Estamos en el mes del orgasmo…

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Hazte responsable de tu orgasmo

Otra de las múltiples facetas de la culpa, es que además de que nadie se la quiere echar, es bastante gratificante echársela a alguien más. Haremos lo que sea por empinar al otro, antes de caer un@ mismo. Eso también es parte de saber utilizar la culpa, pero en el fornicio, ahí sí nos atoramos, porque el orgasmo, la venida, la eyaculación y lo que se llama muerte chiquita, es responsabilidad de cada persona.

En el momento en que culpamos a otr@ por nuestra ausencia de orgasmos, estamos negando la mitad de nuestra responsabilidad en el acto, porque el fornicio se ejecuta entre dos o más. Uno sólo es puñeta, pero el que debe trabajar su orgasmo es un@ mismo.

Los hombres no tienen bronca con eso, a menos que sean eyaculadores prematuros o de esos que se prolongan en la fricción y no concretan. Ellos son buenos para producir sus orgasmos y sus eyaculaciones, porque se han concentrado en ello, desde que sus dedecillos tocaron al miembro.

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El problema de las mujeres es que algunas batallan más para encontrar su punto, porque han desarrollado la idea errónea de que “el hombre las debe complacer”.

Este pensamiento egoísta sólo genera amantes muy flojas que sólo se acuestan para que se les monten, que los hombres sean menos creativos y a que no haya diversidad ni diversión en el acto sexual.

En internet comparto material que me envían los lector@s, pero cuando no estoy de acuerdo, los ignoro, como el clamor de una de esas páginas de panochas asesinas, que quieren echarle la culpa de todo a los batos y sólo refleja un retroceso en la lucha feminista, que tan trasijada está. Ellas dicen que las mujeres que no tienen orgasmos deben decirle a su compañero que lo están haciendo mal. El no asumir la responsabilidad del orgasmo como una fabricación propia, es abandonar a su suerte al cuerpo y a la genitalia.

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Cuesta trabajo para una mujer producir su orgasmo, pero sólo lo logrará con aspectos básicos, en los que debe de estar siempre concentrada. El bato o su morra si eres lesbiana, jamás lo podrá hacer todo perfecto, y en las buenas y en las muy malas, una debe complacerse a cómo de lugar. Sí me ha pasado en ocasiones que sólo digo: a ver un rapidín sólo para pasar la urgencia. Y voy a mi leve pompeo y en breves minutos ya estoy. Como subirse y bajarse de un carrusel. A cambio una da lo mismo. El orgasmo es de quién lo trabaja.

Pero para sentir rico deben asumir que el orgasmo, primero que nada, no se relaciona ni debe relacionarse con la reproductividad, ni con el venirse juntos, ni de que venirme ya para que el pobrecito termine. Ustedas se me vienen una tras otra y todas las posibles, porque el orgasmo femenino es más potente y hay que marranearse con voracidad en ello porque es único cada vez. Muchas manipulan, retrasan y hasta prescinden de venirse, porque no me vaya a embarazar, o para que él termine o para lograr el clímax al mismo tiempo. Dejen a los orgasmos salir y producirse, porque al universo entero le hace bien.

Una mujer que le echa la culpa a otra persona sobre su ausencia de orgasmos, probablemente sea una pobre masturbadora de sí misma. Una es la mera reina de su vulva y de su vagina, y sabe cómo alimentar al mostro con los dedos y con los juguetes especiales de mamá.

Es importante que para la actividad sexual una asuma un rol “interno” que la haga triunfar en emocionantes venidones. Esto se resume en dos actividades básicas: una siempre está bien buena (en su mente, aunque sea por esos minutos de excitación sexual, porque sé que eso se nos dificulta a veces…) y la segunda actividad es la narración: vayan contándose en la mente lo que van a hacer en ese fornicio, como su propia novelita porno en su sucia mente. Yo he invocado miles de veces a los muchachos del camión de la basura y vieran qué felicidad…Una misma hace el orgasmo y es responsabilidad y empoderamiento lograrlo. Nos vemas en las redes, querido público, en esta semana del orgasmo.

Vinendo ando: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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Para verte mejor…

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Fornicio frente al espejo: etiqueta

A muy pocas personas les gusta verse desnudos. Salvo una morra que vi caminando desnuda por el Zócalo hace mil años durante la fotografía de Spencer Tunick, a nadie he visto conducirse con tanta seguridad sobre su cuerpo. Ella iba encuerada, pelos púbicos al aire, como si fuera a cobrar un cheque de un millón de dólares.

A nadie más he conocido que se conduzca con más garbo en la desnudez en un ambiente de nudismo en vivo. Las teiboleras, bailarines de contemporáneo y otres que se encueran en escena, dominan a su cuerpo como el instrumento de arte que es.

Así debemos actuar frente al espejo mientras forniciamos: como si estuviéramos bien buenotes. No nos queda de otra.

Tener actividad sexual frente a un espejo es un acto de voyeurismo y de exhibicionismo a la vez. Nadie sabe qué es lo que le gusta más hasta que lo experimenta. Un buen ejercicio previo para las mujeres, incluso para conocer mejor la genitalia, es masturbarse frente al espejo. Para saber en dónde tocarse, para saber cómo operan nuestros genitales incluso: una puede observar su propio orgasmo en el espejo, porque somos entidades punzantes.

Así mismo los hombres, pueden ensayar con una paja ante el espejo aunque sus órganos sean expuestos y visibles. La manuela observada puede ayudarles a controlar la eyaculación, a ver las reacciones de su pene mientras se va poniendo duro, cómo les gusta jalarla y también es un ejercicio de tino: pueden echar el semen y tratar de controlar el chorro, por ejemplo, si quisieran tirarlo encima de la cara de alguien y no darle en los ojos, o en la espalda pero que no caiga en el pelo: que aterricen los pececillos en donde mejor les guste de acuerdo a la dirección.

Estos actos que pueden parecer tan ordinarios, ayudan a empoderarnos sobre nuestra genitalia y nuestro cuerpo en sí.

Sin duda el espejo fue acomodado en las alcobas de moteles y hoteles, en echaderos y en sitios sexuales como nuestro cuarto, como una manera de multiplicar el placer exhibicionista y voyeurista. El equivalente sería ver un poco de pornografía mientras un@ se avienta el coito, pero lo importante del espejo es el recreo del placer.

El espejo, como eco del ego, nos devuelve la realidad. Entonces hay que asumirla, como las posiciones y ensayarlas. Nadie dice que va a ser bonito que ustedes de pronto volteen a ver cómo es en verdad su culo, o cómo lucen abiertas de piernas en pose de revista pimienta. Pero la aceptación del cuerpo y sus asegunes, siempre nos conduce a un mayor control del placer.

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La mayor parte del éxito del fornicio, del coito, de fajar rico, consiste en sentirse bien buenos, y con el espejo pueden tambalearse algunas inseguridades, pero si fornician y sienten mirándose al espejo, liados con su compañeros sexuales, se empodera uno mism@ ante la visión de la corporeidad.

Nuestro cuerpo es el vehículo del fornicio. Hasta en las experiencias tántricas y en el sexo virtual, el cuerpo ejerce la actividad sexual y erótica y es el primer receptor se las sensaciones. Ver las reacciones corporales, gestos, apretamientos, pompeos, empinaciones, caricias y fajes, besos y felaciones frente a la imagen que nos devuelve el espejo, nos ayuda a mejorar el abordaje del sexo.

Masturbarse juntos frente al espejo. Realizar el 69. La posición de perrito. El misionero. Cualquier ejecución que realicen observénla y ensayen cómo quieren verse y desde qué ángulo abordar.

Acomoden a sus parejas de forma en que ustedes vean también lo que más les guste en el espejo, mientras pompean o maman, porque eso también es parte de las porras que uno mismo se echa cuando está forniciando.

Sin duda la gente le pone más galleta a la actividad sexual cuando se mira en el espejo, y mientras más se acomoden a la visión de su cuerpo desnudo ensartado encima de otro, mejor será la experiencia.

No presionen a las personas que no les guste desnudarse a ponerse en posición de rana frente a un espejo, porque puede ser una experiencia intimidatoria. Desnudarse es gradual, porque también quitarse la ropa es parte de la entrega.

Nos vemos en las redes sociales y en www.ivaginaria.wordpress.com

 

 

Otra dimensión: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Hildegard dio las fases del orgasmo antes que Masters & Johnson…

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Santa Hildegarda de los orgasmos

Sé que a algunas monjas coronadas que se relamen sus bigotillos con esta columna, les encantará que les hable de Santa Hildegarda. Esta dama fue “canonizada” por la gente, no propiamente por la gerencia católica, quien la declaró como doctora de la iglesia en 2012, que es como el premio Nobel para las santas y santos. La gente le rendía culto a sus reliquias y a su efigie desde 1244 de forma oficial, casi cincuenta años de su muerte en 1179, ya octogenaria.

Hildegard von Bingen, fue una mujer alemana que ahora es reconocida en el mundo de la sexualidad, la sexología y la diversidad sexual, como una vanguardista e innovadora. Ella nunca fue una santucha polvosa de monasterio rancio: era científica, una líder de su hermanas en hábitos, una filósofa, botánica, médica, una gran conocedora de música (su defensa sobre un asegún que le armaron, fue un tratado de teoría musical…), mostró poderes místicos y proféticos desde niña y era una anatomista un poco extravagante, que perfilaba con mucha empatía y sensibilidad al cuerpo humano.

Esta mujer medieval no era una anatomista que anduviera jurgoneando cadáveres, ni diseccionaba: recordemos que en esos tiempos oscuros la gente moría y se iba a un agujero de tierra, acorde a los ritos cristianos.

Hildegard fue a su modo una precursora de la diversidad sexual, porque no era un secreto su cercanía con Ricardis von Stadis, su asistenta y preferida, quien quizás le ayudó a arribar a las sensaciones de lo que podría ser el orgasmo femenino.

Santa Hildegarda, demuestra su acercamiento a lo divino del orgasmo en versos como: “El alma es besada por Dios en sus regiones más íntimas / Con anhelo interior, la gracia y la bendición son otorgadas / Es un anhelo de asumir el suave yugo de Dios / Es un anhelo de darse uno mismo a la manera de Dios /”. Imagínense si sentía como lo que escribía.

Este sólo es un fragmento de su abundante obra en la cual se notaba una comprensión y empatía con las mujeres: fue una niña dada como diezmo a la iglesia que vivió y murió rodeada de monjas. Su conocimiento de la naturaleza humana y sus pulsiones eróticas, tampoco le eran ajenas, ya que la santa dama sabía cómo se encendían los botones de la lujuria. Como buena teóloga, le adjudicó al diablo, como siempre, la inducción a dicho pecado capital, el más sabroso de los siete.

Como pionera en la sexología describió perfectamente lo que serían las bases de la respuesta sexual humana, las cuales son: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Así opera el acto sexual, explicado desde una perspectiva básica y “oficializados” por los sexólgos William Masters y Virginia Johnson a mediados del siglo pasado.

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Siempre ilustran a Hildegard en el escritorio y escribiendo…de seguro algún malvado machista puso esta en internet oliendo una tonta flor…ash

Santa Hildegarda reconocía tres etapas: el deseo sexual, la potencia sexual y el acto sexual. Más bien atribuidos al hombre y quizás se deba a que las expresiones sexuales del varón son más visibles por la erección y sus emisiones (que se supone ella no conocía), pero en la sucesión de estas tres fases, la abadesa asume que ese cachondeo, se convertía en una intensa alianza de líbidos hirvientes. Planteó la idea de la construcción de un deseo conjunto y activo entre dos.

Pese a las muchísimas gracias, dones y conocimientos de la santa alemana, el claustro la convirtió en una mujer poderosa y sabia, quizás un poco triste después de haber perdido a su querida Ricardis, quien prácticamente le fue arrebatada y trasladada a otro convento. Cuando la alejan de su lado, quizás Hildegard creó algunas de sus mejores obras.

Los méritos de una estrella de rock como Santa Hildegarda se quedan cortos en una sola columna. Para escribir esto me puse a escuchar los grandes éxitos de Hildegard von Bingen (casi literal) en Youtube, y es cuando se comprende su idea del éxtasis y del misticismo en su obra musical, de una forma inquietante y erótica en algunos pasajes. Los teóricos de la música, desde que descubrieron y expusieron la obra musical de la santa en los setenta, aseguran que es precursora del new age y techno, lo cual no es descabellado. Era una mujer del renacimiento en el medioevo.

 

Orgasmo divino: elia.martinez.rodarte@gmail.com

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No a las fracturas de pene haciendo el helicóptero

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¡Helicóptero!

Una cosa lleva a la otra, eso es verdad: les jurito que yo estaba buscando en internet imágenes de estatuillas de penes etruscos, un pueblo antiguo que rendía culto al falo, cuando me entero por casualidad de que la posición de helicóptero en el fornicio, pose muy selecta por su grado de dificultad, obvio, es la causa número uno de fracturas de penes…

En el mundo de las posiciones difíciles para frotar genitalias o para un coito, la del helicóptero maltrata al pene como un vendaval a una rama. La mujer (o bato) se monta encima del hombre, cara a cara, que está acostado de espaldas y con las piernas extendidas y juntas. Lo conducente es, primero, lubricar bien, con nuestros jugos naturales si son abundosos o con lubricante a base de agua. Luego hay que dar unos cuantos pompeos para que las genitalias se reconozcan y se humedezcan. Cuando ya tengan un cierto ritmo empujen un poco la cadera hacia la del señor del pene y giren una pierna hacia afuera, eleven la cadera y sentón. Leve. Usen las manos para sostenerse y que el tipo las ayude a virar. Entonces así se van: cadera, sentón gira pierna, y como si fueran una araña que está buscando sus zapatos, den la vuelta completa, sin que se salga el pene del culo o de la vagina en donde esté inserto. Esa es la gracia de la posición de  helicóptero: mantenerse como cabrito.

Usen las piernas para girar y el peso se lo cargan (leve) al que tienen dentro de ustedes. Los beneficios de hacer el helicóptero son diversos, porque es una posición en la que la vagina, el pene, la vulva y hasta el culo, obtienen sensaciones placenteras.

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Además hay que tomar en cuenta que al girar la vagina como un guante puesta en el pene erecto, todo se toca y se acaricia en los dentros, entonces es difícil que al dar la vuelta no se encuentre un punto idóneo para la fricción.

Y lo mejor de la posición del helicóptero, además de que te toca los dentros como si estuviera un gigante metiendo un dedo, es que es muy divertida de intentar. Es una posición, llenadora, o reventadora, asegún.

Antes de meterse al malabarismo recuerden que las posiciones controversiales no se realizan en drogas, ni alcoholizados, ni tampoco si se encuentran bajo tratamiento médico o están lastimados. Esta es una de ellas. Y también es una postura en la que la fuerza de las piernas es fundamental, como pilares, como movimiento y como aguante para quién esté arriba.

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En este caso quien lleva el poder y la fuerza es la mujer u hombre que se sienten encima y que van a manejar el helicóptero. Digo bato también, porque el helicóptero anal es una de esas faenas predilectas de los que no paran de meterse cris por el orto, para durar y durar…

Como quizás haya quién no quiera darle la vuelta entera al helicóptero, pueden dar un medio giro, devolverse, sin perder el coito y la fricción de los genitales. Empujen hacia atrás y hacia adelante en cada giro, para que sientan las diferentes profundidades a las que llega el falo, porque en cada girada hay un acomodo genital.

No deben girar en helicóptero como si estuviesen posesos: dénle perreo al asunto y aprovechen. Es perfecto tomarse de las manos y girar, que ayuden girando tu cadera como a un barrilito, estacionarse en donde se siente rico. El problema de las instrucciones para ejecutar posturas sexuales, es que siempre se refieren al coito y a la posición. ¿Cómo llegaron a ensartarse en una posición que se llama como una aeronave? Pues así venía en la foto…

Si apoyan bien su peso y se ayudan en pareja coital, no debe haber ninguna fractura de pene o cualquier lastimadura en la genitalia. Aunque estos accidentes peneanos son dolorosos y horribles, los hombres salen bien librados. Ya ni les cuento cómo quedarían en la de acordeón invertido, ash.

La del helicóptero, la ubicaría como una de esas posiciones para esas tardes moteleras o miércoles por la mañana, cuando un@ se toma sus horas para andar encuerad@ viendo porno y ensayar nuevas maromas.

Hélices: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Nuestros polis potables y las urgencia de uniforme

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El piropo a un hombre no es acoso

Los piropos que las mujeres emiten hacia los hombres no son iguales a los que ellos nos tiran. Ni aunque sea un montón de lobas encimosas sobres de un chavito virgíneo, el significado y la carga de violencia de un tipo de piropo respecto al otro, es distinto.

Un policía de una corporación mexa, presuntamente, porque ya saben que en internet hay cada falsedad, publicó una foto en la cual y según la opinión de muchas, se ve guapísimo, mamey, sabroso y untable. Para mí, más bien, parece de esos batos bien producidos que en cualquier momento se van a arrancar los pantalones y van a quedar en una perturbadora tanga plateada. Es decir, parece stripper.

Las reacciones a la foto del policía fueron demasiado divertidas: hubo comentarios de diversos grados de obscenidad que sonaban a urgencia, porque en cada uno se presentaba una alternativa a violar al policía sabroso.

Suena horrible la palabra violación en cualquier ámbito, pero éstas santas mujeres, sólo están replicando siglos y siglos de batos vociferándo frente a las nalgas y los senos de las morras. Es como cuando los chavitos empiezan a tener desplantes machines que los empoderan: es igual con las brujeres. Creen que por chulearle el culo a un señor, o por gritarle de que tiene buen trozo, o por acosarlo solicitándole que le dé para llevar, adquieren un poder con el que no nacieron: el que le adjudicamos al hombre.

Consideramos que por imitación o dominación adquiriremos un poder que no necesitamos: ¿para qué chuleamos al viejo con piropos si va a aflojar bajo cualesquiera que sean las circunstancias? No sé si es mi imaginación o la contaminación que ha hecho sus estragos, pero casi ningún hombre se niega al vaso de agua de alguien que se le ofrece.

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Entonces los varones al ser piropeados, algunos de ellos, creen que reciben algo merecido y el resto, se saca de onda porque no se cree suficientemente guapo como para que alguien le grite que qué buenas nalgas.

No recuerdo haber piropeado a ningún hombre, quizás a algún stripper ya estando yo en ebrio completo, pero tampoco. Esa sería una circunstancia justa para echarle flores a un tipo, e incluso en algunos surte efecto motivador y quizás hasta se empinen más. Otro escenario para un piropo hacia un bato es el de la lucha libre, en donde por supuesto, nos goloseamos de los ídolos del pancracio. (Gracias diositas por permitirme escribir “del pancracio…”, me encantan las luchas).

Pero temo decir querido público, que en ninguno de los casos mencionados se asume como acoso o violencia el piropeo, porque es parte incluso de los usos y costumbres de esas actividades, como lo es en el table dance cuando se desbocan los morros calentureados.

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Tampoco con el policía, a quien lo menos que le dijeron fue “al pan pan y al vino vino y mi culo a tu pepino”. Eran mujeres actuando machines, pero debo reconocer que la originalidad en los piropos fue lo que al final se robó la atención.

De giros calenturientos, urgidos, de “vamos a hacer el 69”, “…el 71” y hasta el “42: yo en cuatro y tú en dos…”, los presuntos piropos al policía abrieron otro debate sobre el acoso y la violencia.

La violencia de género es la que nos indica porque no son los mismos piropos: un hombre al piropear a una mujer en la calle, la intimida y la asusta, situación que no sucede cuando una mujer piropea a un hombre. Las mujeres piropean por imitación, como un primate que aprende las mismas mañas de sus pares humanos, y los hombres piropean por territorialidad y porque creen que deben mear alrededor de todas las que puedan, y con las que no pueden.

Ash, me reí demasiado de los comentarios y evidencia la buena salud del albur y lo acomodaticio que es para las necesidades femeninas, con aquellas señoras intentando “enmelchocharle la peluda” y con ganas de ser caguamas para “que me empines todo el día”. Suena mucho a justificar las obscenidades de las miembras de mi especie, pero un poco de sabroseo al culo de un señor vestido de uniforme, nunca afectó a nadie.

 

Firmes: elia.martinez.rodarte@gmail.com

Mi piropo… xD