde su significado, y en lo cotidiano, es la relación sexual entre consanguíneos, de forma ascendente, descendente y entre herman@s.

Es una “prohibición” convencional humana ancestral que es debatible en todo el planeta, pese a que el incesto es una de las formas de agresión sexual más comunes. Y el factor de género, revictimiza aún más a las personas, en especial ante los muchos embarazos de criaturas con responsabilidad de preñamiento de sus mismos familiares.

Entonces una relación incestuosa es un cúmulo de transgresiones y de agresiones de un familiar hacia otr@, dependiendo del poder que éste o ésta ejerza sobre su víctima. Pero en realidad el incesto es tabú porque no es benéfico para la reproductividad de las personas, debido a los trastornos genéticos que implica el producto de la relación sexual entre parientes muy cercanos. En la convivencia social familiar el incesto es la forma en la que se distorsionan y degradan los roles de cada pariente. Las agresiones derivadas de un incesto, victimizan a niños y a niñas, y en general a las mujeres, en ámbitos privados. La mitad de las agresiones y violencia de género sucede al interior de las viviendas de las víctimas.

En occidente la visión de la interacción sexual coital o de caricias entre parientes, también la regula la religión, cosa que los prelados católicos hasta ahora ven con azote, porque las cortes europeas están edificadas en base a relaciones incestuosas que entablaban para realizar alianzas estratégicas entre reinos. La iglesia siempre les dio su bendición e incluso es célebre el incesto en el caso de algunos papas, empezando con el patriarca de los Medici.

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En mi consideración, la prohibición del incesto es sólo la barda que nos divide de los monos bonobos.

En Europa y en Estados Unidos circula ahora un libro escrito por una autora anónima, periodista y escritora, que relata la relación incestuosa que vivió con su padre, narrando la forma en que sobrevivió a la agresión sexual durante años, hasta que tuvo 21.

“Diario de un incesto” de Malpaso Ediciones en la traducción al español (el original es en inglés), es un volumen presuntamente de una persona real, que narra en poco más de un centenar de páginas, la agresión, el abuso, pero también la conveniencia e incluso placer que esta persona vivió durante 18 años de su vida en una relación sexual tabú e ilícita. La madre fue cómplice silenciosa, el hermano trató de que eso no fuera verdad y miró hacia otro lado y las personas de confianza de la autora lo manejaron como un problema que la víctima debía tratar de superar a como diera lugar, normalizando la violencia sexual de un padre hacia una hija. No es normal en ninguna circunstancia el abuso sexual, incluso aunque pareciese consensuado o acordado. Las personas que sufren de abuso sexual, tocamientos, coitos o relaciones sexuales por parte de sus familiares, conceden o aceptan por temor y porque ejercen poder sobre ell@s.

En “Diario de un incesto” la autora cuenta en primera persona los abusos y la concesión de la relación sexual sin ninguna restricción, lo cual lo convierte en una narración cruda y un testimonio terrible de la realidad de muchas mujeres en el mundo, que quedan marcadas de por vida.

negroEste libro que ya se perfila como el escándalo editorial del otoño, hace visible un problema que incluso, no es de un estrato social ni condición económica. Muchos creen que el hacinamiento y la pobreza son detonadores de la violencia sexual en el hogar, pero es una trangresión humana sin importar las circunstancias.

Curiosamente en países civilizados y vanguardistas, el incesto no es un delito siempre y cuando los parientes no se casen como Japón, España, Francia, Turquía, Rusia, China, Israel y algunos estados de Estados Unidos. Hace 10 años Suiza vivió una fuerte controversia al intentar legalizar el incesto, como una forma de respetar la vida sexual y la elección de pareja de sus ciudadanos. El escándalo se armó, en especial por la protección a los menores.

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Misma sangre: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Poner el condón con la boca: tu último truco…

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El condón puesto con la boca

Es una delicia poner un condón en la boca y la verdad es que, los batos se quedan cabras, así como si una acabara de realizar un truco circense. Su caritas de ilusión, aush, son épicas.

Les contaré paso a paso, con muchas venas y látex, cómo se desenrolla un condón utilizando la cavidad bucal, los labios, la lengua y malamente, los dientes, algunes.

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Es encantador aventarse ese tiro, pero es la forma más insegura de utilizar un condón en un pene. Es decir, si después de desenrollarlo con labios y dientes, pretenden montarse en ese falo y pompear, en un rango entre duro y muy salvajón, diría que no es recomendable.

Los condones al ser desenrollados con la boca posiblemente sean mordidos o rasgados por los dientes, y un condón rasgado es inútil y no tiene caso. Deben de practicar con muchos condones para lograr el desenrollado perfecto, que de hecho debe ser ejecutado sólo con los labios, presionando el tallo con la lengua un poco para que el hule se acomode a los lados del hermoso pene.

Los labios, los dientes y la lengua interactúan de una manera que son éstos los que hacen el forrado, pero por muy manos libres que se sientan, deben intervenir los dedos en algún momento. No todes son tampoco muy garganta profunda para instalar el condón en penes muy largos, pero si alguien les dice que no batallaron para poner el condón con la boca hasta el fondo, es que, o está de tamaño mediano a bajo o que no estaba muy erecta, lo cual es un sinsentido.

Al coronar el pene para poner un condón, la punta del hule se aprieta, en el receptáculo para el semen, para que quede espacio para los espermatozoides cuando salgan. Esta operación es complicada y no factible de realizarla con la boca si no se ayudan con la mano. Si no realizan el movimiento de dejar el receptáculo del aire libre para la esperma, ni se molesten en pompear con ese preservativo y menos si el señor anda muy cargado.

Una de las misiones del condón es preservar el semen dentro del látex o silicona, y sabemos que la presión de la malteada puede romper el condón, o sacarlo, o desbordarse en los casos escandalosamente lácteos.

No es la forma correcta de utilizar el condón, aunque nos encante ponerlo con la boca. Y llos en su infinita sabiduría sobre el guiaguis, van a llevar tu boca hacia su pene todas las veces que les sea posible. Sin meter siquiera las manos.

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Al deslizar el condón por el pene, la boca puede lastimar su material y no guarda espacio para la eyaculación. No es una forma segura de utilizarlo, pero quizás en el juego sexual, sea nutricio y divertido. No estaría mal probar con condones de sabores y con texturas para la lengua. Nuestro órgano pulposo como lo es la lengua, es hipersensible y es el catador de nuestra alma, entonces a mamar con alegría.

Existen algunas leyendas urbanas sobre gente que se ha atragantado con un condón o se broncoaspira con el mismo, pero suena a mucho descontrol o a sexo ya muy borrachos. Sigan su instinto hacia un fornicio, coito y meneo seguro y saludable: piensen y busquen la seguridad de sus parejas sexuales antes de meterles por el ano un desodorante o de que intenten levantarles en peso.

Recuerden también que el condón es un método de barrera y la idea es que separe al pene con el látex, de nuestros hoyos naturales. Esto incluye a la boca, la cual sí toca a la piel desnuda del pene cuando se desenrolla el preservativo, lo cual es riesgoso si es sexo casual o alguien que no conocemos bien. El condón no nos protege del virus del papiloma humana, del herpes, úlceras o verrugas genitales, por ello hay que cuidar cuando rondamos esa zona con la boca.

Vi algunos videos y tutoriales sobre cómo ponerlo, y sólo me quedó claro que ya muy poca gente sabe mamar bien, pero de que sigue siendo el pene, el preferido de todos los tiempos, es verdad. Sólo hace falta ver qué manera de tragar…

 

Te conviene: elia.martínez.rodarte@gmail.com

Para verte mejor…

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Fornicio frente al espejo: etiqueta

A muy pocas personas les gusta verse desnudos. Salvo una morra que vi caminando desnuda por el Zócalo hace mil años durante la fotografía de Spencer Tunick, a nadie he visto conducirse con tanta seguridad sobre su cuerpo. Ella iba encuerada, pelos púbicos al aire, como si fuera a cobrar un cheque de un millón de dólares.

A nadie más he conocido que se conduzca con más garbo en la desnudez en un ambiente de nudismo en vivo. Las teiboleras, bailarines de contemporáneo y otres que se encueran en escena, dominan a su cuerpo como el instrumento de arte que es.

Así debemos actuar frente al espejo mientras forniciamos: como si estuviéramos bien buenotes. No nos queda de otra.

Tener actividad sexual frente a un espejo es un acto de voyeurismo y de exhibicionismo a la vez. Nadie sabe qué es lo que le gusta más hasta que lo experimenta. Un buen ejercicio previo para las mujeres, incluso para conocer mejor la genitalia, es masturbarse frente al espejo. Para saber en dónde tocarse, para saber cómo operan nuestros genitales incluso: una puede observar su propio orgasmo en el espejo, porque somos entidades punzantes.

Así mismo los hombres, pueden ensayar con una paja ante el espejo aunque sus órganos sean expuestos y visibles. La manuela observada puede ayudarles a controlar la eyaculación, a ver las reacciones de su pene mientras se va poniendo duro, cómo les gusta jalarla y también es un ejercicio de tino: pueden echar el semen y tratar de controlar el chorro, por ejemplo, si quisieran tirarlo encima de la cara de alguien y no darle en los ojos, o en la espalda pero que no caiga en el pelo: que aterricen los pececillos en donde mejor les guste de acuerdo a la dirección.

Estos actos que pueden parecer tan ordinarios, ayudan a empoderarnos sobre nuestra genitalia y nuestro cuerpo en sí.

Sin duda el espejo fue acomodado en las alcobas de moteles y hoteles, en echaderos y en sitios sexuales como nuestro cuarto, como una manera de multiplicar el placer exhibicionista y voyeurista. El equivalente sería ver un poco de pornografía mientras un@ se avienta el coito, pero lo importante del espejo es el recreo del placer.

El espejo, como eco del ego, nos devuelve la realidad. Entonces hay que asumirla, como las posiciones y ensayarlas. Nadie dice que va a ser bonito que ustedes de pronto volteen a ver cómo es en verdad su culo, o cómo lucen abiertas de piernas en pose de revista pimienta. Pero la aceptación del cuerpo y sus asegunes, siempre nos conduce a un mayor control del placer.

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La mayor parte del éxito del fornicio, del coito, de fajar rico, consiste en sentirse bien buenos, y con el espejo pueden tambalearse algunas inseguridades, pero si fornician y sienten mirándose al espejo, liados con su compañeros sexuales, se empodera uno mism@ ante la visión de la corporeidad.

Nuestro cuerpo es el vehículo del fornicio. Hasta en las experiencias tántricas y en el sexo virtual, el cuerpo ejerce la actividad sexual y erótica y es el primer receptor se las sensaciones. Ver las reacciones corporales, gestos, apretamientos, pompeos, empinaciones, caricias y fajes, besos y felaciones frente a la imagen que nos devuelve el espejo, nos ayuda a mejorar el abordaje del sexo.

Masturbarse juntos frente al espejo. Realizar el 69. La posición de perrito. El misionero. Cualquier ejecución que realicen observénla y ensayen cómo quieren verse y desde qué ángulo abordar.

Acomoden a sus parejas de forma en que ustedes vean también lo que más les guste en el espejo, mientras pompean o maman, porque eso también es parte de las porras que uno mismo se echa cuando está forniciando.

Sin duda la gente le pone más galleta a la actividad sexual cuando se mira en el espejo, y mientras más se acomoden a la visión de su cuerpo desnudo ensartado encima de otro, mejor será la experiencia.

No presionen a las personas que no les guste desnudarse a ponerse en posición de rana frente a un espejo, porque puede ser una experiencia intimidatoria. Desnudarse es gradual, porque también quitarse la ropa es parte de la entrega.

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Otra dimensión: elia.martinez.rodarte@gmail.com